Cien años del nacimiento de Manuel Millares Sall. Por Álex Ro

Exposición Millares. Centenario

Sala de Exposiciones Instituto Canarias Cabrera Pinto (La Laguna)

Nacido en el seno de una saga de encumbrados intelectuales y artistas, logró por méritos propios hacer del apellido Millares un patrimonio personal.

El vacío, la ausencia, es una clara presencia en su trayectoria. Abandonó su nombre, abandonó el color, abandonó las islas, abandonó las formas, abandonó la palabra. Todo ello para construir una obra pictórica coherente, continua en el tiempo, como ariete contra el arte académico imperante en su época. Pasó de Manolo a Millares.

Firmas de Millares

Visionar sus cuadros y serigrafías es trascender de la realidad a ese mundo etéreo de la ausencia de formas, con pinturas con volúmenes en donde los materiales pobres pasan a primer plano como ocurre con el hierro oxidado, el cartón y la tela de saco, elementos que ocupan un lugar preeminente. La nada forma parte de su narrativa, con los agujeros y las roturas de unos lienzos burdos, hasta el punto de que el bastidor de la propia obra es parte de la pintura. La inexistencia y esos materiales míseros actúan en el imaginario de Millares como si fueran un color más de su escasa paleta pictórica. Porque la pintura para Millares es una grieta en la realidad en donde la ausencia de color se transforma en un grito de silencio, un grito sordo que nos habla del holocausto del S.XX, de la hoguera de la civilización. Esto queda representado en sus homúnculos, cuerpos sin personas, pobres como los materiales con que están hechos o esas caligrafías de no palabras, verdadero homenaje a su abuelo Agustín Millares Carló, paleógrafo e historiador, quien expuso públicamente la locura de la Inquisición en Canarias, con esa crítica atroz contra la clerecía en su serie Los Curas.

Cura (1963) Detalle
Cuadro 12 (1957) Detalle aspillera cosida
Homúnculo (1960) Detalle cartón .
La Procesión (1960-65) Detalle plancha de hierro
Clown (1971)
Homúnculo (1960)
Animal de Fondo (1966)

Porque la pintura de Millares es una pintura comprometida, no lo olvidemos, una pintura de denuncia, aunque debemos escuchar sus silencios, sus vacíos, para comprenderla.