Cine & TelevisiónCríticas de cine & series

Crítica de la película «La peor persona del mundo». Por Carmen Pérez

Título: La peor persona del mundo 

Año: 2021

Duración: 121 min.

País:  Noruega

Dirección: Joachim Trier

Guión: Joachim Trier, Eskil Vogt

Música: Ola Fløttum

Reparto: Renate Reinsve, Anders Danielsen Lie, Herbert Nordrum, Silje

Storstein, Maria Grazia Di Meo, Hans Olav Brenner, Marianne Krogh, Vidar

Sandem, Sofia Schandy Bloch, Anna Dworak, Eia Skjønsberg, Thea Stabell, Mina Elise Friesl-Stavdal.

Que levanten la mano aquellas personas que no han tomado alguna decisión importante en su vida, seguro que la mayoría por no decir que nadie la ha levantado. Es más, estoy convencida que esas decisiones han tenido que ver con alguna relación, sea la que sea, familiar, laboral o vinculada al amor. 

Esto es lo que le pasa a la protagonista de la película, Julie, con ese título tan sugerente que no sé si por la traducción se quedó de esa manera, o ha sido intencionado para buscar lo que consigue, plantearnos el por qué la catalogan de esa manera, cuando no ha cometido ninguna falta grave que nos lleve, por ejemplo, al abismo de la posibilidad de una Guerra Mundial, tan presente en la actualidad. Una protagonista marcada por la relación que tuvo y tiene con su padre, que importante es la infancia y nuestras relaciones en esa etapa, para forjar luego un futuro más prometedor con los demás. 

Julie lo único que hace es avanzar como puede a pesar de sus inseguridades en una sociedad que, no le permite tener inquietudes y tomar decisiones diferentes a las esperadas para su edad. Durante todo el metraje vemos cómo se siente presionada por las personas que la rodean, constantemente le preguntan a qué se dedica, o si ya tiene previsto ser madre. Procura vivir intensamente hasta que encuentra a Askel, un novelista gráfico mayor que ella, que, si profundizamos más desde un plano psicológico, se puede entender como la figura paterna que le da esa seguridad que le negó su padre, un padre ausente que siempre encuentra alguna excusa para no ir a visitarla. 

Es una película que nos muestra el vacío de la existencia, como vales por lo que tienes, por el trabajo que desempeñas y como te relaciones con los demás, sin prestar atención a lo que eres como ser humano, lo que en la actualidad es nuestro pan de cada día, es el reflejo de lo que vemos en las redes sociales, donde se muestra sólo una parte de ella, evaporando lo palpable, y lo tangible. De esto último se habla mucho en el metraje, de la nostalgia de una época en la que nos rodeaban los objetos, donde nos ilusionaba comprar un libro, un disco o un DVD, ese ritual que a muchos nos hacía feliz, no necesitábamos mucho más.

Este sentimiento se expresa de una manera magistral en una secuencia en la que, si no tienes un corazón de piedra, te emocionas, es cuando Askel, que se encuentra en una situación delicada de su existencia, le dice a Julie que, ahora sólo le consuela pensar en esos momentos, en los que su mente estaba ocupada decidiendo los cómics que quería comprar o la música que seguía en aquel entonces. Si continuamos por este camino, y haciendo honor a la que seguro ocupará un lugar importante en el ranking de películas románticas, otro momento memorable es cuando están en el coche y él, Askel, le dice, que le daba igual su trayectoria profesional, de cómo lo recordarían por su trabajo o de lo material, que ahora él sólo quería estar y vivir con ella. Son dos escenas llenas de profundidad, donde con unos diálogos sencillos y cercanos, los dos protagonistas nos lanzan un mensaje vital. Hacen referencia al miedo, de los bloqueos mentales que no nos permiten muchas veces decir lo que sentimos en el momento adecuado, que nos hacen preocuparnos en exceso de cosas que en el fondo no son tan importantes, hasta que ocurre algo que provoca una sacudida en nuestra vida como le pasa a él, y nos despierta del letargo para darnos cuenta del tiempo perdido. “Me arrepiento de no decirte lo especial que eras” Askel 

Se acercan los Oscar y muchas plataformas nos están dando la posibilidad de revisar algunos clásicos, es lo que hice anoche antes de escribir esta reseña, de todas las opciones y por mi estado de ánimo, me decliné por “Desayuno con diamantes” (Blake Edwards, 1961), película que cuenta con una protagonista que tiene cierto paralelismo con Julie, mujeres insatisfechas con su vida que buscan siempre más de lo que la vida les ofrece, y que luego salen huyendo si está les da la oportunidad de algo bueno, sienten que no se lo merecen, por su pasado. 

Es una película fácil de seguir, dividida en capítulos, donde el director se arriesga y nos despierta la inquietud de esperar cualquier cosa en el transcurso del largometraje, motivado este sentimiento por varias secuencias, aquí sólo las menciono con un título aparente inventado, para tampoco destaparles mucho más de lo que se pueden encontrar en esta cinta, está “el momento café”, todo se paraliza a su alrededor, pero Julie no quiere hacerlo quiere avanzar, e

“instante alucinógeno”, frustraciones y miedos salen a relucir, su inconsciente le lanza señales de humo. 

La protagonista no tarda en darse cuenta que algo no va bien y esto se materializa en una fiesta en la que se cuela, y donde se encuentra con quien será su compañero en otro tramo de su vida, el encantador Eivind, un encuentro que nos deja momentos nada convencionales en películas románticas de este calibre, un ejemplo de ello, es la secuencia en el que se observan mientras por turnos orinan en el baño. No digamos como juega el director en este punto de la película con nuestra curiosidad y expectativas, para que al final no ocurra lo que esperábamos y nos quedemos con las ganas, como le pasa a Eivind y Julie, dejando tras de sí una tensión sexual no resuelta. 

Me pasó una cosa con esta película, que, a pesar de tener un guion sencillo, y no descubrir nada nuevo que no hayamos visto en este tipo de películas consigue atraparme y engatusarme hasta el final, y esto no es por otra cosa, que, por obra y gracia de su director, Joachim Trier,  que nos ofrece una película fácil de seguir, dividida por capítulos y con voz en off, como si asistiéramos a la lectura de una novela con una carga visual muy cuidada, por lo perfilados que están los diálogos, no hay prisa, se deleita en cada escena, momento por ejemplo, a cámara lenta, en el que se pasan el humo del cigarrillo de una boca a otra, quiere desarrollar de la manera más real posible lo que se daría en situaciones similares, quiere que reflexionemos, incluso que despertemos, son muchos los mensajes que nos llegan, entre ellos, uno muy importante, el de no castigarnos por las decisiones que tomamos, aunque nos equivoquemos, todo es un aprendizaje. Queda esto último claro, cuando Arkiel le dice a Julie, “sabes el daño que estás causando” o “qué crees que vas a conseguir fuera que ya no tengas aquí”. Julie le responde, que si lo sabe y que quizás más adelante vuelvan a coincidir. Otro mensaje, y el más importante es que no tengamos miedo a vivir y a decir lo que sentimos en cada momento, porque la vida no es para siempre. 

Analizando los escenarios que se recogen en “La peor persona del mundo”, vemos como se incluyen recursos frecuentes en películas de esta categoría, mostrados de una forma más real y cotidiana, por ejemplo la librería donde trabaja Julie, no hace falta indagar mucho para encontrar estos elementos en otros filmes románticos anteriores, incluso en la mencionada en esta reseña “Desayuno con Diamantes”, aquí vemos el interior de la Librería Pública de Nueva York,  donde Audrey Hepburn contesta como sólo podría hacer ella a una declaración de amor con un “gracias”, en el largometraje que nos ocupa también es en el interior de la librería donde ocurre un momento importante, no es una declaración de amor al estilo cine clásico, lo es más al modo terrenal, una situación que nos podría contar nuestra mejor amiga o amigo, Julie se encuentra con el joven Eivind, a quien despidió la mañana posterior a la fiesta, sin querer saber nada más de él  y evitar de esa manera cualquier tipo de tentación, pues allí estaba, frente a ella, con una sencillez pasmosa, el director logra hacernos vibrar como a la protagonista, los nervios florecen y nos trasmite las ganas de que se encuentren, regalándonos una escena romántica con mayúsculas, cuando parece que todo queda en ese encuentro,… y hasta aquí puedo escribir. Les animo a que la visualicen, y quien sabe, conseguir con la magia del cine, que aquellos que han perdido la esperanza en el amor, vuelvan a sentir. Si continuamos con las librerías, les podría mencionar alguna más, como “Tienes un email” (Nora Ephron, 1998) o “Notting Hill” (Roger Michell, 1999), “Olvídate de mí¨ (Michel Gondry, 2004), “Antes del atardecer” (Richard Linklater, 2004) entre otras. Más elementos que nos encontramos, las cafeterías, en una trabaja Eivind, allí es otro lugar de encuentro importante para los dos personajes, y es que el café suele tener un papel protagonista en estos metrajes, como si de una pócima del amor se tratase, mencionamos por ejemplo, el Café de los 2

Molinos en pleno barrio de Montmartre, en la película “Amelie” (Jean Pierre Jeunet, 2001) o la cafetería llamada Serendipity, que se encuentra en 225 E 60th St en Nueva York, la película tiene el mismo nombre, dirigida por Peter Chelson y estrenada en 2001. Podría enumerar más elementos, aunque me quedo en uno más, el banco al amanecer, les aliento a que, si encuentran alguno más, que lo hay, y si les apetece, lo plasmen en los comentarios de esta publicación. Me quedo con el banco, como final de este análisis de recursos, porque visualiza una de mis escenas favoritas del musical estadounidense, “La La Land” estrenado en 2016 y dirigida por Damien Chazelle. 

No quiero dejar de pasar, eso sí, de puntillas, por una secuencia que estoy convencida no se rodó por casualidad, una secuencia que nos hace sentir incomodos y que a pesar de lo que se comenta en ella, tenga o no razón, nos hace empatizar con el ilustrador gráfico, Arkiel. Es la entrevista que le hacen dos periodistas en la radio, sobre el contenido de sus novelas. 

Con esta película su director consigue dos nominaciones a los Oscar, a mejor guion original y película internacional. Como dato curioso hablar de su protagonista, Renate Reinsve, (Solbergelva, 1987), quien en los últimos meses ha dado a conocer que ha estado a punto de abandonar su carrera como actriz, cansada de personajes planos, hasta que recibió por parte de Trier este papel. Afortunadamente para ella y para nosotros, aceptó el papel, un papel que se nota ha disfrutado, sólo basta ver como se deleita en muchas de las secuencias, entre ellas, una vital, porque muestra la transición del deseo de una vida diferente, se trata de la escena donde abandona la fiesta de presentación de la novela gráfica de Arkiel, antes de conocer a Eivind, mientras camina se detiene y mira hacia el horizonte, en ese momento sólo nos basta mirar el rostro de la actriz para saber que algo ha cambiado. 

Renate consigue que nos creamos su personaje, nos transmite de una manera natural lo que quiere expresar en cada momento, sentimos como si una amiga nos estuviera contando su situación sentimental en tiempos de crisis.

Por esto, es que le valió a Reinsve  el premio a la mejor actriz en Cannes, no pasó desapercibida.

Del resto del reparto, sólo añadir que consiguen caminar con la protagonista sin entorpecer su interpretación, atrapándonos, como si estuviéramos viviendo algo corriente del día a día, cercano de tu propia vida, la de un vecino/a o de un amigo/a. 

What's your reaction?

Excited
0
Happy
4
In Love
2
Not Sure
0
Silly
0

You may also like