Max, historietista: “La novela ‘Qué’ me parece más cercana a ‘El Quijote’ que a ‘La Odisea’, de hecho el humor es quijotesco”. Por Noé Ramón

Compartir esta publicación

“Sacaré en 2027 una reedición de ‘Bardín, el superrealista’, con la versión original que ganó el Premio Nacional y varias páginas inéditas”

“Cuando utilizas trucos y además están muy gastados, se nota a la legua” 

“En el underground teníamos una actitud antisistema que ahora reivindica la ultraderecha, así que las palabras no sirven para nada”

Francesc Capdevila, Max se ha ganado a pulso ser considerado un histórico-legendario del cómic nacional. No es para menos si se hace un repaso a su recorrido desde el underground barcelonés, a ser galardonado en 2007 con el primer premio nacional, su trabajo en El Víbora o en El País. En los últimos años ha publicado Qué un viaje, para algunos iniciático pero que él ve más bien quijotesco y El Laberinto del Cuco, el traslado a papel de un montaje al aire libre en el que los participantes recorren distintos caminos guiados por sus dibujos, eligen alternativas y llegan al centro donde invariablemente siempre hay premio. Es autor del cartel del primer día del cómic y también del Salón de Tenerife en su edición de 2024, visita a nuestra Isla incluida. 

-Una de tus últimas  obras hasta ahora es la titulada Qué. ¿Cómo surgió?

-La hice exclusivamente con toda la intención de llevarme el premio Finestres, como así ocurrió. Era la primera edición de un premio que reconoce al cómic catalán, así que lo gané en 2023 después de estar casi un año trabajando en él y luego salió la edición en castellano. Lo que hice fue recoger un poco el fruto de mis anteriores obras como Rey Carbón que eran bastante experimentales y a partir de ahí hice una historia digamos que más comercial, por explicarlo de alguna manera.

-Años después ¿cuál ha sido el resultado comercial?

-Funcionó muy bien en catalán pero en castellano un poco menos, básicamente porque en catalán la editorial puso toda la carne en el asador en cuanto a promoción, dimos muchas entrevistas y hubo detrás todo un aparato mediático. Es la prueba de que este tipo de obras funcionan si el editor decide apostar fuerte y eso se nota en las ventas.

-El libro coincide con la época en la que hiciste el cartel del primer día del cómic, por ser quien ganó el premio nacional en 2007 y el del Salón de Tenerife. Seguramente por ello los trabajos se parecen mucho en cuanto que simplificas las figuras y el fondo al máximo posible.

-Estoy en esa línea. No sólo simplificar las figuras sino también los fondos, digamos que por ahí he encontrado mi camino, a base de ir desnudando la decoración artificiosa que a veces exigen los cómics y dejarla un poco en su esqueleto. Intento, por un lado llegar al hueso pero que a la vez el hueso no sea duro de roer. 

-¿Y ese camino tiene marcha atrás? ¿Es sólo un experimento o va a ser tu línea de aquí al futuro?

-Desde luego que no hay marcha atrás. Me muevo dentro de un registro según me pida el tipo de historia, más radical, más seco o un poco menos radical y menos seco.

-Los críticos dijeron que se trataba de una especie de viaje místico a medio camino entre La Odisea y El Mago de Oz. ¿Estás de acuerdo?

-Pues no lo había leído pero no lo veo así. Es una opinión aunque a mi me parece que la cosa va por otros derroteros, yo lo veo más quijotesco. De hecho cuando hacía la novela mi referencia era El Quijote, no La Odisea. Además, el humor que empleo creo que puede ser calificado de “quijotesco”, porque tiene sus raíces en el siglo de oro español. 

-¿En qué sentido?

-Está esa cosa entre lúcida y loca, entre pícara y desastrosa, es algo muy poco épico. En realidad creo que no lo es en absoluto. Lo que diferencia a El Quijote de La Odisea es esa falta de épica.

-Lo explicas como el relato de un viaje, de una búsqueda pero que acaba en sentido contrario. En vez de dirigirse a Santiago de Compostela como es habitual el personaje acaba en Turquía. 

-El libro empieza con esa inversión de los términos clásicos y en realidad es una burla a los viajes iniciáticos. No es que me parezcan mal sino que considero que aquí todo es mucho más pedestre, más improvisado, más de andar por casa.

-Y luego está también la experiencia del Laberinto del Cuco ¿Cómo la explicarías?

-El proyecto me lo planteó el grupo de teatro de calle Companyia Itineraria, especializado en montar instalaciones al aire libre para que la gente interactúe con ellas, entre y descubra las distintas maneras de atravesarlo, ir de un pasadizo a otro, abrir puertas… me ofrecieron hacer un recorrido laberíntico en base a una historieta en la que estuve trabajando, tanto solo como viendo con ellos cuántas viñetas hacían falta, como organizábamos los recorridos con sus callejones sin salida, vueltas, revueltas… lo que pasa es que cuando llegó la pandemia nos encerraron a todos y el proyecto se quedó congelado durante varios meses hasta que finalmente pudieron estrenarlo y a partir de ahí ha estado girando por toda España y Europa. 

-A continuación hiciste una novela. ¿Fue difícil el proceso de adaptación?

-La novela es una consecuencia posterior porque en principio no estaba pensado para que saliera. La idea sería que un paseante se mete en un laberinto donde interactúa sin palabras, lo que ha facilitado que sea para todos los públicos. La dificultad que tuve son los recorridos azarosos en los que cada persona elige su propio camino hasta llegar al centro por distintas alternativas. Y claro, para eso era obligado hacer un libro interactivo en el sentido más antiguo de la palabra como eran los de los años ochenta en los que los lectores elegían su propia aventura, llegabas a una página y a partir de ahí decidías a cuál saltabas después.

-Por cierto, se han vuelto a poner de moda.  

-¿Sí? Pues vaya, no lo sabía y me alegro porque tenían su gracia. Entonces, nos costó muchísimo convertir el laberinto físico en un libro de papel y conseguir que funcionaran de una manera más o menos parecida a la instalación y sobretodo que causara la misma emoción. La historia en sí es muy simple, trata de un pájaro que intenta encontrar un reloj de cuco por el que se le ha ofrecido una recompensa. Aclaro que el pájaro pasa por un montón de aventuras distintas, unas acaban bien, otras no tanto y algunas peor. En fin, cuando se llega al centro del laberinto hay una sorpresa al final.

-¿Crees que ese montaje lo podremos ver en Tenerife?

-Eso no lo puedo decir porque es la compañía de teatro la que lleva su propia agenda y van allí donde los contratan. No es algo que precisamente sea muy barato, porque es todo un montaje que hay que trasladar, instalar y desinstalar. Estoy alejado de como funcionan en el día a día, me uní para hacerlo pero ahora cada uno va por su lado, ellos con el montaje y yo con el libro.

-¿En estos momentos  qué proyectos tienes?

-Cada semana saco mi tira en el suplemento Babelia de El País y además en un año espero publicar una reedición de Bardín, el superrealista, con el que gané el Premio Nacional del Cómic en su primera edición en 2007.

-Entonces sería el veinte aniversario ¿Se podría decir que has resucitado al personaje?

-Muchas de las páginas que van a salir ahora son inéditas y otras se han publicado pero en sitios muy minoritarios. Así que es una recopilación en la que puedes ver el libro original pero casi duplicado con nuevo material.

-Me gusta preguntarle a los autores cómo es un día normal de trabajo. Supongo que será muy distinto cuando estés haciendo una novela gráfica a cuando haces la tira semanal. 

-No, no varía mucho. Ahora estoy trabajando bastante menos porque tengo una nieta de la que ocuparme algunos días y eso ha alterado mi ritmo habitual. Sin embargo, los días normales, básicamente comienzo desayunando en un bar entre las seis y las ocho de la mañana. Ese es mi momento de apuntar en una libretita las ideas y las posibles historias a desarrollar, para luego en el estudio de mi casa, ejecutar lo que he planeado, tanto ese día como lo de hace varias semanas o meses. Tengo unas ideas a las que en la mesa de dibujo les voy dando forma.

-Supongo que después de tantos años habrás desarrollado una parte mecánica a la que echar mano cuando no llega la inspiración. Una serie de trucos.

-Cuando utilizas trucos y además están muy gastados, se notan a la legua. Los hay pero en lo que yo llamo la ejecución, los vas aprendiendo con los años y te permiten trabajar de una forma más ligera y que así te cunda mejor el tiempo. Pero cuando hablamos de inspiración real hay pocas argucias que valgan. La inspiración llega o no llega, a veces son sólo unas gotitas y luego tienes que hincar los codos y ver hasta dónde te lleva.

-¿No te crea mucho estrés depender tanto de la inspiración?

-A veces sí, pero por suerte no mucho, sobretodo con la página del periódico. Estoy muy agradecido de que la tira no sea diaria sino semanal porque así tengo cuatro o cinco días para darle vueltas, encontrar alguna idea que sea medianamente buena y luego dibujarla en un día. Ese es el ritmo

-¿Cómo miembro del underground barcelonés cuál es tu opinión de cómo ha envejecido ese movimiento y si crees que se valora lo hecho en aquellos tiempos? En teoría parece que existe un cierto interés entre los jóvenes por conocer esa época. 

-Hay un poco de curiosidad porque evidentemente fue un momento histórico especial y está bien que se recuerde y se dé a conocer. Para mí supone algo  importantísimo, claro, porque ahí están mis orígenes y por lo demás es indudable que es historia real. Pero digamos que no afecta demasiado a los dibujantes que en la actualidad van por otros derroteros que son muy amplios. 

-¿Cómo ves el panorama actual del cómic?

-Hay de todo, aquí cada uno encuentra su propio hueco. 

-¿Crees que están reconocidos los autores de aquella época?

-Bueno, entre los que quedan, porque bastantes han muerto ya, algunos sí tienen un merecido prestigio pero la verdad es que no somos tantos los que hemos persistido haciendo cómics a lo largo de estas décadas. Tras la desaparición de Miguel Gallardo, por ejemplo, hace un par de años, ya quedamos pocos pero por lo menos seguimos dando guerra.

-¿Crees que la curiosidad por aquella época podría tener un especial significado y relevancia ahora mismo cuando despunta de nuevo la ultraderecha? Resulta un tanto irónico que años después de nuevo se vuelvan a ver en el mismo escenario y enfrentándose a las mismas batallas. 

-Es posible, lo que pasa es que no nos hace falta ningún rival delante, lo que es necesario es recuperar la actitud que teníamos en los tiempos del underground como momento histórico, que se va repitiendo cíclicamente. Entonces, sí es cierto que estamos en un punto en el que se necesitan voces nuevas que recuperen esa actitud. Las palabras ya no valen, se han gastado por el uso o se han desvirtuado. En aquellos tiempos teníamos una actitud antisistema, lo que pasa es que ahora los primeros en reivindicarse como antisistemas son los ultras. Así que las palabras ya no sirven para nada, nos han robado su significado, y eso es muy jodido. 

-¿Crees que existe un poco de resignación a que la ultraderecha vaya a regresar?

-Yo no me resigno, porque resignarse es lo peor. Lo que se debe hacer es combatir, ya tengo una edad pero ahora a los jóvenes les va a tocar currárselo y no vale eso de intentar quitarse el muerto de encima. 

-¿Y lo de volver después de tantos años a vivir lo mismo que supongo que ya daban por superado?

-La verdad es que si te pones a pensarlo es un poco desolador, pero bueno la última posibilidad es resignarse.

-¿Te has planteado llevar tus historias al cine?

-De jovencito sí soñaba con hacer dibujos animados pero cuando ví como era todo ese mundo de la animación se me quitaron las ganas. Tienes que estar meses y meses de trabajo con muchísima gente, conseguir que alguien te financie… todo me parece complicadísimo, así que ya se me pasó la curiosidad. He hecho algunas cositas en pequeñas animaciones de video pero la verdad es que ya no me apetece. En cine como codirector hice un documental sobre mí mismo que se titula, Dibujando a Max. El estreno se retrasó por la pandemia pero desde 2023 ya se puede ver, creo que está en Filmin. La dirección y el guión lo hice con Cecs Mulet, fue producido por La Periférica y me sirvió para convencerme de que es un tipo de trabajo muy esforzado, muy de equipo en el que hacen falta muchos medios y la verdad es que yo estoy acostumbrado a trabajar solito en mi mesa.

-Vives en Mallorca, así que supongo que tendrás una opinión sobre los movimientos que están surgiendo en contra del turismo en esas islas, muy parecido al que hay aquí y cuyo modelo está siendo cuestionado.

-Es que hemos caído en manos de un negocio que mueve millones, que las autoridades se empeñan en vendernos como que nos beneficia a todos pero la verdad es que ni yo ni la mayoría de la gente que conozco vive de esos negocios. Al contrario nos provocan toda una serie de padecimientos y problemas. Lo peor es que la cosa se va a poner muy cruda, tan sólo desde el punto de vista ambiental, por la cantidad de agua que es necesaria, que no es muy abundante en las islas y que consumen millones de turistas sin que nadie les informe de que precisamente no es gratis. Eso, junto con provocar desastres ambientales por no hablar del gran problema que tiene a todo el mundo preocupado como es el de la vivienda. Aquí en Mallorca los precios han llegado a tal punto que tan sólo los extranjeros ricos pueden comprar una casa. O se para esto y se le pone un freno, o acabará en un auténtico desastre. 

-Tu eres de Barcelona donde también ha surgido un movimiento muy crítico aunque se trate de otro tipo de turismo. 

-También. El turismo así a lo grande acaba desvirtuando y uniformando a las ciudades, las experiencias que viven los visitantes… Yo no viajo mucho pero las últimas veces que he estado en capitales europeas al final ves que son todas iguales, más allá de que una tenga una catedral gótica o una muralla del siglo XIII. Y otro tanto ocurre con las tiendas que son las mismas y venden lo mismo. Todo se ha uniformado y a la vez se expulsan a los nativos de sus lugares de nacimiento.