DÍA 05
MIÉRCOLES, 23-07-2026
¿Se puede oler la música, ver los colores que habitan en las melodías? ¿Se puede sentir la música con los dedos, saborear sus gustos? Kandinsky sostenía que los colores eran sonidos, música para los ojos, un éxtasis en donde el cuerpo y el alma se fundía en un solo sentido.
Así ocurrió con Jatun Mama y Margarita Laso, que nos trasladaron a los cerros de Los Andes ecuatorianos. Olor a muña, esa planta andina de sabor a menta, a humo de leña seca, a papas y chulpi recién tostado, al petricor de las primeras gotas, a viento helado, a azufre de las entrañas de la tierra. Música que se olía. Pero Ecuador no es solo tradición, también viaja por los senderos de la modernidad como nos recordaron los Swing Original Monks. Una música que emanaba ciudad, que huele a coche, a café de chuspa, a hueca abarrotada, a frutas maduras del Mercado de Cuatro Manzanas. Un olor a vida nocturna, a amaneceres cumbiando, a biela caliente en la mano. Un olor a presente teñido de tradiciones.


Las guitarras de Xoel López son una eclosión de aromas que van viajando desde su Galicia natal hasta la actualidad. Tarros abiertos con esencias de campo, de hierba, de barro de los caminos pero también de asfalto, de trenes, de autopistas. Porque la música de Xoel huele a esta España, dinámica y en perenne construcción. Y esto fue un fuerte contraste con las melodías olfativas de Mind Enterprises en su evocación del Italo Disco de los años 80, con su olor a tabaco, a luces de neón, a Drakkar Noir o Krizia Uomo, a gomina y laca en el pelo, a cazadoras de piel y ropa de acetato, a gafas de sol y hombreras perpetuas. Porque lo moderno se dio la mano en el escenario de la Explanada del Puerto de Cartagena, a pesar de la distancia temporal que separaba a cada grupo. Así son los olores, libres para mezclarse libremente.



Fotografías y texto de Álex Ro.


