En el marco del festival Lo Que Viene Tenerife 2026, organizado por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE), Norberto Trujillo conversa para Culturamanía con Alberto Rey, uno de los comunicadores culturales más reconocibles del panorama español. En esta entrevista reflexiona sobre su trayectoria profesional, la evolución de la comunicación audiovisual, su relación con las series y el cine, y la manera en que la ficción ha contribuido a construir su identidad personal y profesional.
Entrevistador (Norberto Trujillo): ¿Cómo surge la decisión de hablar de cine de forma profesional, de vivir de ello?
Alberto Rey: No surge de ninguna manera. Yo escribía de manera casi amateur sobre series de televisión, y entonces me contrataron primero desde un medio relativamente pequeño para hacerlo profesionalmente, y luego me fichó El Mundo. Mi carrera está basada básicamente en la suerte. Es verdad que luego se me dio bien, encontré mi espacio y mi voz, aunque suene muy cursi, y ahí poco a poco me fui expandiendo. Hay cosas que salieron, otras que no; empecé a hacer tele, dejé de hacer tele, volví a la tele…
Lo que sí tuve claro desde el principio es que no me podía poner la etiqueta ni de periodista —que no lo soy por formación y tengo muchísimas carencias como tal— ni de crítico, porque creo que la crítica es un género muy concreto que requiere de un conocimiento y una disciplina que yo no tengo. Al final, definirse a uno mismo como «espectador premium» o «comunicador» es ridículo; me abriría las venas antes de decir eso. Es una mezcla de todo: divulgación, opinión… un poco «no canta, no baila, no se la pierdan». Asumo todas esas contradicciones, pero creo que lo que puedo aportar a la comunicación de cine y televisión es decir: «Esto no es tan importante, esto es entretenimiento, vamos a divertirnos», y a la vez, «Esto no es una estupidez, no es banal; el cine y la televisión nos cuentan, y la manera que tenemos de contarnos es la manera que tenemos de vivir».
¿Y hay algún momento en el que hayas temido que esto se acabe?
Alberto Rey: ¡Por supuesto! Y además de alguna manera lo asumo. No es que sea tremendista, pero todos tenemos en la comunicación (y en todas las maneras de afrontarla) una fecha de caducidad. Te toca reciclarte o hacer otras cosas, lo tengo bastante asumido. He tenido una carrera relativamente larga y en lugares de alta visibilidad, de los que estoy muy orgulloso y muy agradecido. Hay pocas cosas que sé hacer bien, pero creo que hay que entender que todo el mundo tiene su espacio y que las voces nuevas no necesariamente implican que me tenga que apartar, sino que hay espacio para todos.
Por suerte, creo que el espacio de la comunicación de cine y televisión se expande. Cada vez hay más gente en un espacio que se amplía, no solo en escrito, radio y televisión, sino en nuevos medios que yo no controlo. Uso TikTok o las redes de manera muy básica, y me encanta que haya gente en esos ecosistemas haciendo un trabajo increíble de divulgación. De hecho, me encantaría que esos creadores de contenido tuvieran su espacio en la asociación de periodistas a la que pertenezco.
De esos proyectos en los que has tenido la fortuna de trabajar, ¿hay alguno que acabase y te diese mucha pena?
Alberto Rey: A mí me dan pena todos. He tenido la suerte de trabajar siempre con equipos que no solo me hacían sentir que encajaba y estaba a gusto, sino que me hacían sentir que aportaba y que mi contenido era valioso. En eso me siento un privilegiado. Nunca he tenido ese programa que es un infierno pero en el que te quedas porque te pagan bien, ni he trabajado con «divos» o monstruos. Donde he estado y donde estoy ahora son sitios muy felices; voy a trabajar muy a gusto. No quiero que parezca que me estoy pavoneando, me siento un privilegiado y sé que podría no tenerlo en el futuro, pero a mí me va bien y me gusta lo que hago.
¿Cuáles son las películas o series que te costaría admitir que te gustan mucho?
Alberto Rey: Mira, me he liberado de la idea del «placer culpable». Esta semana no puedo parar de hablar de la monstruosa adicción, el enganche enfermizo y la relación que tengo con Euphoria. Ayer lo hablaba con una amiga: ahora que el traficante va a dejar de vendernos la droga y no la tienen en otro sitio, nos tendremos que desenganchar por narices. No queda otra. Pero vamos, si me ponen un Euphoria semanal, aunque sea tan aberrante como esta tercera temporada, yo seguiré viéndolo hasta que me muera.

¿Y qué película o serie te ha definido más en tu vida? ¿Cuál ha provocado un cambio en ti?
Alberto Rey: No creo que haya ninguna película o serie que te defina en todo momento. Somos una acumulación de experiencias. En mi caso, por ejemplo, no veo deporte en televisión, así que esa relación tan bonita que tiene la gente con sus ídolos deportivos yo no la tengo. Mi construcción como persona a través del entretenimiento viene del cine y las series.
Tampoco tengo una mitología especial con mi infancia o juventud. En algunos sitios soy famoso (y odiado) por odiar cosas como Los Goonies, una película a la que generacionalmente debería estar a sus pies. Me gusta mucho trabajar y vivir algo que cada año me sorprende y me demuestra que me puedo seguir identificando con cosas nuevas. Esta semana he terminado Hacks y es como: “¿cómo pude vivir sin Hacks?” Pues pude. ¿Y cómo podré vivir ahora que ha terminado? Pues podremos. Al final me dedico a esto y veo series y películas como parte de mi trabajo. He aprendido a seleccionar a priori y a posteriori, lo cual no quita que de vez en cuando me trague algún «ñordo» gordísimo.
¿Qué porcentaje de cine y series ves por trabajo, cuánto por obligación, y cuánto es porque dices: «Necesito liberarme de esto y ver algo que elija yo»?
Alberto Rey: Esa es una buena pregunta y un debate que los periodistas culturales tenemos mucho: la sensación de «no estoy haciendo nada por mí». Pero para mí es un debate falso y postizo. Mi abordaje desde el columnismo de opinión es que de todas las películas y series se puede sacar algo bueno; todas tienen un motivo para verlas o una persona a la que se la puedas recomendar. Desde esa actitud, nunca siento que esté viendo algo por obligación. Tampoco creo que el dolor nos mejore como personas, pero incluso el visionado más abyecto de la película más mala me produce una reacción que me sirve para mi trabajo o para mi vida, aunque sea decidir no volver a ver una película de ese director nunca más.

Y para terminar, tu libro Peliculeros. ¿Cómo es para ti enfrentarte a escribir un libro, y que tu público vaya a leer toda tu opinión condensada?
Alberto Rey: Me encantaría escribir libros sesudos, inteligentes y súper documentados que se estudiaran en las universidades, no me escondo. Pero no sé hacerlo, lo he intentado. Soy lo que dicen un one-trick pony, sé hacer solo una cosa. Pero bueno, no la haré tan mal del todo.
Cuando me puse a escribir Peliculeros (cuyo título provisional se convirtió pronto en el definitivo porque me define muy bien), me divertía hablar de mi vida en general como si fuera una ficción, con sus giros, sus personajes y sus temporadas. Soy consciente de que me he construido a mí mismo en gran parte a través de las películas que he visto, con quién las he visto, en qué circunstancias y qué me revolvieron. Haber conseguido hacer de eso mi modo de vida es genial. Escribir es un trabajo, hay que sentarse, y hay días que preferiría quedarme en la cama, pero lo hago de manera natural. Odio la nostalgia (y mi libro es profundamente nostálgico) y odio la autoficción (y mi libro es una autoficción a veces muy narcisista), pero es lo único que sé hacer medio bien. Lo único por lo que he conseguido que me paguen.
Pue, lo único que te puedo desear es que te sigan pagando por esto y que sigas dedicándote a algo que se te da bien y te gusta.
Alberto Rey: Pues muchas gracias, es la ilusión de mi vida. Pero como le dije el otro día a Ana Milán en una entrevista, sabré dejarle el foco a otra. Yo quiero vivir en una casa rodeada por un túnel de gallinas y plantando rúcula. Cuando le toque a uno jubilarse, se jubilará.
Norberto :Pues que se cumpla.
Fotografías e imágenes cedidas para la entrevista.



