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Humor desde el más allá. Por Fran Torrea

¿Y si pudiéramos saber que sienten los espíritus? Saber que les preocupa o altera, saber como es su día a día. Convertirnos en testigos indiscretos de sus andanzas y de sus travesuras.

Espíritus que están entre el más allá y él más acá porque no terminan de dar el paso hacia esa otra dimensión, que les espera con una luz blanca cegadora al final del túnel.

Que digo yo, que el portero del lugar nos tendrá preparadas unas buenas gafas de sol provistas de cristales con protección UV, porque sería una pena ascender al paraíso y no enterarte de nada de lo que te rodea.

El cine se ha encargado durante décadas de mostrarnos a su modo, el más allá y a sus habitantes. Quien no recuerda a Nicole Kidman en Los otros, Bruce Willis en El sexto Sentido o Richard Dreyfuss en Always (esta última para muy cinéfilos).

Historias trágicas o impactantes que buscan ayudarnos a imaginar que podría pasar después de fallecer, estirar la pata o irse al otro barrio. Aunque algunos no tendremos ni donde caernos muerto, tal y como pinta el futuro panorama social.

Hace pocos días he podido disfrutar desde mi butaca, en mi querido teatro Leal en La Laguna, de un espectáculo teatral que se diferencia a las películas que recién nombre, porque en este caso su protagonista si sabe lo que es estar en “el otro lado” y encima en dos ocasiones

Mi admirado actor y humorista Santi Rodríguez, el frutero más famoso de toda España gracias a su personaje en la serie 7 vidas. Un artista que forma parte del elenco de cómicos que han pasado por El club de la comedia, así como también colaborador del late night La noche… con Fuentes y cía, para su desgracia ha sufrido varios momentos críticos en cuanto a problemas de salud en su vida.

Situaciones que le hicieron cambiar el enfoque de su realidad, momentos duros que él reconvirtió en espectáculos teatrales, el primero titulado “Infarto, no vayas hacia la luz” y “Espíritu, una comedia para morirse de risa” este última que tuve la suerte de poder disfrutar recientemente.

Todos conocemos la frase “lo que no te mata, te hace más fuerte”, pues en el caso de Santi Rodríguez “lo que no te mata, te empuja a crear nuevos espectáculos, creando humor de una situación que a más de uno nos dejaría bloqueados y traumatizados.

En esta ocasión nuestro querido actor nos simboliza ese paso al más allá como si de una mudanza se tratase, tenemos que abandonar nuestra residencia habitual, recoger todo y poner rumbo a esa otra dimensión que a muchos se nos antoja idílica y poética. Pero en este caso el inquilino que debe de abandonar el hogar no es consciente de que está muerto, de momento, porque a lo largo del espectáculo muchos detalles le irán convenciendo de que algo extraño está pasando.

Con este planteamiento, Santi Rodríguez enlaza una continua serie de bromas, chistes y situaciones absurdas que no dejaran de provocarnos la risa y muchas carcajadas. Con el añadido de la participación de varios personajes: una vecina octogenaria entrañable y la famosa niña de la curva, que suman en matices y comicidad al conjunto del montaje que se nos presenta en escena.

Un texto teatral lleno de ironía, sarcasmo y humor negro que Santi se echa al hombro como único protagonista del montaje, bueno, también está acompañado por una inteligencia artificial que a veces más que ayudar complicara por momentos su “mudanza”.

Santi Rodríguez, aparte de ser un gran profesional, es una persona que con el paso del tiempo y sus múltiples participaciones en todo tipo de shows televisivos: comedia, imitaciones, siendo hipnotizado, cantando, ha logrado tener un espacio reservado en nuestros corazones. Hay artistas que consiguen traspasar la pantalla con su cercanía y naturalidad, actores que uno desearía tener de vecino para compartir algún café, entrañables que se hacen querer.

Quizás Santi no dispone de 7 vidas como dicen que tiene los gatos, pero gracias a Dios ha podido disfrutar hasta el día de hoy de varias prórrogas, porque no imaginar que puede llegar a una tanda de penaltis e incluso ganarla y seguir en este plano existencial. Se nota que escribo este artículo en pleno mundial de Qatar, disculpen.

Con este montaje teatral y desde él más acá, sentados en nuestras butacas, podemos descubrir la receta o fórmula perfecta para vencer nuestros miedos e inseguridades existenciales, la solución la tenemos frente a nuestras narices: tomarnos la vida con humor.

¿Cuántas veces damos demasiada importancia a cosas que no lo tienen?, ¿cuántas veces un simple problema médico saca de nosotros ese hipocondríaco que llevamos oculto?, ¿cuánta importancia le damos a lo material?. Y sobre todo, ¿cuánto tiempo perdemos pensando en nuestro pasado y presagiando tontamente el futuro?. Todo ello para perdernos lo más importante: vivir el presente.

Decía el escritor ruso Fiodor Dostoievski que el secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive. Nuestro querido Santi, después de pasar por varios eventos lucidos tras oír ese pitido continuo del monitor cardíaco, seguramente se replanteó muchas cosas sobre su vida. Algo que nos ha compartido de manera divertida con sus últimos montajes.

Y pienso que ojala nunca tengamos que pasar por ese tipo de experiencias, que valoremos en todo lo posible nuestros día a día, aunque nos arrastre la rutina, aunque nos sintamos nublados por dentro.

Y porque no, tomarnos ciertas situaciones, ciertos problemas a risa, echarle unas gotas de humor acompañado de mucha positividad. No vale la pena calentarte por ese conductor que se comporta de manera despótica o impacientarte con esa señora mayor que cuenta céntimos con mucha calma en la cola del supermercado. Mirar menos las pantallas, levantar la vista y contemplar la vida, esa vida que se nos escapa de manera acelerada. Tumbarte en la cama cada noche sintiendo que ha valido la pena ese día que acaba y que afortunadamente mañana se levantara de nuevo el telón.

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