Diego Céspedes: Crecer en un mundo hostil, pero acompañado, también es una forma de resistencia

Culturamanía entrevista al cineasta chileno Diego Céspedes, ganador del Gran Premio Un Certain Regard del Festival de Cannes 2025 por La misteriosa mirada del flamenco, su primer largometraje. Una conversación en la que profundizamos en su universo cinematográfico, la memoria, la identidad, la familia elegida y el poder del cine para abordar las realidades de quienes han sido históricamente marginados.

La entrevista se enmarca en las Jornadas de Cine Fuera de Campo, que se celebrarán en el TEA Tenerife Espacio de las Artes a lo largo de seis jornadas (3, 4, 5, 10, 17 y 18 de noviembre), con encuentros y actividades programados a las 19:00 horas. Céspedes será uno de los protagonistas de esta cita, donde impartirá una clase magistral para compartir su mirada sobre el cine, la creación y la relación entre las imágenes y la realidad.

De Cannes a Cannes. En 2018 conseguiste el Primer Premio de la Cinéfondation con El verano del león eléctrico y, en 2025, regresaste al festival para obtener el Gran Premio Un Certain Regard con tu primer largometraje. ¿Cómo ha evolucionado tu manera de entender el cine desde aquel primer cortometraje hasta La misteriosa mirada del flamenco?

Diego Céspedes (DC): Cada vez creo que hay que entender menos el cine para poder hacerlo. Desde mi primer corto hasta mi último largo he entendido que lo más importante es si lo que estoy haciendo remueve algún espacio de mi panza, o la de mis más cercanos, o la de gente que nació en el lado aparentemente incorrecto de la historia. Sigo sin entenderlo y quiero quedarme así: aprender técnicas y después desaprenderlas. Quiero probar y equivocarme. Esa es para mí la evolución de mi idea del cine: entenderme y desentenderme.

La memoria hecha cine. La misteriosa mirada del flamenco recupera el Chile de principios de los años ochenta para abordar el miedo al VIH, la discriminación y la persecución de las comunidades homosexuales. ¿Qué recuerdos, experiencias o inquietudes personales te llevaron a construir esta historia y convertirla en una película?

DC: No viene desde un lugar de reconstruir con precisión la historia. Primero es contar las relaciones de personas marginadas que quieren amar y ser amadas, entenderse y ubicarse en algún espacio de este mundo. Está inspirada en personas que quiero, pero que no vivieron esta historia específicamente, sino sentimientos parecidos. O relaciones parecidas. Siempre he pensado, por ejemplo, que la relación entre Flamenco y Lidia es una mutación friccionada del amor que se tienen mis dos hermanos.

Y, segundamente, creo en hablar sobre el pasado haciendo analogías con el presente, también en recordar el pasado para construir el futuro. El mundo de hoy se vuelve oscuro: líderes conservadores, individualistas y fascistas toman el poder. Luchas que creíamos ganadas se van a tener que volver a poner en disputa. Suena como algo ya vivido por la humanidad hace poco tiempo y olvidado por la fragilidad de la memoria humana. Hablar sobre el pasado, incluso sin la intención de reconstruirlo con precisión, es aprender de nuestros errores y rescatar las buenas partes del alma humana. Hablar sobre periodos oscuros y aprender de ellos para no cometer los mismos errores en el presente y el futuro.

Entre la realidad y la fantasía. La película combina elementos de western, fábula y realismo, y nos acerca a una realidad muy dura a través de la mirada de Lidia, una niña de once años. ¿Por qué elegiste este punto de vista y qué posibilidades te ofrecía la fantasía para contar una historia como esta?

DC: Es un punto de vista que se me hacía familiar. Crecí en una familia de mujeres y donde la mayoría de los que éramos hombres éramos maricones. La figura que tenía más cerca en mi infancia era la de una chica que intenta crecer en un mundo hostil, pero con mucha compañía de la familia, con todos sus aciertos y desaciertos. Lidia es mis hermanas y mis primas. Mujeres inteligentes en un mundo gobernado por hombres tontos y hambrientos.

Still_La misteriosa mirada del flamenco

La familia elegida. Uno de los aspectos más conmovedores de la película es la representación de una familia queer que encuentra en el afecto y los cuidados una forma de resistencia frente a un entorno hostil. ¿Qué importancia tiene para ti visibilizar estos vínculos y reivindicar otras formas de entender la familia?

DC: Es sumamente importante. Es volver a hablar sobre comunidad en un mundo capitalista terrible al que le favorece que no miremos al del lado. Los humanos somos seres sociales y podemos encontrar amor y reconstruir la historia entre nosotros. Elegir a tu familia y elegir amar en la adversidad es de las cosas más bellas del ser humano. Elegir a una familia es darse nuevamente la oportunidad de creer que el de al lado sigue siendo importante, a pesar de que su familia de sangre no pudo ver su belleza.

El poder de una mirada. El título de la película encierra una metáfora sobre el miedo, los prejuicios y la capacidad de mirar al otro sin juzgarlo. ¿Qué significado tiene la mirada dentro de tu universo cinematográfico y qué te gustaría que el espectador descubriera al acercarse a los personajes de esta historia?

DC: La mirada es inmensamente poética y cinematográfica, tiene la capacidad de transmitir sin hablar. Con tan poco puede transmitir mucho. Si uno mira fijamente a una persona a la que le está doliendo el alma, puede incluso compartir ese dolor. Creo en esto profundamente.

Y vuelvo a hablar sobre los tiempos capitalistas de hoy: nos la pasamos frente a una pantalla y no nos miramos a nosotros ni al que está al lado, cuando solo con levantar la cabeza podemos entender qué hay en el otro. Me gusta eso: la mirada es volver a creer en el alma de los humanos.

El cine que queda. En tu masterclass de las Jornadas de Cine Fuera de Campo reflexionas sobre el cine y su relación con la realidad. En un momento de consumo audiovisual inmediato y sobreexposición a las imágenes, ¿qué debe conservar el cine para seguir emocionándonos y dejando huella en el espectador?

DC: Hablar desde uno mismo. No creo que haya algo realmente escrito en piedra en el cine. Ninguna técnica va a ser suficiente para contar un corazón roto. Es en la búsqueda de la propia experiencia donde sale lo más lindo y brillante, o lo más oscuro y también brillante. En eso creo que hay que poner énfasis. Yo puedo mostrar algunas de las técnicas que me funcionan a mí para conectar mi experiencia con el cine, pero siempre empujo y digo que cada uno encuentre la suya, porque eso es intransmisible.

Mirar hacia el futuro. Después del extraordinario recorrido internacional de tu primera película, en 2026 has regresado a Cannes como miembro del jurado de la Competición Oficial. ¿Cómo ha cambiado tu percepción del cine al pasar de presentar tus propias películas a valorar las de otros cineastas? ¿Hacia dónde te gustaría dirigir ahora tu mirada creativa?

DC: Fue una experiencia muy linda que conservo con mucho amor. Pero tampoco lo pienso tanto. Me llevé muy bien con todo el jurado y fueron como dos semanas de ver buen cine y comentarlo con amigos mientras tomas un agua con gas o una Coca Zero o un café. Fue entretenido e intenso. Había pasión y ganas de hablar de cine.

Y sobre mi mirada creativa, espero seguir haciendo lo que me mueva la panza. No tengo una estrategia inamovible.