Una de las historias más extravagantes vinculadas con el cristianismo en el Siglo XX es la de Cronovisor, un relato que ha tomado el cuerpo de una leyenda urbana, según el cual, el Vaticano custodiaría una máquina capaz de fotografiar el pasado. Más allá del ecosistema de los aficionados a las rarezas, la supuesta existencia del Cronovisor llegó a un público más generalista a través del interés mostrado por diversos medios de comunicación italianos. La fuente original de este relato fue el monje benedictino Pellegrino Ernetti, quién en una entrevista publicada el 2 de mayo de 1972 en La Domenica del Corriere, revelaba cómo había desarrollado ese dispositivo en los años 50 junto a un equipo de doce científicos, entre los que se encontraban los físicos Enrico fermi y Wernher von Braun. Al parecer, tras 13 años de trabajo desarrollaron cinco prototipos, que finalmente fueron destruidos junto con los planos por el propio Vaticano, ante el peligro potencial que una tecnología así podía representar, al no dejar margen a la privacidad.
No se trataba de una máquina para viajar al pasado, al estilo clásico de la ciencia ficción, sino para captar ese pasado. Según Ernetti, en declaraciones a La Domenica «Toda la elaboración se basa en un principio de física aceptado por todos: que las ondas sonoras y luminosas, una vez emitidas, no se destruyen, sino que se transforman y permanecen eternas y omnipotentes alrededor de la Tierra; por lo tanto, pueden ser reconstruidas, como cualquier energía, ya que ellas mismas son energía”
«El Cronovisor -añadía en aquella asombrosa conversación- funciona como un televisor del pasado. El aparato podía captar y proyectar imágenes y sonidos específicos. Pudimos contemplar el pasado vivo. El dispositivo se sintoniza en el tiempo y el espacio deseados, reconstruyendo las ondas que el evento original dejó impresas en el éter». Ernetti añadió comentarios tan evocadores los referidos a la Pasión y otros personajes históricos: «Vimos todo: la agonía en el jardín, la traición de Judas, el proceso… el Calvario. Captamos la imagen de la crucifixión de Jesús. También escuchamos y vimos a Cicerón pronunciando su famoso discurso ante el Senado romano en el 63 a.C. Sus gestos, su entonación… ¡qué oratoria tan fantástica! También pudimos sintonizar a Mussolini y a Napoleón.»
Las fotos: pruebas convertidas en burdos trucos.
La famosa entrevista se publicó junto con una fotografía supuestamente auténtica tomada a Jesús con el Cronovisor en el momento de su agonía en la cruz. En poco tiempo se descubrió que la imagen realmente correspondía a una estampa del rostro del Cristo del Amor Misericordioso, del Santuario de Collevalenza, una obra del escultor español Lorenzo Cullot Valera. Aquel hallazgo desacreditó el relato de Ernetti, pero la simplicidad de este levantó sospechas sobre una supuesta maniobra del Vaticano para hacer dudar de toda la historia. Es plausible pensar en algo así, considerando lo entusiasta y detallista que se mostraba Ernetti con su revelación, y lo burdo del montaje. ¿Engañaron al benedictino? Quizá nunca lo sabremos.
Hoy en día se cuentan por cientos las fotos atribuidas al Cronovisor, fakes recientes favorecidas por las herramientas digitales. Sólo una segunda foto cuenta con cierta tradición de pertenecer al Cronovisor, Una imagen de Jesús paseando con sus apóstoles, foto que en este caso correspondería realmente a un cuadro de Johannes Raphael Wehle (1900), conservado en el Anvil House, en Wellington, Nueva Zelanda. Otro fiasco.



