Juan Dávila y Joaquín Mazón: «La comedia es muy difícil; el drama te permite más tiempo para transitar las emociones». Por Norberto Trujillo

El director Joaquín Mazón y el actor Juan Dávila presentaron El último mono en el marco del Festival Lo Que Viene Tenerife 2026. En esta entrevista realizada por Norberto Trujillo para Culturamanía, ambos reflexionan sobre el proceso creativo de la película, la dificultad de la comedia, la relación entre guionista y director, y las lecturas que se esconden detrás de una historia que busca hacer reír sin renunciar a la reflexión.

Norberto Trujillo: En el pase de El último mono en LQV26 el público no paraba de reír, pero ¿qué esperan ustedes de cara al estreno?

Joaquín Mazón: Bueno, pues mira, justo hablábamos antes de que Susana, que no ha podido venir aquí, está muy orgullosa de la película, y yo también. Me parece que es una película que conecta muy bien con el público. Lo que esperamos es precisamente eso: que se traslade a las salas y que la sensación que tenemos nosotros, y que hemos tenido en los pases que hemos hecho, sea la sensación que haya en los cines.

Cuando afrontas el guion de Joaquín Oristrell, ¿cómo es para ti dirigir algo que escribe otro director?

Joaquín Mazón: Joaquín y yo tenemos una relación increíble de respeto mutuo. Él sabe que yo voy a hacer lo mejor posible para defender su guion, llevándolo literalmente a la pantalla o improvisando; él es muy generoso en eso. Y él no se mete absolutamente nada en el trabajo de dirección. Nada. Dice: «Es tu película ahora, tienes que llevarla a cabo», y confía mucho.

Ya hicimos juntos La vida padre y, cuando tengo dudas, le digo: «Joaquín, tengo dudas con esto» o «Mira, voy a hacer esto otro». Él a veces me responde: «Ah, yo lo veía de otra manera». De hecho, ahora, cuando ha visto El último mono, ha encontrado situaciones que él imaginaba de otra forma y, cuando las hemos visto con público, me dice: «Tenías razón, ha funcionado».

Al final, él, como director, sabe que cuando estás en un rodaje la cosa está viva. No puedes ceñirte a un plan preconcebido.

¿Y qué diferencias hay entre esta y tus otras comedias?

Joaquín Mazón: Bueno, a mí lo que me gusta es contar historias. Hay veces que las películas son sobre un tipo perdido que adopta a cinco niños, cada uno de un país distinto, como en La familia Benetón; otras veces es La Navidad en sus manos, con un Papá Noel muy peculiar interpretado por Santiago Segura; y otras veces es una historia que nace de otra pulsión.

Cuando Fernando Bovaira me dijo: «Léete este guion de Joaquín, que quiero repetir la fórmula de La vida padre: Joaquín, tú y yo», es decir, productor, guionista y director repitiendo equipo, no lo dudé. Dije: «Vamos, a muerte».

Esta es una película en la que llevaban cuatro años trabajando el guion y era perfecta para rodarla ahora. La combinación entre Joaquín y yo funciona muy bien porque él tiene, evidentemente, mucha más experiencia que yo y una visión propia de su generación, mientras que yo tengo la de la mía. Esa combinación de estilos diferentes, tanto al escribir como al dirigir, nos lleva a hacer cosas como esta. El último mono me parece una película que funciona estupendamente.

Juan, tú empezaste primero como actor, pero la mayoría del público te conoce por tus espectáculos de humor. ¿Cómo llevas tener que explicar esto al público?

Juan Dávila: Bueno, yo creo que eso no lo ha entendido todavía nadie (risas). Entonces yo lo explico, pero da igual, porque es tan fuerte la otra imagen que esta al final se queda muy difuminada.

Pero bueno, es un trabajo más. Tú llevas veinte años haciendo alfarería y de repente dicen: «No, es que este se ha metido a hacer tuberías». Bueno, pues las diez primeras veces todavía dicen: «Sí, pero este es el alfarero, ¿no?».

Todo será cuestión de que la gente vaya entendiendo que también se pueden hacer otro tipo de actividades creativas, que no todo tiene por qué ser encima de un escenario y haciendo improvisación.

¿Y dónde te sientes más cómodo actualmente?

Juan Dávila: Pues hombre, llevo mucha, mucha tralla de improvisación. Y esto, el cine, al final es ir cogiéndolo poco a poco.

Yo estoy muy cómodo en la libertad absoluta de ir sin guion, y aquí se trata de contar una historia. Estás al servicio de una historia, no de cualquier cosa que esté pasando. En mis espectáculos pasa una paloma y nos vamos con la paloma; aquí estás en la escena, en la réplica al compañero… Es otro tipo de arte.

En el registro cómico al que juegas en los espectáculos y en el cine, ¿cómo es para ti diferenciarte?

Juan Dávila: No tiene nada que ver, porque este es un personaje absolutamente cómico y el otro estaba al servicio de la comedia del resto.

Yo creo que El último mono tiene algo de políticamente incorrecto, a priori, que la gente va a querer ver porque está muy de actualidad, y eso va a ayudar mucho a la taquilla. Se va a notar en cuanto se estrene.

Tu personaje es mucho más fácil de digerir cuando el espectador ya tiene aprecio por el actor. ¿Cómo se ha trabajado esto de cara al espectador que no te conozca?

Juan Dávila: Sí, buena pregunta. Trabajamos mucho para que la gente que no tenga empatía conmigo pueda tenerla con el personaje, pensando en quien venga de cero.

Pero sí que es cierto que, por ejemplo, ayer, durante la proyección, cuando se rieron mucho con lo del policía, puedes entender que haya momentos que funcionen también como un guiño a la persona.

Anoche uno de los momentos que más funcionaron fue el del taxista. ¿Esperaban una acogida tan buena?

Joaquín Mazón: ¡Sorpresa absoluta!

Juan Dávila: Pero fíjate que en ese chiste se juntan la regla del tres, la sorpresa y que el remate además rima. Es un chiste que parece que el actor simplemente soltó, pero tiene muchos elementos de comedia que aumentan su fuerza.

La película tiene muchas frases de esas que luego quedan en la memoria colectiva. ¿Cuentan con que esto suceda?

Joaquín Mazón: Ayer me sorprendió. Las carcajadas fueron tremendas. Y es verdad que se rieron muchísimo cuando el policía dice: «¡Hostia, el puto amo!». Yo pensé: «Bueno, esto lo tenemos hecho ya».

Juan Dávila: Sí, ahí dijimos: «Ya está, esto está hecho». Tiene que ser un poco meta, ¿sabes?

Has dicho que te desenvuelves mucho más cómodamente en el drama. ¿A qué se debe eso?

Juan Dávila: Bueno, a que la comedia es muy difícil.

En la formación interpretativa se le da mucho peso al drama: a la verdad, a las respuestas orgánicas, a alojarte en un lugar emocional concreto y a introducirte en el conflicto del personaje. Incluso en las escuelas la comedia no se trabaja demasiado.

Y luego hay algo en el drama que tiene que ver con el tiempo, la escucha, lo que ves y lo que te produce, la imaginación… Puedes darte más tiempo para transitar todo eso. La comedia, en cambio, tiene una velocidad que exige estar muy rápido en todo.

Joaquín, El casoplón era un Parásitos a la española. ¿Crees que el público general desentraña todas esas intenciones?

Joaquín Mazón: ¿Sabes qué pasa? Que a veces lo logras y a veces no. A veces me da mucha rabia (risas).

Depende mucho del tipo de comedia. Por ejemplo, hacemos La familia Benetón y yo sé perfectamente qué película es: una película destinada al público familiar e infantil. Pero soy muy pesado intentando que todas las películas tengan un mensaje. No hacer una comedia porque sí.

En el caso de El último mono pensé: «Hay mucho que contar aquí». Entonces nos sentamos con los actores y hablamos de qué trata realmente la película. Hay mucho trabajo previo al rodaje.

A mí me gusta tener una palabra o una frase que resuma la película. Esta habla de las contradicciones. El protagonista es una contradicción andante. Eso ayuda a los actores, me ayuda a mí y ayuda al equipo técnico.

De El último mono estoy muy orgulloso. Es una de las películas que más me gustan de las que he hecho.

Al final se trata de descubrir el mensaje que hay debajo de todo aquello con lo que te estás riendo. Y luego está lo que tú comentas de la similitud entre El casoplón y Parásitos, que me encanta que me lo digas porque me has alegrado el día. Pero habrá mucha gente que no lo vea, y es normal.

También es importante que la película funcione para todos los públicos. No puedes quedarte únicamente en tu mensaje. Cuando hablé con Paz Vega sobre El casoplón le dije: «Quiero hacer un Parásitos a la española». Y ella me respondió: «Tú estás loco».

No lo consigues con todo el mundo, y es lógico. Yo prefiero que la película funcione y que, de vez en cuando, alguien con cierta sensibilidad descubra algo más. Porque en las películas no puedes tenerlo todo.

Juan Dávila: Y luego está muy bien que alguien diga: «Voy a ver la siguiente película de Joaquín Mazón» por algo que encontró en una obra anterior. No es habitual que haya gente que quiera seguir la trayectoria de un director de esa manera. Creo que es interesante porque todas las películas de Joaquín han funcionado.

Joaquín Mazón: La vida padre es una de las películas que más me ha gustado hacer. Es una película muy bonita, nacida de una historia personal mía que le conté a Joaquín y a la que luego le dimos la vuelta.

Sí, es una comedia y tiene momentos de mucha risa, pero también es una película que te empieza a hacer un agujerito aquí dentro.

A mí me encantaría hacer siempre películas con ese tono. Es el tono que más me gusta. El último mono también tiene algo de eso: dos personajes que hacen un viaje juntos.

Pero no siempre puedes hacer la misma película. Tienes que intentar hacer la mejor película posible. Yo hago lo que puedo, humildemente, pero siempre desde el deseo de sentirme orgulloso de lo que hago y de poder defenderlo.

¿Qué pueden decirle al público que no sepa nada de ustedes y quiera saber algo de la película para animarse a verla?

Joaquín Mazón: Yo creo que El último mono, que llega a los cines el 7 de agosto, es una comedia divertidísima. De esas películas que, si vas en pareja, te hacen mirar al otro y preguntarte: «¿Qué estás pensando?».

Son esas películas que te dejan muy buen sabor de boca y que luego, cuando sales a cenar, sigues comentando. De repente recuerdas el chiste del taxista o empiezas a desmontar la película y a analizarla casi sin darte cuenta.

Creo que va a conectar con distintas generaciones. Espero que la gente la disfrute mucho en los cines y que vaya a verla sin prejuicios. Además, es una película que puedes ver con quien quieras. No es de esas de las que piensas: «A esta persona no la puedo llevar».

Creo que habrá parejas que descubran un poquito más de la personalidad del otro viendo esta película.

Juan Dávila: Y además concilia a dos Españas polarizadas. Es una película conciliadora, pero desde la conciencia.

Fotografías e imágenes cedidas para la entrevista.