El International Ocean Film Tour volvió a conquistar al público en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna con una edición repleta de emoción, aventura y un profundo respeto por el mar. A través de cinco documentales de extraordinaria belleza, el festival invitó a viajar por algunos de los rincones más fascinantes del planeta, demostrando que el océano es un espacio de vida, inspiración y aprendizaje. Cada historia ofreció una perspectiva diferente, pero todas compartieron un mismo mensaje: la importancia de proteger un entorno natural tan espectacular como imprescindible.
La primera proyección, Home is the Ocean, emocionó con la historia de la familia Schwörer, que ha hecho del océano su hogar durante más de dos décadas. Su forma de vida, educando a sus seis hijos mientras navegan por algunos de los lugares más remotos del mundo, invita a reflexionar sobre la conexión con la naturaleza y las distintas maneras de entender la familia y la educación. A continuación, Christa Funk: First In, Last Out mostró la pasión y el talento de una de las pocas fotógrafas profesionales de surf de grandes olas. Sus impresionantes imágenes en la legendaria Pipeline de Hawái, unidas a su perseverancia para abrirse camino en un deporte tradicionalmente masculino, dejaron claro que los sueños pueden hacerse realidad con esfuerzo y dedicación.

La aventura tomó protagonismo con Up the Coast, un fascinante recorrido por la costa salvaje de Sudáfrica junto al campeón mundial de kitesurf Kevin Langeree, donde el viento, las olas y unos paisajes espectaculares regalaron algunas de las imágenes más impactantes de la sesión. Uno de los documentales que más sorprendió fue A Different Beast, en el que los hermanos Maclean afrontan el increíble reto de cruzar el océano Pacífico a remo, sin escalas y sin asistencia ¡de locos!. Su determinación, sentido del humor y fortaleza mental convirtieron esta expedición en una auténtica lección de superación. El cierre llegó con The Last Dive, una historia profundamente emotiva que narra la amistad entre Terry Kennedy y Willy, una enorme manta raya que cambió para siempre su forma de entender la vida y lo llevó a convertirse en un firme defensor de la conservación marina.

La jornada también permitió descubrir la extraordinaria labor de Latitud Azul, una asociación sin ánimo de lucro comprometida con la conservación y protección de los océanos a través de la educación, la divulgación y la participación ciudadana. Fue un auténtico acierto contar con la presencia de Maite Asensio Elvira, presidenta de la entidad, quien explicó de primera mano los proyectos que desarrolla para acercar el medio marino a la sociedad, fomentar la conciencia ambiental e impulsar acciones que ayuden a preservar nuestros ecosistemas marinos. Una intervención inspiradora que completó una tarde en la que el cine documental volvió a demostrar su capacidad para emocionar, concienciar y recordarnos la enorme belleza del océano y la responsabilidad compartida de protegerlo.

Fotografías de Jesús Hernández



