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Crónica: Andrés Calamaro en el Pabellón Santiago Martín de La Laguna. Por Adrián Gómez

Recital de proporciones heroicas, más por entrega, intensidad, ejecución y repertorio, que, por asistencia, tratar de separar en estos días al Calamaro personal del artista parece tarea ardua, pero no debería serlo. El músico argentino es un profesional intachable, y es lo que demostró el pasado sábado 25 en La Hamburguesa.

Sus simpatías políticas son vox populi (literal), su filia pro-taurina también, y sus últimas declaraciones lo han puesto en la picota del linchamiento mediático, pero eso no ha de ser impedimento para catalogar a un maestro del directo. Todos conocemos su pasión por Dylan…no es acaso, el genio de Duluth una figura controvertida, polémica y contradictoria? Importa la vida personal para juzgar a figuras como Ted Nugent, Michael Jackson o Ike Turner? Hace apologia el argento en su cancionero de sus ideas? La respuesta es rotunda. No. Y si así fuera está en su derecho. Su talento es indiscutible. Y no hablamos de Marta Sanchez…

«Alta Suciedad» abre el show de manera poderosa… hay ganas y se le nota. Las gradas medio vacías indican que no ha sido el éxito de asistencia esperado. Pero los de la pista y un servidor explotan con los primeros versos de «Clonazepan y circo» Aquello se convirtió en una sucesión de himnos que, mal que le pese a algunos, aglutinan varias generaciones. «La parte de adelante» o » A los ojos», dan fe de ello.

«Verdades afiliadas» representa la primera incursión en su último álbum. «Cargar la suerte». La banda destila tablas en todo momento. Andrés, como Bob, no se separa del teclado. No lleva gafas, y lleva cinta en el pelo, cual guerrillero del rock and roll…lo es. Y no solo por guiños a los Beatles o The Police en el cierre de sus temas… «Tuyo Siempre» me trae recuerdos de aquel Salmon a contracorriente.»All you need is pop» es otra declaración de intenciones, necesaria en estos tiempos convulsos de reggaetontos y cultura baladi. Una guitarra, un bajo, batería y teclados, más el ex Rodríguez al piano. Memorias de anteriores visitas, la primera con Sabina, algún romance perdido y quizá añorado, poemas urgentes entre los hits y la verborrea ocurrente e incontinente, inherente al artista, nos lleva a una recta final que ya gozo en pista, saltándome las reglas, al igual que él lo hace desde el escenario, al ritmo del «Miss You» de los Stones… caliente caliente.

«Loco» y «Estadio Azteca» retumba en el pabellón… los vociferantes asistentes se unen al credo justificadamente.» Los chicos» da paso a reconocernos en esos» Crímenes Perfectos» que nos llega al alma. Lágrimas y abrazos que se incrementan a coro desatado en» Paloma», canto épico y oda al amor interrumpido que suena a trompas de ángeles y trombones del infierno, que diría Alex de Large.

La» Milonga del Marinero y el Capitán» parece que cumple la cuota Rodríguez, antes de los bises. Satisfacción garantizada y capote invisible, con el performer agradecido. Faltaron joyas, de acuerdo, pero es imposible desglosar tal compendio de clásicos en solo dos horas. » Flaca» convence y vence al más reticente, a viva voz, siguiendo esa coda guturalmente, el público enardecido. Último cartucho y recuerdo a Julián Infante con » Me estas atrapando otra vez”, y despedida por todo lo alto. Los que quedan por venir este año, lo tienen muy crudo para superar semejante show. Ni hypes gafastas, ni pachangueros adocenados ni trending topics lo tienen fácil… hace veinte años que lo vi por última vez en aquel olvidado Son Latinos…la espera ha merecido la pena… que no pasen otras dos décadas, por favor…» No se puede confiar en nadie más»

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