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TEA Tenerife Espacio de las Artes rinde homenaje al pintor Carlos Chevilly con motivo de su centenario

Mañana [jueves 7] se inaugura la mayor exposición dedicada a uno de los pintores canarios más celebrados, que reúne un gran número de obras inéditas

TEA Tenerife Espacio de las Artes, centro de arte contemporáneo del Cabildo, presentó hoy [miércoles 6] la exposición Enigmas exactos: Carlos Chevilly y la naturaleza muerta moderna, una exposición que reúne un gran número de obras inéditas de uno de los pintores canarios más celebrados al que le rinde homenaje con motivo del centenario de su nacimientoComisariada por Isidro Hernández, esta muestra se convierte en la mayor exposición dedicada hasta la fecha a Carlos Chevilly de los Ríos (Santa Cruz de Tenerife 1918-1978), un pintor que ha merecido el beneficio de la admiración y el respeto de varias generaciones de artistas e intelectuales canarios.

El director insular de Cultura y Educación, José Luis Rivero; el hijo del artista, Bernardo Chevilly; y el comisario de la muestra y conservador de la Colección de TEA, Isidro Hernández; fueron los encargados de dar a conocer los detalles de esta nueva exposición, que se inaugura mañana [jueves 7] a partir de las 20:00 horas. “Llevamos mucho tiempo trabajando en esta muestra, una exposición única y realmente importante que queríamos hacer coincidir con el centenario del nacimiento del pintor, máximo exponente del realismo mágico en Canarias”, adelantó Rivero quien remarcó que Carlos Chevilly es “uno de los grandes maestros de la pintura canaria que además ha sido transitado por diferentes generaciones de pintores en las Islas así como fuera de ellas”. “Su técnica ha sido y es muy alabada en todo el mundo”, matizó.

Detalló el responsable de Cultura del Cabildo que detrás de esta exposición hay mucho trabajo de investigación y de recopilación de obras. Y es que más de medio centenar obras realizadas por Carlos Chevilly entre los años 1936 y 1977 conforman esta nueva muestra de TEA que no pretende ser una antológica del artista, pues solo aspira a detenerse en un aspecto concreto de su trayectoria creativa: sus trabajos realizados en el medio siglo, momento en el que su pintura se detiene en el estudio y perfeccionamiento de la naturaleza muerta y del retrato. De modo que esta exposición ofrece una idea absolutamente cabal del pintor.

Asimismo- agregó Rivero- los trabajos expuestos no solo se presentan de manera individual sino en relación con algunos otros protagonistas de su contexto artístico, de forma que esta muestra se enriquece con una treintena de obras de otros autores (maestros y coetáneos de Chevilly) como Eduardo Westerdahl, María Girona, Ángel López Obrero, Mariano de Cossío, Margaret Watkins, Juan Ismael, Teodoro Ríos, Enrique Lite, Pedro de Guezala, Harry Beuster, Cristóbal Hall, Pancho Cossío, Joaquín Peinado, Paul Outerbridge, Otho Lloyd, Esko Mannikö, Benjamín Palencia y Maud Westerdahl.

Esta muestra cuenta con la colaboración de Los Bragales, la Colección Ordóñez-Falcón de Fotografía (COFF), la Real Academia de Bellas Artes, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), el Cabildo de Tenerife, el Gobierno de Canarias y muchos particulares que han querido ceder sus obras para esta muestra. “Queremos agradecer a todos ellos así como a la familia del artista su implicación y colaboración con este proyecto”, señaló José Luis Rivero.

Isidro Hernández, comisario de la exposición Enigmas exactos: Carlos Chevilly y la naturaleza muerta moderna -que se podrá visitar en TEA Tenerife Espacio de las Artes hasta el 9 de septiembre, de martes a domingo de de 10:00 a 20:00 horas- destacó el carácter innovador de su pintura, que prolonga las corrientes de la neofiguración y del denominado realismo mágico de la pintura europea de entreguerras en la difícil década de los años cuarenta y cincuenta. “Carlos Chevilly representa, como ningún otro ejemplo, la dignidad del oficio del pintor”, subrayó Hernández que explicó que “Carlos Chevilly es un artista que jamás dejó de pintar”.

Durante su intervención, el comisario recordó que durante los años que llevan trabajando en esta muestra ha habido sobre todo “un trabajo de arqueología, de hallazgos, de encuentros y de sorpresas” y que en este tiempo han llevado a cabo “un viaje ilusionante y lleno de sorpresas”. De ahí, que haya en esta exposición obras que no se habían mostrado anteriormente al público. “Carlos Chevilly aportó aires de modernidad en la pintura canaria”, puntualizó Isidro Hernández a la vez que recordó que “Chevilly es uno de los protagonistas fundamentales de la pintura en Canarias del siglo XX”.

El hijo del artista, Bernardo Chevilly -quien ha seguido y contribuido desde un principio en que esta muestra sea hoy una realidad- recordó la figura de su padre, un hombre “tímido y silencioso”, quien durante su vida mantuvo amistad con algunas de las personalidades más señeras del arte y de la cultura de las Islas. Asimismo se mostró agradecido con el resultado de la exposición, “que era una deuda que tenía con mi padre”, pues recuerda que la última muestra que se realizó sobre su padre fue hace 30 años.

Bernardo Chevilly recordó la figura de su padre. Su actitud silenciosa -y hasta podríamos decir que su parcial olvido- representa, en cierto modo, el silencio y la pobreza cultural de la posguerra española. Y la elección de los motivos de la pintura de Carlos Chevilly -objetos pequeños, inanimados, elementales, como un vaso de agua, un limón, una jarra o una caracola- responde tanto a la austeridad de su carácter vital como de la época que le tocó vivir.

Pocos pintores en Canarias han sabido llevar tan lejos el género de la naturaleza muerta como Carlos Chevilly, pues sus cuadros, generalmente de pequeño formato, han sabido mostrar de forma elocuente la extrañeza que descansa en los objetos cuando estos se encuentran solos, inertes y ordenados sobre una mesa; cuando el espacio y el tiempo se detienen sobre el tejido cromático de unos cuantos elementos; o cuando lo importante de la cosa representada no es la perfección técnica, ni la verosimilitud con el modelo, sino alcanzar su intimidad escondida.

Carlos Chevilly de los Ríos

 

Carlos Chevilly de los Ríos nace el 1 de agosto de 1918, en Santa Cruz de Tenerife. Tras finalizar sus estudios en la escuela primaria, ingresa en la Academia de Artes y Oficios para estudiar dibujo y escultura con solo catorce años, siendo sus maestros durante varios años reconocidos pintores de la isla como Mariano de Cossío y Pedro de Guezala. Durante un tiempo abandona sus estudios al ser llamado para luchar en el frente de Aragón, pero ya había despuntado en el ámbito de la pintura con su Autorretrato de la maceta.

Al regresar de la guerra, ingresa de nuevo en la Academia y comienza a tomar forma su estilo pictórico, que empezará a definir como “realismo mágico”. Sin haber cumplido llegado aún a su treintena, participa ya en numerosas exposiciones como la de Artistas de la provincia de Tenerife del Museo de Arte Moderno de Madrid, a la que presenta cinco bodegones, siendo el más joven de los seleccionados con veintiocho años.

Durante varios años, el Cabildo de Tenerife le concede una beca para continuar sus estudios de pintura, y realiza en esta época hasta tres exposiciones individuales en el Círculo de Bellas Artes en la que se presentan bodegones, naturalezas muertas, retratos, autorretratos, paisajes, estudios de paños, flores, así como varias obras destacadas de su producción como Perro en verde Perro en azul.

 

Posteriormente aprueba las oposiciones de profesor para la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de Tenerife y entra como responsable de la cátedra de Colorido y Composición de Bellas Artes. Con los años termina siendo director de la Escuela Superior tinerfeña, y durante un tiempo también ejerce de suplente del cargo de Jefe Local del Servicio de Protección del Patrimonio artístico. En este momento deja de lado temporalmente su faceta creadora para dedicarse a sus tareas directivas y docentes.

 

En 1972 se realiza una gran exposición sobre Chevilly en la que se muestran sesenta obras en el Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife al cuidado de Antonio Vizcaya y con textos de Eduardo Westerdahl y otros. Aunque su última exposición tiene lugar dos años más tarde en la Casa de Colón, continúa pintando hasta sus últimos días. Carlos Chevilly fallece de un ataque cardiaco el primer día del año 1978.

 

Durante su vida participó en exposiciones dentro y fuera de Canarias, como en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, en la de Pintores Independientes Canarios (PIC) junto a artistas como Juan Ismael, en la Primera Exposición Colectiva de Escultores Tinerfeños o en la exposición Las Islas Canarias en la Biblioteca Española de París.

Recibe asimismo diversos reconocimientos como el primer premio del Concurso de Bodegones del Círculo de Bellas Artes, del Concurso de Carteles de la Dirección General de Turismo, de la Primera Exposición Colectiva de Escultores Tinerfeños, de la Regional de Mayo y del concurso de pintura Luis de la Cruz. A lo largo de su vida, el Ministerio de Educación Nacional adquirió varias obras suyas como Bodegón con pescado, y el Cabildo de Tenerife compró su óleo El pintor y las modelos. Colaboró también con pinturas murales en el Parador de Don Martín del Valle de Güímar y las cristaleras para la basílica de Nuestra Señora de Candelaria.

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