BloggersmaníaDesde mi butaca

La agridulce belleza artística de una dura realidad

Aquí os presento un montón de palabras juntas, de palabras escogidas según las sentía, según las encontraba. Frases y frases mezcladas con ideas, pensamientos, un texto personal que nace de una experiencia sonora, visual y emocional. La experiencia de participar como espectador en un espectáculo. Podéis, si queréis, imaginarme escribiendo sobre una vieja libreta y como único habitante en un patio de butacas de cualquier teatro, en cualquier ciudad. Un buen rato después de quedarme solo, sintiendo el vació de este gran espacio, cuando solo suenan las pisadas, los ruidos de los técnicos que ya están empezando a recoger todo su material.

El encanto que para mi también tiene este micro universo, este hábitat del arte que es el escenario, ahora vació enfrente de mi, también me encandila, también me atrapa. Si esas tablas hablaran, si esas bambalinas nos contaran tantos momentos vividos contemplando y sintiendo sobre ellas a tantos artistas a tanta expresión humana echa arte ¿Y como me siento? quizás os preguntareis. Pues estoy intentando ordenar, filtrar y grabar para siempre en este montón de hojas en blanco que poseo todo lo que he sentido, vivido y pensado tras ver en escena ‘Anónimas’.

Un regalo agridulce y envenenado creado por un magnífico grupo artístico conformado por la actriz Carmen Hernández, el guitarrista Mon Cabrera y Marta Solís a la voz y a las canciones.

El guión de ‘Anónimas’ ha sido escrito por la actriz y productora Sofía M. Privitera y las canciones son originales de Marta Solís y Lorenzo Suárez. Los arreglos musicales han corrido a cargo de Mon Cabrera, músico habitual de la escena canaria. El encargado del diseño de luces y sonido es Diego Dacio y la distribución, de Multitrack.

‘Anónimas’ ha conseguido atraparme desde el primer minuto en una espiral trazada sobre el escenario con fina arena blanca, con el vibrar solitario de las cuerdas de una guitarra, con una cruda historia contada por una gran actriz y con unas canciones nacidas de una garganta femenina que no nacen de unas cuerdas vocales, salen para vivir desde la mismísima alma, desde el propio corazón de la cantante, de Marta.

A través de canciones, música y palabras me han contado la historia de una cantante y un pintor. Una triste y dura historia que desgraciadamente no es ficción, desgraciadamente forma parte de nuestra realidad, para mal de muchas es la eterna historia repetida de violencia de género, de  violencia machista.

En este relato, en esta historia, pocas cosas caben en el escenario aunque la historia que se nos cuenta sea tan grande en dolor y a la vez tan grande en belleza. Para mi fue eso, una mezcla por momentos incómoda de admiración por tanto arte regalado al respetable y de indignación por ser testigo mudo, observador incrédulo, de la capacidad humana de inferir tanto dolor y por la incapacidad masculina de controlar ese pequeño monstruo latente, quizás dormido, que creo que muchas personas de mi mismo género tienen dentro.

Y este que les escribe aparte de expresar lo mejor que puede mis sensaciones sobre este montaje teatral, también aprovecha la ocasión para confesar públicamente que yo también me deje llevar en una ocasión de mi vida pasada por ese monstruo interno, por mi propio Mr. Hyde, que jamás sospeche que habitaba en mí, que parecía que dormía pero que con un ojo semiabierto esperaba, quizás impaciente, poder aparecer, poder poseerme.

No fueron, si mal no recuerdo, ni diez segundos el tiempo que esa sombra oscura se apodero de mi.

Sentí como mi torso se tensaba por completo, como mi mandíbula se apretaba, como mis manos agarraban fuertemente los hombros de mi pareja, atrapándola sin dejarla escapatoria, para luego lanzarla contra la pared. En ese instante pude ver en su mirada, empañada de lágrimas, el más fiel reflejo del miedo, del terror. Entonces algo hizo clic en mi. Y automáticamente, como un bendito resorte que quien sabe que fuerza o qué energía activa, retrocedí varios pasos hasta llegar a un rincón del salón y me derrumbe.

Encogido, arrinconado, deseando que la tierra tuviera la capacidad de tragarme, lleve mis manos a la cara para ocultar mi rostro invadido de vergüenza y empecé a llorar, un tipo de llanto totalmente desconocido por mi, un llanto mezcla de decepción por el dolor infligido y de dolor interno por descubrir amargamente esa parte que vive en mi. Un llanto que me costó bastante rato parar pero que dejó marca por mucho tiempo en mi ser.

Yo tuve la capacidad en ese momento de mi vida de acotar, de encerrar ese animal irracional que forma parte de mi humanidad. Disculpen este inciso tan personal, pero creo que contar esta vivencia  pasada encaja con el tema principal de este artículo.

Cuántas veces muchos de nosotros en la tele o tal vez a través de un programa de radio, conocimos una historia de maltrato, un relato lleno de celos, posesión, manipulación, humillación. Y como cada cierto tiempo nos llega la noticia de una nueva víctima de violencia de género en nuestro país. En lo que va de año ya son, creó, treinta y ocho mujeres. Ni esta maldita pandemia nos da tregua en ese sentido. Lo malo de todo es que parece que se ha convertido en algo normal, se hicieron frecuentes este tipo de informaciones y lo malo también es que nos volvemos mas y mas insensibles a este grave problema de nuestra sociedad, cumplimos con el minuto de silencio correspondiente y seguimos con nuestra vida, el día a día sigue avanzando sin más.

‘Anónimas’ nos aparta de lo cotidiano, nos desvincula de ese patrón de memoria de seis segundos que nos tiene convertidos en simples espectadores de la realidad que nos rodea, sin que apenas nada nos afecte, sin que apenas nada tenga importancia. Pues desgraciadamente nos estamos volviendo más insensibles.

‘Anónimas’ nos da una bofetada de realidad, nos muestra sin tapujos el problema del maltrato, pero teniendo el detalle y la delicadeza, de suministrarnos mientras un bálsamo de belleza y de creatividad artística que compensa, que equilibra emocionalmente el drama que presenciamos.

Que locura de mundo, que locura de humanidad pensaba solo en el patio de butacas, como somos capaces de crear tanta hermosura, ser capaces a través de la música, las canciones, las palabras, de lograr arrancar lágrimas de emoción y a la vez hacernos llorar el alma ante tanta maldad humana.

Este montaje teatral quedará bien guardado en mi memoria, seguro que por mucho tiempo, como digno ejemplo de que a través de la cultura, a través de las artes escénicas se pueden contar y denunciar realidades sociales sin abusar del dramatismo, pero sin perder toda la fuerza y la importancia de lo que se denuncia.

Aparte de felicitar a todo el equipo de esta producción, quiero dedicar unas palabras a sus protagonistas. A Carmen Hernandez agradecerle su interpretación, darle las gracias por aceptar el reto de vestirse con un traje blanco y puro de cara al espectador, pero realmente llevar una vestimenta interna tan llena de dolor y sufrimiento. Gracias.

A Marta Solis, una gran artista que desde la distancia de las redes sociales siento tan cercana, para mi ha sido todo un acontecimiento poder oírte cantar en vivo, poder verte flotar sobre el escenario, poder sentir la caricia dulce y calidad de tu voz en mi persona, en mi alma. Gracias.

Y a Sofia Privitera, gracias por esa maravillosa cualidad de juntar palabras que tienes. Por ese arte de contar historias, de reflejar situaciones, personas y sentimientos. Por dar voz a tantas que sufren y siguen sufriendo por tantos. Un texto tuyo sobre esta temática tiene el doble de valor que millones y millones de minutos de silencio.

Artículo de Francisco Torrea, responsable de Canarias de cine y El Telón de Canarias.

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