El Festival “¡Esto es Histórico!” de literatura y divulgación histórica vuelve a Tenerife (en la Plaza de la Constitución en La Orotava) entre los días 13, 14 y 15 de marzo. Hemos entrevistado a varios de sus próximos invitados e invitadas, para que nos hablen de su trabajo y de cómo ven el presente y el horizonte de la divulgación.
María del Mar Rodríguez nace en Venezuela, pero a los dos años su familia se traslada a La Palma. Docente de profesión, ya jubilada, hace unos años empezó a escribir una trilogía sobre este vínculo entre territorios, llamada “Relato de unas islas desamparadas”. La prestamista, La tuerta y La viuda blanca son los tres títulos que la componen. En ellos, se desgrana la vida de personajes eminentemente femeninos desde mitad del siglo XIX hasta la década de 1980. Las migraciones, la miseria, la guerra y la posguerra son algunos de los hechos históricos que dan contexto a sus novelas.
P: Tu trilogía tiene como contexto el vínculo entre Venezuela y Canarias, y las migraciones asociadas a ese vínculo. Mi primera pregunta sería… ¿Cómo ves en la actualidad la relación entre los dos territorios? Hace décadas era popular llamar a Venezuela “la octava isla” en Canarias, y ahora parece haber una lejanía o una desafección entre los canarios y Venezuela. Las nuevas generaciones no se identifican con ese país, lo ven tan extraño como cualquier otro país. ¿Qué opinas?
Me has hecho una pregunta muy muy interesante. Bueno, por ubicar un poquito el contexto así de entrada, yo he escrito tres novelas que forman parte de una saga, de una trilogía que se llama “Relato de unas islas desamparadas”. La primera de ellas, “La prestamista”, que la publico en 2019 y gira en torno a la vida de una familia de la burguesía rural palmera, finales del siglo XIX, principios del siglo XX. Segundo, “La tuerta», un libro que se desarrolla en el año 46, 1946-1947, en plena posguerra, en Santa Cruz, los barrios de los alrededores, y específicamente una parte del libro se desarrolla en la calle de Miraflores de Santa Cruz. Y por último, “La viuda blanca», que lo presenté el 20 de noviembre del 2025 y que se desarrolla una parte en la isla de La Palma, otra parte en La Laguna, desde el año 1954 a 1982. Claro, si nos colocamos en nuestras islas, sobre todo en las islas occidentales, en los años 50, nos encontramos con ese proceso que todos conocemos, ese proceso migratorio de personas que se van de Canarias a Venezuela. Y nos encontramos con un movimiento continuo y continuado a través del tiempo de personas que van de un lugar a otro, que traen noticias, que traen costumbres, que intercambian. Familias que están representadas aquí, que están representadas allá, que permanecen separadas por un tiempo, que a veces se reunifican, que a veces no, y eso genera vínculo, genera lo que tú has dicho, efectivamente, un vínculo muy fuerte con un país que a veces uno ni siquiera conoce, solo se lo imagina.
En mi caso, yo nací en Venezuela, pero me vine con dos años, y entonces yo no recuerdo absolutamente nada de ese país, pero tengo una imagen perfectamente construida de Venezuela en mi cabeza. Esa construcción la he elaborado, me ha permitido escribir el libro, junto con información que me han dado emigrantes, personas que vivieron en Venezuela o que están allá y que me han ido dando información, pero esa imagen yo la he ido construyendo a base de escuchar relatos, noticias, y de escuchar las cosas que me contaban del país. Yo creo que cuando ese flujo de personas que van de un lugar a otro se rompe, hay como una especie de olvido y de desafección, que eso podría ser, eso pudo haber pasado quizás en los años 70, ya la gente que va a Venezuela no es tanto, ya las familias, los mayores de esas familias van muriendo, ya las generaciones que vienen detrás no tienen esa necesidad de estar constantemente, porque ya son primos, hermanos, primos segundos; no tienen necesidad de mantener de una manera tan constante información entre las islas y Venezuela. Yo creo que hay un momento como de silencio, de costumbre, el que se quedó allá se quedó allá, el que está aquí está aquí, cada uno en una parte del Atlántico, hasta que comienza el movimiento contrario, que es el movimiento de retorno. Venezuela empieza a estar mal como país. Y muchas personas, especialmente aquellas que tenían antepasados canarios, isleños, que tenían la nacionalidad, comienzan a retornar a las islas. Y yo creo que aquí en estas islas, en ese movimiento de recepción de la persona que viene de Venezuela, no ha habido la misma apertura que probablemente hubo en Venezuela cuando recibió a los canarios en la década de los 50, que los recibieron muy bien, especialmente a los isleños, no era lo mismo ser español que ser isleño. El isleño tenía un grado de aceptación muchísimo mayor, y yo creo que el movimiento de recepción de esa población migrante que retorna, ha llegado en un momento en el que los países, en este momento, en la actualidad, todo lo que sea recibir algo de fuera, molesta. Estamos centrados en lo propio, en que no entren en mi casa, en que no vengan de fuera, y todo lo que viene de fuera nos molesta. Por lo tanto, no creo que haya un equilibrio entre cómo nos recibieron a nosotros en Venezuela, cómo recibimos nosotros ahora a la gente, al migrante venezolano cuando llega aquí. Y yo creo que nuestros jóvenes tienen una desafección hacia Venezuela. Lo que me parece más preocupante es que hay un rechazo a lo que viene de fuera, un rechazo al que viene a mi casa, y una falta de hospitalidad, una falta de aceptación, y un concepto de que no hay para todos, por lo tanto hay que cerrar las puertas. Algo así. Cosa que no sucedió cuando se produjo el proceso migratorio en sentido contrario, que probablemente lo hicieron los bisabuelos de los jóvenes actuales, que sí fueron muy bien recibidos en el país venezolano.
“[…] para poder restituir hay que nombrar todo lo que sucedió y todo lo que existió, si no, no hay restitución posible.”
P: Hablas en otras entrevistas de “historia robada” en el contexto histórico de tus novelas. Sueles, en este sentido, darle voz a personajes o hechos invisibilizados, como por ejemplo, el relato de los perdedores de la Guerra Civil.
El franquismo como régimen fascista utilizó muy bien la historia como un instrumento político para vender una narrativa que legitimaba un golpe de Estado y legitimaba todos los horrores y todo lo que se hizo después. De hecho, hay un concepto que se maneja que es el de la “justicia al revés”… cómo logra el franquismo ajusticiar a las personas que realmente fueron leales al régimen constitucional, a la República, que era lo que habían votado, estaban allí las personas elegidas por el pueblo. Y se ajusticia a esas personas, los rebeldes ajustician a los leales y los condenan por rebeldía. Entonces, fíjate el giro legislativo y se convierte en la justicia al revés. A nivel histórico, se utiliza la historia como un elemento de dominio para poder justificar la necesidad del golpe de Estado… construir una narrativa donde se explique que el golpe de Estado era necesario, porque España se estaba disgregando… y se construye una narrativa que, como digo, justifica todo lo que vino después. Tienen que pasar muchísimos años, tiene que llegar la democracia, tienen que llegar historiadores con una mirada crítica para que esa historia que nos contaron, que contaron a todas las personas de mi generación, a lo largo de toda mi vida académica, y que está llena de agujeros… se complete poniéndonos delante la narrativa de lo que les pasó a los que perdieron la guerra, de lo que pasó en los campos de concentración, de lo que pasó en los almacenes de Fyffes, de lo que pasó en Tefía, en el archipiélago flotante, de las brigadas del amanecer, de los desaparecidos, de la represión, de los asesinados. Toda esa parte es algo que se va añadiendo muchos años después de la transición política en este país.
Y como tú bien dices, si hay elementos invisibilizados en la historia de España, doblemente invisibilizadas están las mujeres, porque ni se las nombran. Yo siempre digo que el patriarcado es una máquina de construir olvido en torno a las mujeres. Fíjate lo que pasó con “Las sin sombrero”, unas mujeres que fueron coetáneas, si vivieron en el mismo momento, fueron compañeras de batalla de la generación del 27. Y todos ellos son recogidos en las genealogías literarias de España, incluso los que eran rojos, los que eran de izquierda, los que eran gais, aparecen. Yo estudié a Federico García Lorca, pero jamás oí hablar en mi infancia, ni en mi adolescencia, ni en toda mi vida universitaria de “Las sin sombrero”, que estuvieron allí Maruja Mallo, Josefina de la Torre, María Teresa León,, Margarita Manso… de todas estas mujeres yo no oí hablar hasta hace 10 años, porque fueron totalmente olvidadas. Como tampoco he oído hablar nunca de las figuras relevantes, de las mujeres relevantes durante la Segunda República, de Blanca Ascanio, de Margarita Rocha Mata, de Azucena Roja, de Carmen Goya, de Peregrina Ventura. Hasta hace muy poco, porque todas estas figuras han sido recuperadas por los y las historiadoras que con una perspectiva crítica han decidido completar una historia que estaba llena de agujeros, que estaba llena de carencias y que estaba llena de olvido. Y para poder restituir hay que nombrar todo lo que sucedió y todo lo que existió, si no, no hay restitución posible. En este sentido, seguramente he hablado de la historia robada.
P: ¿Cómo ha sido el proceso de recabar información para tus novelas? Porque entiendo que no solo ha sido un proceso profesional, sino emocional…
Pues mira, el proceso de recabar información para las novelas tiene esas dos vertientes que tú has mencionado. Por una parte, todo lo que tengo yo guardado en mi memoria de relatos familiares, de aspectos que se contaban en relación a la guerra, a la participación de mi abuelo, a lo que fue aquella guerra tan terrible, las emigraciones, la gente que prestaba dinero para los viajes a Cuba, para los viajes a Venezuela, lo que significaba llegar a países, bien a Venezuela, bien a Cuba. En fin, toda mi infancia yo siempre digo que mi familia era una familia muy habladora y entonces se contaban muchísimas cosas. Se hablaba mucho. Por lo tanto, eso estaba guardado en mi memoria. Y a esa parte familiar, pues en algunos libros le añadimos búsqueda de información actual, por ejemplo, para poder reconstruir lo que es la geografía de Venezuela en los años 50, para poder escribir “La viuda blanca”, pues he recabado información de parientes que viven en Venezuela, que son muy mayores, que llegaron en los años 50, o de migrantes retornados. Y después, por otra parte, esas versiones familiares que tienen mucho de subjetivo, que están muy contaminadas por las valoraciones personales que uno hace, por si te ha ido bien, por si te ha ido mal, pues las he complementado con las aportaciones de historiadores que tienen una perspectiva crítica y han abordado la historia desde ese lugar, de qué le ocurrió a los que perdieron y a los que no ocupan posiciones centrales. En ese sentido, tengo que hacer referencia a Salvador González Vázquez, en La Palma, sobre todo para la construcción de La prestamista, y a Aarón León Álvarez, Ricardo Guerra Palmero, Ramiro Rivas, el profesor Alfredo Medeiros. Para la construcción de La Tuerta, y Manuel Hernández Hernández también lo añadiría para “La Viuda blanca», porque aporta mucha información sobre la emigración a Venezuela.
P: ¿Cómo valoras el “feedback” con tus lectores?
El feedback con los lectores ha sido un regalo de la vida, ha sido increíble. El crecimiento de estos libros ha sucedido de una forma muy orgánica, muy despacito, muy poco a poco. La herramienta de difusión principal, pues yo entiendo que ha sido el boca a boca y especialmente los clubes de lectura. Ese “me gustó, léelo, se lo regalé a mi prima, a mi madre, me lo prestó no sé quién, lo leí”… Ha habido ahí como un boca a boca muy importante y a mí me gusta mucho ir a los clubes de lectura, aquellos espacios en los que ya se ha leído el libro. Las lectoras básicamente, porque la mayoría son mujeres, han hecho suya la historia, se han identificado emocionalmente con la historia y me cuentan cómo la ven y cómo les ha resonado en su vida y muchas veces es asombroso, porque le ven determinadas esquinas a algunos personajes. O algunas situaciones que yo ni siquiera he visto, ¿no? Así que ese feedback con las lectoras es algo que yo disfruto mucho, es asombroso y me parece un auténtico regalo, una devolución muy gratificante que me hace la vida.
P: ¿Qué planes profesionales tienes para este año? ¿Estás escribiendo un nuevo proyecto literario?
Durante todo este año el plan va a ser la promoción de la trilogía, sobre todo en aquellos lugares a los que no ha llegado. Aunque se hayan vendido en torno a los 18.000 ejemplares, no ha sido un fenómeno viral, una cosa de un boom inmediato, ¿no? Va muy poquito a poco. Entonces, ahora mismo me estoy moviendo mucho por la provincia oriental. Por ejemplo, voy a ir a varias ferias de Gran Canaria, a la feria de Vecindario, a la feria de Telde. Tengo una firma con Casa del Libro en Las Palmas. Voy a ir a Fuerteventura, a presentarla en la Casa de la Cultura. Y estoy viendo posibilidades para ir a Lanzarote. Y después también, pues, su presentación en la península. A la península no es fácil llegar. Hay obras canarias que son muy desconocidas. Yo no soy nada conocida en la península, aunque he presentado mis libros en algunos puntos muy concretos: en Madrid, en Vigo, en Zaragoza, en Córdoba. Sin embargo, no soy una autora conocida a nivel de la península. Y entonces, voy a atreverme a hacer alguna cosita por allá. Lo primero va a ser este viernes, 7 de marzo, que voy a presentar en la Biblioteca David Gistau del Distrito Salamanca de Madrid. Presentaré la trilogía. Tengo intención de ir a la Feria del Libro de Madrid. Y en mayo iré a Bilbao. A ver si puedo presentar en la Casa del Libro de Bilbao. Estoy en negociaciones con ellos. Lo que sí, seguro, ya en la Casa de la Cultura de Portugalete. Y también me gustaría ir tanto a Vigo como a Zaragoza, como a algunas ciudades andaluzas, a Sevilla, a Córdoba, para hacer una presentación de la obra. Entonces, este año va a ser eso.
Escribir… escribo cosas porque siempre escribo, pero sin tener en mente ni presentación de obra ahora mismo, ni más planes en cuanto a presentaciones de futuro. Quiero darme un descanso, dedicarme a promocionar la trilogía. También es importante la idea de que la obra de La Tuerta tiene una adaptación teatral. Y la compañía de Aranza Coello está yendo con esa adaptación teatral por todas las islas. Cada vez que puedo acompañarla lo hago, y eso me produce muchísima alegría. Y ya está. Y de resto, pues saber combinar muy bien todo esto con mi etapa de jubilada, con mi descanso y con mi capacidad de tener muchos momentos para el cuidado personal y la tranquilidad y el sosiego que corresponde a este momento vital…
Texto y entrevista: Verónica Martín




