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Adrián Gómez opina sobre la película High Life

Ciencia Ficción de altos vuelos, la directora francesa Claire Denys (Una mujer en Africa) nos trae este relato espacial sobrio, sangrante (literalmente) y sorprendente. Contando con el concurso del anodino Robert Pattinson (Cosmopolis, Life), estigmatizado de por vida por las execrables sagas Potterescas y Crepusculares; aquí encarna a un presidiario seleccionado para un experimento sideral de inseminación, coordinado por una doctora , obsesionada y desmelenada (también literalmente, a retener la escena de la sesión de autosatisfacción sexual, que ríanse ustedes del orgasmatron de Barbarella) encarnada magistralmente por la magnética ( como su rol en el film, sin spoilers) Juliette Binoche (Herida, El paciente inglés), que aquí se redime del ridículo que hizo en Ghost in The Shell.

Le acompañan en el navío estelar, entre otros, André Benjamin (Be cool, Cuatro hermanos), miembro del grupo musical Outlkast, en un viaje (¿sin retorno?) mixto entre criminales, donde la fecundidad, la violencia, el desasosiego, los demonios, la lujuria y la abstinencia sexual van de la mano. Narrada a tres tiempos, de manera sórdida pero adictiva, la brutalidad y el riesgo de parte de su metraje impacta sobremanera, no, tratándose para nada de un producto acomodaticio, al estilo de otras impopulares perlas del género reciente, como vienen a ser las excelentes La Fuente de la vida, El Atlas de las nubes, Moon, La cura del bienestar o La llegada. Se aplaude la valentía y el realismo impregnado en una historia de colonización del espacio…interior, y de la fertilización de sentimientos reprimidos, y esterilización de impulsos primigenios.

La mejor y más original película para visionar en el día del padre; fresca y contundente, audaz e inteligente.

 

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