Claro como el agua: Festival La Mar de Músicas, día 1. Por Álex Ro

DÍA 01

VIERNES 17-07-2026

Volver, como dice la canción, pero sin la frente marchita. Volvemos al frenesí del concierto tras concierto, del peregrinar de un escenario a otro, al rito de mirar, palpar, saborear, olfatear la música… volvemos a alimentarnos de melodías generosas, diversas, múltiples. Volvemos a la Mar de Músicas.

Poesía musical de San Pedro Bonfim y Su Milagros, que no es otro que el cantante de Lolabúm santificado para evangelizar a sus fieles con sus doce plegarias a la vida.

Mirar la vida desde los márgenes, desde ese lugar donde germina la música urbana, el crisol de todas las melodías. Machaka nos pone ante el espejo, ante la facilidad con que nos transformamos en mestizos, hablándonos de su Cartagena ecuatoriana en la otra Cartagena; de tierra al mar. Nos hizo su amarre musical y como neófitos de esta nueva religión, bailamos sin reparar que todavía son las 8 de la tarde y queda mucho ritmo con el que lidiar.

Solo son sonidos pero, ¡qué benditos sonidos! Melodías al aire con textura de lucha y conciencia para iluminar las hebras invisibles que unen la carne con el espíritu. Oumou Sangaré sonrió, cantó y bailó, conectando sus pies con la tierra. Porque descalza caminó sobre las aguas para pregonar el canto de calles copadas y diásporas. La lengua se hace inteligible cuando se escucha con los sentidos y te lleva a imaginar los aromas en que son paridas las palabras.

Comunión con la vida, que es bella, que es linda, sobre todo si Silvia Pérez Cruz decide transformarse en la Beatriz de Dante. Un sueño visual, un lienzo de notas, un universo de colores. Del negro al rojo. De la oscuridad a la luz. De lo íntimo a lo público. De lo mío a lo nuestro. Cercana como el rocío de la mañana nos señoreó para obligarnos a no olvidar a los ausentes. En un mundo tan feo, brilla como faro la honestidad de sus palabras.

La herencia de la sangre transitó de mano de los Gilsons. Trinidad generacional sobre el escenario para hacer pura música brasileira, que es Bossa Nova pero también mucho más. Inteligencia melódica para cerrar la comunión de cuerpos.

Tres, dos, uno… estallando como pompas de jabón, quedó la iridiscencia del cuerpo impregnando cada rincón de la Mar de Músicas.

Texto y fotografías de Álex Ro