El periodista barcelonés participa el sábado 11 de abril en la jornada profesional de LALA MUSIC 2026 en un encuentro sobre cómo se ha transformado el ecosistema de los festivales de música en España
El autor de los libros ‘Macrofestivales. El agujero negro de la música’ y ‘Microfestivales y otros escenarios posibles’ asegura que “los espacios musicales de pequeña escala son vitales para la salud de la comunidad, sin ellos estamos muertos como sociedad”
“La música en vivo jamás dejará de existir. Pero estamos presenciando estrategias muy agresivas por parte de las grandes empresas del ocio musical para hacerse con la mayor parte del negocio”, sentencia
D. F. H. / San Cristóbal de La Laguna, 6 de abril de 2026
Nando Cruz (Barcelona, 1968) es periodista musical con una notable trayectoria profesional desde finales de los años 80. Ha colaborado desde Barcelona en revistas musicales, prensa generalista, programas de televisión y emisoras de radio, y es uno de los invitados a la jornada LALA PRO 2026.
El autor de los libros Pequeño Circo. Historia oral del indie en España (Contra, 2024), Una semana en el motor de un autobus. La historia del disco que casi acaba con Los Planetas (Lengua de Trapo, 2024), Macrofestivales. El agujero negro de la música (Ediciones Península, 2023) y Microfestivales y otros escenarios posibles (Sílex, 2025) es uno de los protagonistas del encuentro profesional de LALA MUSIC 2026, que en esta quinta edición reúne el sábado 11 de abril y en horario de mañana, a partir de las 10.30 horas, en las instalaciones del Museo de Historia y Antropología de La Laguna, a programadores y responsables de algunas de las principales ferias y plataformas musicales del circuito nacional, agencias de booking, sellos discográficos y periodistas especializados. Una jornada en la que se abordarán cuestiones relativas a la importancia de los conciertos en la carrera de cualquier artista y su conexión con el público; el papel de las ferias musicales para posicionar a los músicos; cómo dar el salto de una escena local como la canaria al circuito nacional; o una charla sobre el boom de los festivales de música, la masificación y la pérdida de identidad del proyecto.
Participa como invitado en la jornada profesional de LALA MUSIC 2026 en un encuentro sobre cómo se ha transformado el ecosistema de los festivales de música en España a partir de su experiencia y los libros que ha publicado Macrofestivales. El agujero negro de la música (Ediciones Península, 2023) y Microfestivales y otros escenarios posibles (Sílex, 2025). ¿Es necesario apostar por otros escenarios posibles, como usted dice, para garantizar el futuro de la música en vivo?
La música en vivo jamás dejará de existir. Pero estamos presenciando estrategias muy agresivas por parte de las grandes empresas del ocio musical para hacerse con la mayor parte del negocio (y de los posibles beneficios). Esta ofensiva pone en jaque a modelos más modestos que, en su conjunto, garantizan un acceso más democrático y universal a la música en vivo, interpela a todo tipo de públicos y ofrece una representación más fiel de la diversidad cultural que nos rodea. Hay que apostar por estos otros escenarios posibles porque en ellos la música en vivo no es concebida solo como un negocio, un lujo o incluso un producto especulativo.
¿Es posible que ambos modelos puedan convivir sin que el grande ahogue al festival de pequeño formato?
Esta pregunta la respondería muy bien el dueño de un pequeño comercio de barrio. ¿Es posible que sobreviva su negocio si abre un Mercadona a seis calles? Debería, pero Mercadona querrá mejorar sus beneficios año tras años y eso pasa por atraer a la clientela de todos los comercios de la zona y exterminar cualquier competidor. Esa es la lógica de los macrofestivales: ofrecer mucha música en sus dominios e intentar que haya la mínima fuera de ellos. Los macrofestivales son, al fin y al cabo, centros comerciales que ofrecen música y muchas otras cosas que no son música para atraer incluso a clientela a la que no le interesa especialmente la música.
¿El dinero público hace que los grandes proyectos sigan creciendo en detrimento de iniciativas menores?
Vivimos en un país históricamente entregado al turismo y los grandes festivales han demostrado ser un estupendo anzuelo para atraer turistas musicales. Por eso las administraciones entregan tan generosamente subvenciones a macrofestivales al tiempo que cuestionan que haya que apoyar económicamente proyectos más modestos cuyo objetivo es generar espacios de encuentro musical para la comunidad. El dinero público está yendo en la dirección equivocada porque entiende la cultura como un mecanismo para generar riqueza económica y no como una herramienta de socialización, de desarrollo individual y colectivo, de cohesión social, de fomento del espíritu crítico, de lucha contra el individualismo, la alienación y la soledad. Estos espacios musicales de pequeña escala son vitales para la salud de la comunidad. Sin ellos estamos muertos como sociedad.
En su opinión, el modelo de los grandes festivales que impera en España nada tiene que ver décadas atrás cuando la geografía nacional tenía una docena de grandes convocatorias diferenciadas entre sí. ¿Qué produjo el boom de los macrofestivales en España y por qué la música en directo y los artistas en la actualidad en muchos festivales, salvo excepciones, son parte del mobiliario de un parque temático?
Cuando en 2004 el Sónar publicó un estudio de impacto económico, el resto de festivales hicieron lo mismo. Y los ayuntamientos de todo el país descubrieron que esos eventos no solo traían mucho jaleo, sino también mucho dinero. De repente, ¡todas las ciudades querían su festival! Y para ello, ofrecieron subvenciones y facilidades de todo tipo. Pero, claro, nadie desearía un festival pequeño o de nicho y así hemos llegado al panorama actual de festivales clónicos porque todos contratan a las bandas que han visto triunfar en el festival de al lado. No siempre es así, pero el papel de muchos grupos en los festivales es activar el consumo en las barras porque ahí, en la venta de cerveza, es donde se dilucida si un festival será rentable o deficitario.
¿Tiene la percepción de que se multiplican propuestas de festivales por toda la geografía nacional en una especie de economía circular en la que actúan los mismos grupos una y otra vez?
En España hay más festivales que grupos capaces de llenar esos festivales, de modo que las agencias de contratación que tienen en cartera a esos grupos son las que tienen la sartén por el mango; las agencias estatales y las internacionales. En realidad, un festival es un modelo de negocio muy frágil y, cuanto más grande sea, más frágil será porque para garantizar su éxito tendrá menos grupos entre los que escoger. Es un pez que se muerde la cola porque el miedo al pinchazo siempre está presente y la única solución es ir a lo seguro. La tendencia a la uniformización es imparable y el número de bandas y géneros musicales enteros que quedan fuera de juego tiende al infinito.
¿Qué opinión tiene de los festivales de pequeño y mediano formato que se celebran en la geografía canaria? ¿Es la condición insular un valor añadido para el desarrollo de un modelo de microfestivales?
Esta va a ser mi primera visita a Canarias y no me gusta opinar sobre festivales que no he visitado. En la península nos llega información sobre los más grandes precisamente porque su mentalidad turística les obliga a reforzar sus canales de comunicación a la caza de públicos lejanos. Muchos amigos me han hablado maravillas del Keroxen y, de hecho, el último capítulo de mi último libro habla de una gira mundial en velero que partió de allí. Ojalá en el LALA MUSIC pueda ponerme al día sobre microfestivales y otros escenarios canarios. Esta potentísima escena de artistas urbanos canarios no puede haber surgido de la nada.





