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Series de Cuarentena: Vinyl. Por Adrián Gómez

Esta semana en series para la cuarentena, hemos querido recordar esta producción de 2016, que se edita esta semana en Blu Ray y DVD. Aprovechamos la efeméride y recuperamos esta creación a tres bandas de Martín Scorcese, Mick Jagger y Terence Winter

De sobras es conocido que el autor italoamericano, además de ser un cinéfilo empedernido, es un melómano incurable. Su filmografía está salpicada de buena música en sus soundtracks (Tarantino no inventó la pólvora) y su serie de rockumentales habla por sí sola: Bob Dylan (No Direction Home, Rolling Thunder Revue), George Harrison (Living in the Material World), o los conciertos filmados de The Band en su despedida de 1976 (The Last Waltz) o los Rolling Stones en el Beacon Theatre en 2016 (Shine a Light).

Scorcese siempre ha acariciado dos proyectos; llevar a la pantalla la historia del clan Sinatra, y plasmar la vida de los Stones en un largometraje de ficción. Ambos duermen el sueño de los justos. Pero he aquí que su amistad con Jagger, impulsa a este a presentar una propuesta que profundice en los entresijos de la industria discográfica en los 70. Es decir, cuando el rock dominaba el planeta a nivel artístico y comercial. Aparece en escena Terence Winter, fogueado en Los Soprano, creador de la espléndida Boardwalk Empire, auspiciada por Marty; y autor del guion de la laureada El lobo de Wall Street.

Son tiempos de biopics rockeros. De la sobrevalorada Bohemian Rhapsody, a la infravalorada Rocketman, Hollywood ha descubierto un filón donde de vez en cuando sobresalen joyitas como Love and Mercy o Music is on my side. No tan populares como las anteriores, de acuerdo, pero infinitamente mejor acabadas en todos los aspectos. Cineastas como Ang Lee (Destino Woodstock) o Cameron Crowe (Casi Famosos) han retratado esta era de titanes musicales como nadie, quedando como pieza de culto imbatible The Doors, de Oliver Stone. Propuestas más asequibles, mestizaje de género, como Alta Fidelidad o la reciente Yesterday, por no hablar de Begin Again o Sing Street, demuestran que hay un público ávido de decibelios e historias enmarcadas en la idiosincrasia pop de las últimas décadas. Ya sabemos que la nostalgia vende, pero lo que nos ofrece esta gloriosa producción de la HBO es sexo, drogas y rock and roll del bueno…y sin cortar.

El piloto, dirigido por el propio Scorcese, es de lo mejor que ha rodado en lustros, hasta la llegada de El Irlandés. Bobby Canavale (Vías Cruzadas, Blue Jasmine) es un ejecutivo discográfico con muchos problemas. Adicciones y traiciones pueblan su existencia. Su vida familiar tampoco va mejor, y el amor por su esposa, Olivia Wilde (Richard Jewel), parece haberse disipado entre disparos de cocaína y fracasos comerciales consecutivos. Estamos en 1973, y de repente durante una interpretación demoledora (literalmente) de los New York Dolls, sufre una epifanía… parece que la solución a su «Personality Crisis» se acerca. Hay una nueva banda comandada por James (hijisimo) Jagger que está dando que hablar, y la groupie Juno Temple se lo hará saber. Entre medias, un homicidio, empeora la situación, y nuestro hombre se ve atrapado entre la incomprensión y la falta de confianza de sus compañeros, y el hartazgo de su esposa. Apariciones oníricas de gente como Bob Didley o Buddy Holly, le ayudarán en su camino. Eso, y una segunda oportunidad con un cantante de soul al que despreció en su pasado; le hará replantearse su periplo vital, entre contratos y rechazos. Los Queen no llegarán lejos y Status Quo ya no interesan a nadie. Led Zeppelin, Alice Cooper o Bowie parten la pana. Y el protagonista recuerda como conoció a su mujer en una performance de la Velvet Underground, y estuvo presente cuando John Lennon y May Pang aprovecharon el» fin de semana perdido» durante la ausencia de Yoko.

Un vinilo rodando y mucha nieve en los créditos, envueltos en una fotografía en blanco y negro. ¿Producto vintage? Sí y no. La sangre bombea rápido cuando nos introducen en los surcos de la trama, que gira en el tocadiscos durante diez episodios que son material de primera calidad. La ambientación es magistral, los cameos de rock stars (actores interpretando, se entiende) también. El resultado es un producto adulto y asombrosamente ameno, mucho más maduro que las triunfalistas adaptaciones cinematográficas comentadas. Scorcese pica en vena, y no en hueso, y la aguja surca una recopilación de sus obsesiones y sus pasiones. No da tregua, para lo bueno y lo malo, y eso, irónicamente, quizá desalentara, tanto al público masivo, como a los capitostes de la cadena, que no le renovaron para una segunda temporada, tan voraces y letalmente prácticos como las hienas del sello que retrata en la ficción. Siempre nos quedará Operación Dragón y The Deuce, que recoge el testigo en forma y contenido, aunque no en fondo e intenciones (¿no es lo mismo la industria del porno que la discográfica… o sí?). En cualquier caso, una oportunidad perdida (por decisiones empresariales) para un producto cuidado en todas sus vertientes, que desde aquí recomendamos encarecidamente

Una última cosa… reprodúzcanla a un volumen bien alto. No se arrepentirán

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