Jacques Le Goff, El nacimiento del purgatorio
Editorial Akal, 2025
Fulco III de Anjou (970-1040 d.n.e.), también conocido como Fulco Nerra o Fulco el Negro, fue uno de los personajes más sangriento del cambio de milenio medieval, quien llegó a quemar viva a su mujer y no dudaba en asesinar a cualquiera que le hiciera sombra. Este hombre, que era de todo menos piadoso, realizó cuatro peregrinaciones a Jerusalén, la última a los 65 años, en donde entró a la ciudad descalzo y vistiendo harapos, siendo arrastrado por dos sirvientes con una cuerda al cuello y azotado como muestra de arrepentimiento por sus pecados ante el Santo Sepulcro. ¿Qué había ocurrido para que Fulco Nerra hiciera tal acto de humillación? La respuesta se encuentra en un cambio teológico, intensificado a partir del S.XI, en la predestinación de las almas con la creación del Purgatorio.
Los pasos son muy claros en esta senda teológica. Primero se estableció la necesidad de rezar por las almas de los difuntos con la esperanza de que existiera una pequeña rendija por la cual el alma, pecadora por definición, pudiera pasar al Paraíso. Posteriormente, la Orden de Cluny estableció hacia el 1033 el Día de Todos Los Muertos, en donde se rezaba por todas aquellas personas que no habían dejado misas pagadas por su salvación (es significativo que se eligiera el día 2 de noviembre, un día después del día de Todos Los Santos, cuyas almas, por definición, se salvarían en el Juicio Final). Finalmente, se institucionó el Purgatorio (de manera oficial, a partir del Concilio de Trento) como un espacio celestial en donde las almas pudieran purgar sus pecados a base de misas pagadas en vida. Por el camino se había creado la extremaunción, un ritual en donde el sacerdote coloca al enfermo, en sus últimos suspiros, ante la duda sobre la salvación de su alma. Todo esto llevó a los creyentes, potenciado por teólogos y sacerdotes, a incrementar las donaciones a la Iglesia ante la posibilidad de salvar sus almas.
A este proceso teológico que ha determinado buena parte de la historia moderna de Europa, dedica Jacques Le Goff su monumental libro El nacimiento del Purgatorio, quien, desde la erudición que caracterizó a este maestro del medievalismo, nos va marcando todas las hebras con las cuales se fue tejiendo esta geografía del más allá. Aunque a veces es prolífico en datos, lo cierto es que es un gran placer pasar las horas viajando a la Edad Media de su mano, sobre todo después de tantos años desde su última edición a finales de los años 80. Y si se quiere seguir profundizando en las implicaciones económicas y sociales de la creación del Purgatorio, lo podemos hacer con otro libro de Jacques Le Goff, La Bolsa y La Vida. Economía y religión en la Edad Media. Ambos libros, lecturas más que recomendables en estas fechas de finados, altares de difuntos y visitas a cementerios en sufragio de las almas de los difuntos. Como ocurría con los libros religiosos hasta 1967, la lectura de la obra de Jacques Le Goff supone miles de años de indulgencia ante el desconocimiento y el fanatismo, ni más ni menos.


