“Diosas griegas: religión, género y literatura”, de Irene González. Por Álex Ro

Dilema Editorial, 2026

Si los bueyes, los caballos y los leones tuvieran manos o pudieran dibujar con ellas y realizar obras de arte como los hombres, los caballos dibujarían imágenes de dioses semejantes a caballos y los bueyes semejantes a bueyes.

Esta cita de Jenófanes resume perfectamente el libro de Irene González, Diosas griegas. Religión, género y literatura, y lo hace porque pone el acento en cómo los griegos construyeron su mitología, a imagen y semejanza suya. Y estas palabras adquieren mayor profundidad si tenemos en cuenta que el término hombres empleado por Jenófanes, no es un masculino genérico sino se refiere a los varones ya que no emplea la palabra griega antropos (hombre como humanidad) sino andres (hombre como varón).

Transitar por las páginas del libro de Irene González es hacer un periplo por el lado más perverso de la mitología. No diré por el lado oscuro de la teogonía griega, porque en ningún momento sus narraciones ocultaron lo que decían y lo que querían transmitir: la mujer como un ser imperfecto regida por la irracionalidad puesta al servicio de los varones. Serán periodos posteriores, sobre todo con el puritanismo victoriano cuando la guadaña misógina se oculte tras el velo de los eufemismos para enmascarar realmente lo que dijeron los griegos.

Los dioses, y por extensión los varones, podían hacer uso libre de las mujeres para su propio placer y satisfacer sus caprichos. Salvo en el caso de Medea, quien se acuesta con Jasón de manera consentida, todas las diosas citadas en el texto padecen acoso sexual que llega en la mayoría de las ocasiones hasta la violación. Incluso Atenea, la más viril de todas (y la calificamos así porque asume el arquetipo masculino sin conocérsele devaneo o deseo sexual alguno, centrada como estaba en su papel como diosa), sufre el intento de estupro por parte de Hefesto. Sin embargo, estos comportamientos, esta violencia sexual, se ha normalizado durante generaciones como si lo común entre hombres y mujeres fuera una relación basada en la violencia, llegando a acuñarse expresiones tan deleznables como que la mujer, cuando dice no quiere decir que sí. Hemos tenido que llegar al S.XXI para que quede claro que un NO es un NO.

Releer junto a Irene González todos estos mitos, y señalar con el dedo la luna es un sano ejercicio más que recomendable para comprender como nuestra sociedad, basada en esa cultura grecolatina, sigue empleando muchos de los códigos que se crearon hace milenios y, lo más lamentable, que se siguen creyendo ciertos. Nadie duda que la mujer, como tal, es maternal (ahí está Atenea, quien cuida de Erictonio, el producto del intento de violación), protectora (Deméter, buscando por los cuatro esquinas del mundo a su hija Perséfone raptada por Hades), sacrificada (Hestia o Gea, que se sacrifican por el bien de los demás), débil (Afrodita, herida por un mortal) pero también rencorosa (Hera, como epítome de la venganza), cizañera (Eris, quien con una sola palabra genera conflictos), irracional (Medea, la cual es capaz de traicionar a su padre y matar a su propio hermano por amor) e infiel (Afrodita, puesta en la picota por haberle sido infiel a Hefesto cuando toda la mitología griega está repleta de casos de infidelidades masculinas vistas con buenos ojos)…

Parece que poco hemos evolucionado, y seguimos paseando por el ágora repitiendo aquello de que la mujer es un ser inferior al hombre porque está regida por los sentimientos más irracionales. Y si no, visiten las redes sociales, y vean el talante de los insultos vomitados hacia cualquier mujer que alce la voz y como hacen de comportamientos enfermizos como los celos una seña de identidad femenina (¡Qué graciosos todos esos vídeos de novias tóxicas en internet! -pulsar el botón de ironía en on, por favor-). No olvidemos que en 1991 se publicó el libro de autoayuda de John Gray, Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, que seguía remachando el mismo clavo que ya martilleó la mitología griega casi tres mil años antes y fue un bestseller.