Bloggersmanía

Somos Microrrelatos julio 2019

 

LO SIENTO

Eras mi amiga, mi confidente, el lugar donde me podía desahogar porque mis lágrimas no se iban a encontrar entre tus aguas.

Mi lugar favorito, te cuidaba, pero sabía que no sólo eras mía. Habían más, y yo sabía que te tenía que compartir. Pensé que te trataban como yo lo hacía.

Pero todo cambió cuando me adentré, ya noté en mis pies que no eras la misma. Algo comenzaba a arrastrarme y sabía que no eras tú. Nunca me habías pedido nada a cambio por ser mi fiel compañera. Supe que no eras tú la que me arrastraba, la que me hundía, la que rodeaba mi cuello y me hacía difícil seguir respirando.

Nunca antes quisiste que fuera sólo tuya, siempre volvía.

Hoy me di cuenta que no fuiste tú la culpable de mi ida. Antes sólo éramos tú y yo.

No te cuidaron como yo. Te ensuciaron, y esa fue la razón por la que un día, entré para nunca volver.

Mi playa, mi amiga, lo siento, no fue culpa mía.

IDAIRA MONTES DE OCA

 


 

30 AÑOS YA

Ayer se cumplieron 30 años: 2 de julio de 1989.
Un día inolvidable. Pensé que nunca llegaría, que estábamos condenados a arrastrarnos, eternamente, por 2°A y 2°B…
También inolvidable por un motivo muy desagradable: por motivos familiares, mi familia y yo estábamos en la sierra de Huelva desde finales de junio. Por tanto, al quedarnos cerca Sevilla, decidimos ir al partido de vuelta. Al finalizar el encuentro, saliendo de la ciudad en el coche (matrícula de Tenerife) para volver a Huelva, parados en un semáforo nos pusimos a saludar a una guagua con seguidores del Tenerife. Por los alrededores había un grupo de vándalos pertenecientes a los Supporters Sur, ultras del Betis, que al ver la escena nos lanzaron decenas de piedras, una de ellas alcanzando y rompiendo la ventana del copiloto (donde iba mi tía Laly, que afortunadamente no resultó herida). Nada más cambiar el semáforo, salimos pitando y nos dirigimos a una gasolinera de las afueras de Sevilla donde el propietario nos atendió amablemente.

DANIEL OLIVERA

 


FIESTA DE SINGLES

Vagando por el pasillo de mi casa sin recordar adonde me dirigía, sentí las paredes sobre mí con mirada inquisitiva. Seguramente si les compro algún cuadro, serían más  benévolas conmigo. En la esquina superior, en el ángulo con el techo, hay una araña minúscula. Le pido perdón por matar a una pariente suya la semana pasada, y prometo no hacerle nada sino me llena de telarañas la casa. Me da la sensación de que la araña es quien me mira compasiva y no al revés. Ese pensamiento aunque absurdo, noto que me enfada y avanzo sabiendo que la próxima vez que la vea tendré otra promesa incumplida. Permanezco dubitativo unos segundos en el centro del salón y mis ojos se clavan en el portarretratos vacío que está sobre la mesita. Me censuro a mí mismo y me recuerdo por enésima vez que he de buscarle su relleno. Un portarretrato sin foto es muy triste y revela la desolación de su dueño.

Entro en el baño con movimientos forzados; últimamente eludo los espejos. Descubro un nuevo calcetín sin pareja entre la colada y lo llevo al dormitorio. Sentado en la cama reviso los que ya tenía con infructuoso resultado. Ya es el tercer calcetín desparejado que almaceno. Desde allí vislumbro sobre la zapatera, el bote de betún que en otra época más sociable usé con cierta frecuencia, y que un día quedó allí a la espera de encontrar la tapa que perdí, y de la que ya no recuerdo si busqué. Exhalo un profundo suspiro y casi me entra la risa ante la ocurrencia que me sobreviene, lacerante como un corte en un dedo…”Podría organizar una fiesta. Invitar a los calcetines solitarios, al portarretrato y al bote sin tapa. Ellos y yo celebraríamos una fiesta para buscar pareja. Hasta puede que la araña quiera hacernos una piñata y colgarla del techo”.

ANAGA MANRIQUE

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