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Adrián Gómez opina sobre la película X-Men: Dark Phoenix

Simon Kinberg, guionista desde el inicio de la saga mutante, sustituye a Bryan Singer (inmerso en litigios, imagino, por la expulsión de la realización de la mediocre Bohemian Rhapsody) en la dirección de esta entrega, séptima de la franquicia. Se trata de volver a adaptar la enorme saga de Chris Claremont y John Byrne, clásico de finales de los 70, que ya se intentó plasmar en fallida tercera entrega La decisión final.

Antes de nada, aclarar para ciertos críticos sabihondos, que Stan Lee invento a la telekinetica Jean Grey diez años antes de que Stephen King escribiera Carrie. Una vez aclarado esto, señalamos que esta película seria la cuarta en la cronología tras el reinicio en First Class.

Estamos en la década de los 90 (también reivindicada en Capitana Marvel) y la patrulla X (si… ¿qué pasa? Soy de la generación Vértice) sufre un accidente tras un rescate espacial, desencadenando el leit motiv de la trama, que le otorga la ocasión de lucirse a la bellísima Sophie Turner (Juego de Tronos). Entra en juego la también guapísima Jessica Chastain (Interstellar, Marte), excelente actriz por otra parte, ambicionando los poderes recién adquiridos por la joven mutie, que ríanse ustedes de Thanos (Bueno, yo me estoy riendo del monigote digital sin alma ni profundidad desde Infinity War).

También reaparece Jessica Lawrence (Juegos del Hambre, Gorrion Rojo) para seguir alegrando la vista y protagonista, además, de una de las frases Me too tan en boga últimamente («Últimamente las mujeres son las que salvan a los hombres, así que deberías cambiar el nombre del grupo a X Women, Charles «). Pero no solo de beldades se nutre de este filme. Con una horrenda partitura del sobrevalorado Hans Zimmer y un trepidante guion que es puro comic, sin abusar del CGI, y con unos excelentes intérpretes en estado de gracia, donde destacan los habituales James Mcavoy (Multiple, Glass) Michael Fassbender (Shame, Prometheus ) y Nicholas Hoult (Fury Road, Tolkien ) este Dark Phoenix supera con creces, en modestia, planteamiento y satisfacción, al díptico azote de Los Vengadores infinitos finjueguistas, porque, aparte de eclipsarlo en un cast más profesional (si exceptuamos al gran Cumberbatch en el desaguisado cósmico marveliano ), la película de Fox está mejor dirigida y narrada.

Solo el vertiginoso clímax en el tren aniquila cualquier pomposidad mal montada de embriaguez digital. El sentido de la aventura esta ahí, y el drama de los personajes se siente. Dentro de su mutación, vemos a seres humanos que no se creen superhéroes, con un tono adulto y una sobriedad, que no se atisba por ningún lado en el humor ramplón e infantil de Marvel Disney. Sin ser exactamente fiel al comic, cumple medianamente su cometido de entretener sin tratarnos como tontos palomiteros.

Esperemos que la omnipotencia de la casa del ratón Mickey (mucho más poderosa, temible, imperialista y mezquina que la de Thanos y Fenix juntos) levante el boicot sobre el estreno de la aplazadisima y vetada Nuevos Mutantes, que me ha entrado ganas de ver tras los estimulantes resultados de esta.

Recomendadisima, y mucho más lograda que Apocalipsis. Para los fans comiqueros, atención al cameo de Chris Claremont y sobre todo, la aparición de cierta mutante discotequera, capaz de convertir el sonido en luz, que hará las delicias de los seguidores más veteranos, sobre todo en cuanto a maquillaje e indumentaria se refiere. Divertimento sin pretensiones.

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