Diego Gónzalez Reinfeld: “Si nos acostumbramos a mirar al miedo, cuando nos intenten vender los discursos de odio no los vamos a comprar fácilmente”. Por Verónica Martín

Diego Gónzalez Reinfeld nació en Venezuela, y en la adolescencia emigró a Tenerife. Ese cambio vital cambiaría para siempre su destino personal y profesional. Un error en el instituto le adjudicó una plaza en las clases de teatro, y ese giro narrativo lo convirtió en la persona que es hoy en día. Desde entonces, el mundo de las palabras ha formado parte indisoluble de su vida, y acabó dedicándose a los cuentos orales y a la escritura. En esta entrevista nos habla acerca de ese proceso migratorio, de su amor por la narrativa, de su primer libro y de sus futuros proyectos. 

P: ¿Cómo empezaste en la narración oral? ¿Cómo fueron tus primeros pasos?

Empecé con la narración oral de forma no profesional, más bien fortuita, en el año 98. Estaba en el instituto y por un error informático me metieron en teatro. Tal vez un error humano que nadie admitió. Fui a la clase de teatro, y lo único que quería era quitármela de encima, así que nada, dije que me apuntaba a lo primero que había… y lo primero que había era una sesión de cuentos. La profesora, que era amiga de Ernesto Rodríguez Abad, el director del Festival de los Silos, me mandó a una sesión que había en Santa Cruz en una tasca llamada La Tata, yo fui y me voló la cabeza aquello… A partir de ese momento me dediqué a contarle cuentos a todo el mundo en el instituto, a mi familia, yo qué sé, de todo. Y ellos me dijeron que si de verdad me gustaba me fuera con ellos a Guadalajara, al Maratón de Cuentos de Guadalajara, y fui…

Comencé a profesionalizarme, de algún modo, cuando subiendo en la guagua una noche a La Laguna, también, o sea, un año después quizás, había una chica hablando por teléfono con su jefe diciéndole que iba a intentar conseguir un cuentacuentos, y terminé acercándome a ella y diciéndole que era cuentacuentos… Terminé yendo a un bar llamado El Esquinazo, y aquello fue una de las mayores experiencias sobre las tablas, de estar un año buscando repertorio, un año viendo a gente de todo tipo, gente que iba por los cuentos, gente que iba a beber, gente que ya estaba bebida o bebiendo… Produjo en mí no solo una conexión con el repertorio y conmigo, sino un encuentro con la audiencia y la forma en la que se conecta con el público a la hora de narrar, cómo se tiene que respetar esa trinidad que son quien narra, quien escucha y lo que se narra.

P: Tienes cuentos para adultos y niños que giran sobre el tema del miedo… ¿Por qué has elegido el tema del miedo varias veces? ¿Hay un motivo concreto?

Sí, tiene un motivo, evidentemente. A mí toda la parte del miedo me apasiona, tanto el miedo como el terror, ¿vale? Porque los cuentos tradicionales tienen mucho de eso: habitan situaciones incómodas, habitan situaciones espeluznantes…Porque el cuento permite acercarnos a esas situaciones desde una posición vicaria, es decir, podemos ser testigos de todo eso que ocurre sin necesidad de sufrirlo en nuestra propia carne. 

El cuento, en sí mismo, tiene una cosa muy bonita que es que nos enseña, se va quedando dentro. Hace poco se descubrió gracias a la neurociencia que, cuando una narración tiene un buen arco argumental y un buen arco dramático, lo registramos, lo guardamos en nuestra memoria autobiográfica. También porque el miedo está poco explorado. No se le habla de esto a los niños, a las niñas. Ponemos como una barrera, y en esa misma barrera limitamos su acceso a la información, su acceso al conocimiento. Es decir, si no conozco el miedo antes de enfrentarme a él, cuando venga, ¿qué va a pasar? Entonces, digamos que el cuento se convierte en una especie de laboratorio, en un espacio seguro de práctica y de aproximación para poder entrenar nuestras emociones y para poder saber qué hacer. 

En el caso de las personas adultas, un poco cambia el enfoque, porque las personas adultas ya están expuestas al miedo y llevan vivenciando y viviéndolo de muchas, muchas formas. Entonces, cuando cuento en estos espectáculos de personas adultas, es para acercarles otra vez al miedo y que se detengan a prestarle atención. En lo cotidiano, es algo que ya no te impacta. Entonces, me gusta mucho aproximar a la gente a estas temáticas, no tanto por un disfrute sádico (que no lo tengo), sino por poder acompañar desde el respeto y desde el cuidado en esas situaciones. 

Hoy en día tenemos un discurso del miedo constante, nos intentan hacer odiar al otro a través del miedo, nos intentan hacer, comprar ideas o ideologías a través del miedo. Y creo que lo que te decía de ese laboratorio, donde experimentar y donde confrontar el miedo, y que nos enseña a mirarlo a la cara que ofrece el cuento, también es valioso para esas situaciones. Si no acostumbramos a mirar al miedo, cuando nos intenten vender los discursos de odio no los vamos a comprar fácilmente. 

“… Gracias a las teorías del pensamiento decolonial, también me permito abrir otros campos de reflexión en torno al cuento y pensar posibilidades y en los procesos creativos”.

P: He leído que naciste en Venezuela. No sé en qué momento llegaste aquí, o qué vínculos guardas con tu tierra natal… Pero me gustaría preguntarte si ese proceso migratorio ha influido, de algún modo, en tu manera de narrar. Porque al ser una experiencia vital tan importante, supongo que tiene influencia también en tu faceta profesional y creativa…

Buena pregunta. Yo llegué a España con 17 años, cumplí los 17 a la semana de estar aquí. Y por esas cosas de los sistemas educativos y de toda la locura de convenios y demás, yo tuve que repetir la secundaria, la parte no obligatoria. Allá yo estudiaba ciencias puras y estaba en el último año. Y al venir, me aburría como una ostra el pensar hacerlo de nuevo, así que tomé letras puras. Y fue allí donde ocurrió el error informático y me metieron en teatro. Un poco ya el simple hecho de venir, migrar y verme obligado a cambiar… obligado a repetir y decidir eso, ya fue algo significativo…El hecho de ser un migrante y reconocer con el paso del tiempo que el estar aquí me convierte en un no venezolano y no canario. Al final, si voy para allá ya no soy de las personas de allá, mi mentalidad no es como la de mis amistades venezolanas que se quedaron en absoluto… y tampoco soy 100% canario, o sea, tengo unas tradiciones, unos conceptos, unos valores que son distintos en algunos aspectos, matices… Y todo eso sí que me lleva a acercarme al cuento desde una mirada un poco amplia. Por ejemplo, cuando yo estudiaba en Venezuela, nosotros vimos todo el tema de la colonización como un sistema opresor y, como gracias a Simón Bolívar, se libertó. Entonces, cuando llegué aquí estudié el otro lado de esa historia y vi como se liberaron aquellas personas, como ¡madre mía!, no se liberaron, o sea se sublevaron. No había un proceso libertario, sino un proceso de sublevación. Entonces, eso me permitió comprender que cada historia, cada relato, cada cuento e incluso cada proceso creativo, si lo llevamos a la amplitud de mi trabajo, tiene muchísimas puertas de acceso, muchos marcos desde los cuales mirarlo para poder comprender qué hay allí detrás. Y eso a la vez me llevó a estudiar cosas como el pensamiento decolonial, y gracias a las teorías del pensamiento decolonial también me permito abrir otros campos de reflexión en torno al cuento y pensar posibilidades y en los procesos creativos. 

P: Tengo entendido que eres el creador de una pieza de danza llamada “Frágil”. ¿Qué es “Frágil”? ¿Cómo valoras esa experiencia?

“Frágil” es una pieza de danza contemporánea. No es narración. Es la primera vez que me meto en algo tan loco como la danza contemporánea. Tan loco para mí. Que sí que he hecho teatro, he hecho narración, he hecho guiones de series, he hecho cómics, libros, álbumes. Pero nunca me había metido a construir una pieza de danza y menos contemporánea. 

En esta pieza, mía es la idea original y la narraturgia, que básicamente es la construcción narrativa de todo el entramado de lo que se va a narrar, la forma en la que se narra, la estructura, qué piezas encajan y cuáles no; y la parte de la creación en sí, una vez estaba eso establecido, es una co-creación entre el bailarín Roberto Torres, la coreógrafa Laura Marrero, el coreógrafo y músico Alex Catona y yo. Y la pieza surge de la duda, de preguntarme qué pasa con el sí mismo de una persona que vive mostrándose, exponiéndose como un ente casi público, y con el paso del tiempo ya no puede hacerlo. Sí es cierto que cuando comencé a desarrollar esta idea, pensé, bueno, una persona que narra no tiene ese problema porque puede narrar hasta muy entrado el tiempo… Un actor, una actriz, pues el tiempo pasa, cambian los papeles, pero puede seguir subiéndose al escenario. Y de pronto comprendí que la persona adecuada para esta idea era una bailarina o un bailarín.

Lo que se busca es una exploración de la identidad, en el proceso de ir siendo obligado a conectar y desconectarse, por los procesos de la senectud o los hitos de la senectud. 

Yo he hecho lo que llaman el world building, he creado mundos, te decía antes, he creado guiones de distintas materias, he hecho co-creaciones con Nareme Melián, con Guillermo Rancel, con Laura Escuela como escritora… y hacer este trabajo con Laura Marrero, con Alex Catona, con Roberto Torres fue tan diferente, tan similar, porque al final era una co-creación, pero tan diferente porque me expuse a otros idiomas, otros lenguajes y otros códigos a los que no estaba en absoluto acostumbrado. Entonces creo que fue maravilloso. No sé si te responde todo eso. Creo que sí.

“Cuando quien narra está allí de cuerpo presente e imagina con toda su fuerza o recrea o navega a través de su historia en profundidad, quienes escuchan se toman el tiempo para prestar atención”.

P: ¿Cómo se enfrenta un narrador oral en el 2026 a un mundo dominado por las pantallas, los vídeos hipnóticos en redes sociales que duran un minuto y cuantas menos palabras tengan, mejor…? 

Sin duda, hay algo de daño en la premura a la que nos llevan las redes sociales, la inmediatez de la imagen, las píldoras de información… Todo tiene que ser inmediato, todo tiene que ser consumible a una velocidad extrema y además simplificado, lo cual hace que la poética de la palabra hablada quede en un lugar complejo. Sin embargo, sí es cierto que en mi propia experiencia no hay ningún público, sea adulto, adolescente, que es en el que yo me especializo, o incluso infantil, que no se deje seducir por la palabra hablada cuando hay un mimo en lo que se hace. Cuando quien narra está allí de cuerpo presente e imagina con toda su fuerza o recrea o navega a través de su historia en profundidad, quienes escuchan se toman el tiempo para prestar atención. Es curioso, me pasa mucho cuando voy a los institutos o cuando estoy en un evento donde hay público adolescente, que la primera reacción es “por favor, esto no me interesa, esto no es para mí, cuentos…” ¿no? Y, sin embargo, cuando comienzo a hablar, les explico que voy a narrar las historias, que voy a poner voces, que es una experiencia y que por favor confíen. Y en ese salto de fe, de confianza, comienzan a dejarse llevar, me ha pasado en muchísimas situaciones que se me acercan al final a decirme que les ha sorprendido e incluso que quieren volver a ver espectáculos de ese estilo. 

La palabra hablada con esa atención, ese mimo, esa escucha, porque además es importante resaltarlo: la narración oral, a diferencia de otras artes escénicas o de otras tendencias, es un arte comunicativo. Eso quiere decir que precisa del auditorio allí y ahora. No sería lo mismo ver un cuento grabado en televisión, y que tú lo consumes o ponértelo para escucharlo como si fuera un audiolibro. Es decir, lo puedes escuchar, pero eso ya es expresivo, no es comunicativo, no precisa de ti in situ para modificarse, verificar que hay un contenido que se adecue a ti como persona en el aquí y ahora. Y creo que eso le da un valor enorme porque cuando estoy narrando y el público adolescente o adulto, de pronto, ve que yo les presto tanta atención como ellas y ellos me prestan a mí, sienten que la escucha es recíproca, así que les da más ganas de escucharme. Se toman el tiempo, pausan el mundo, detienen los relojes internos incluso y se abandonan al imaginario que les intento ofrecer.

Entonces, si bien es cierto que la tecnología o ese hecho de andar con un móvil para arriba y para abajo ha afectado, porque lo ha hecho, también es cierto que cuando prestamos atención y nos interesamos en la audiencia y conectamos en lo humano, las personas quieren detenerse a escuchar. Yo creo mucho en pausar el mundo y darnos esa oportunidad.

P: Este año has publicado tu primer libro, El Monstruo Cobarde (para público infantil), con la editorial de la librería El Barco de Papel. Es, a su vez, el primer libro que ellos han escogido para inaugurar su editorial. ¿Cómo fue el proceso?

Sí, es efectivamente el primer libro de la editorial B de Papel, que es la editorial que sacó la librería Barco de Papel. Salió el Día del Libro, justamente el 23 de abril. Hicimos la presentación y fue una gozada. La verdad es que el proceso fue muy loco. Surgió primero como un cuento oral, que es como suelen salir los cuentos en mi haber, no nacen como cuentos escritos y luego se transforman, sino al revés. Este cuento se fue contando una y otra vez, a la gente le gustaba, creé el espectáculo del monstruo cobarde y otros cuentos, y mi hermano me ilustró el cartel. Y me gustó, y poco a poco fuimos hablando y fuimos haciendo cómo serían las distintas páginas y de pronto teníamos el libro, ¿sabes? Un buen día descubrimos que teníamos el libro. Lo comenzamos a presentar a editoriales y en el mundo editorial es como bastante difícil, ¿no? y directamente no nos respondían, nadie nos decía nada, no había respuesta y después de un tiempo nos cansamos. Ni él ni yo pretendíamos vivir de eso. Entonces pues seguimos con lo nuestro, y dejamos el libro allí… y lo cierto es que me apareció de pronto, estaba en redes sociales, no recuerdo en cuál, creo que en Instagram y me apareció el anuncio de que la editorial B de Papel iba a aparecer y estaban buscando manuscritos, y se los mandé y al par de días me respondió el jefe de la editorial, o el cabeza visible, y me dijo que les encantaba, que les gustaba mi trabajo como narrador, que me seguían desde hacía tiempo… Y para mí eso fue, bueno, una alegría increíble, llamé a mi hermano, no nos lo creíamos, era como, ¿qué? ¿Te vieron? Y yo, pues sí. Fue muy bonito. La editorial es una especie de unicornio, un zorro dorado, o sea, es algo rarísimo dentro de las editoriales que yo he llegado a conocer. La gente que está en la editorial, que son en su mayoría los que están en la librería, son gente increíble; o sea, gente con una calidad humana, con una sensibilidad, con una cercanía, con una amabilidad increíble. 

P: Eres el menor de 3 hermanos, y creo que tienes algún texto sobre esto… ¿Esa experiencia también ha influido en tu narración?

 Yo creé un espectáculo titulado “El destino del tercer hijo”, en el que busqué cuentos de estos del último hijo, donde específicamente hubiese tres hermanos, para ver cómo acababa el último y por qué y para qué. Y en el espectáculo ese, además de contar eso o narrar esos cuentos, voy intercalándolo con anécdotas de mi familia, de mis hermanos y mías. Para mi proceso creativo, mis hermanos han sido uno de los grandes pilares. Por un lado, porque han sido guía, han sido inspiración, han sido padre, han sido madre y, sobre todo, han sido hermanos. Cuando era pequeño los admiraba muchísimo muchísimo. Mi hermano mayor era inteligentísimo, y sigue siéndolo, mi hermano mediano era un deportista increíble y se le daban súper bien los idiomas y dibujaba, y yo era el tercero… yo sólo tenía especial que había nacido el tercero y eso era todo… Así que para mí ellos eran referentes, y a medida que fui creciendo y encontrando mi propio camino, me fueron apoyando en todo momento a que escribiera, a que narrara, a que viajara, a que aprendiera, a que me conociera.. En mi proceso creativo pienso que mis hermanos conforman una gran parte del yo que soy. Es decir, por eso que llaman la identidad relacional, yo me he construido mucho gracias a las miradas y al apoyo de mi familia, no solo de mis hermanos, sino de mi padre y mi madre. 

P: ¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿Qué te gustaría hacer que no has hecho todavía?

Estoy con proyectos de escritura. Justo acabamos de hacer la revisión del segundo cómic de Sorunne, que hago junto a Guille Rancel con la editorial Spaceman. Tengo idea de sacar algún libro más, tengo algunos guiones… Tengo algún algún proyecto así loco con mi hermano, pero bueno él tiene que encontrar tiempo… 

Justo ahora estamos con la gira de Frágil, que hablamos antes de ese proyecto. estamos haciendo la gira en el circuito alternativo en península. Está siendo recibida súper bien.

¿Más proyectos?… pues, festivales, formaciones.. Estaré en Lanzarote dentro de la programación o dentro de las formaciones que imparten en Palabras al Vuelo, voy a estar en la Noche de los Cuentos, en Candil de Cuentos en Fuerteventura, voy a estar en el Festival de los Silos… y siempre he querido hacer el guion de un videojuego. Esas cosas son como las que tengo pendientes, así de espinitas clavadas, pero bueno, espero poder hacerlas.

Texto y entrevista: Verónica Martín