Entrevista a Airam Hernández, tenor canario: “Mi relación con la Ópera de Tenerife es muy significativa para mí. […] Siento que es un teatro que cuida tanto al artista como al público, y eso siempre deja huella”. Por Verónica Martín

Airam Hernández es un tenor canario. Ha interpretado personajes tan míticos como Alfredo de La Traviata, Fenton de Falstaff o Faust de Gounod. Y se ha subido a escenarios tan importantes como el Gran Teatre del Liceu, el Teatro Real de Madrid o la Ópera de Viena, entre otros muchos. Estos días podemos verlo como Romeo en la obra “Roméo et Juliette”, bajo la dirección musical de José Luis Gómez, y la dirección escénica de André Heller- Lopes, en la Ópera de Tenerife. En su tierra, ha vuelto a reencontrarse en el escenario con compañeros canarios, y a disfrutar de una obra que considera extraordinaria. 

P: En primer lugar, me gustaría preguntarle acerca de la ópera Roméo et Juliette, que está interpretando en estos momentos en el Auditorio de Tenerife. Creo que ya ha habido una primera representación… ¿Cómo ha sido la experiencia?

La experiencia está siendo profundamente estimulante. Roméo et Juliette es una partitura de una delicadeza extraordinaria, donde la línea de canto exige una combinación muy precisa de lirismo, elegancia estilística y entrega dramática. Desde la primera representación he sentido una conexión muy especial tanto con el personaje como con el público del Auditorio de Tenerife, que siempre escucha con una sensibilidad admirable. Roméo es un rol vocal y físicamente muy demandante, pero te permite explotar todas las aristas expresivas y técnicas, gracias a un fraseo amplio y una atención constante al matiz. Eso la convierte en un verdadero regalo para cualquier intérprete.

“En cuanto al futuro de la lírica en Canarias, lo veo con optimismo. Hay talento, hay formación y, sobre todo, hay una sensibilidad musical muy arraigada”

P: Asimismo tengo entendido que no es la primera obra de Charles Gounod que representa, ya que hizo Faust también en el Auditorio de Tenerife. ¿Cómo valora su vínculo con la Ópera de Tenerife?

Mi relación con la Ópera de Tenerife es muy significativa para mí. Haber interpretado Faust y ahora Roméo et Juliette, ambas de Charles Gounod, me ha permitido profundizar en un repertorio que valora especialmente la belleza tímbrica y el legato. Tenerife es un lugar donde se trabaja con mucho rigor, pero también con cercanía, y eso facilita que uno pueda crecer artísticamente. Siento que es un teatro que cuida tanto al artista como al público, y eso siempre deja huella.

Fotografía de de Miguel Barreto.

P: En «Roméo et Juliette » trabaja con otros compañeros de profesión canarios, como la mezzosoprano Belén Elvira, Fernando Campero o Manuel Gómez Ruiz. ¿Había compartido escenario con ellos antes? ¿Cómo ve el futuro de la música lírica en Canarias para los jóvenes que se quieran dedicar a ella?

Compartir escenario con colegas como Belén Elvira, Fernando Campero o Manuel Gómez Ruiz está siendo una experiencia muy enriquecedora. Algunos de nuestros caminos ya se habían cruzado, pero este tipo de producciones permiten una convivencia artística más intensa, donde se genera una complicidad muy especial. Buena gente, buenos compañeros y buenos artistas. Si hablamos de artistas canarios en general, habría que hacer mención a los compañeros de la casa de la plantilla del coro y de la Orquesta. Excelentes profesionales y con un gran nivel incuestionable.

En cuanto al futuro de la lírica en Canarias, lo veo con optimismo. Hay talento, hay formación y, sobre todo, hay una sensibilidad musical muy arraigada. Quizá el reto esté en seguir creando estructuras que acompañen ese talento en su desarrollo profesional, y que los artistas jóvenes inviertan en una carrera basada en una formación continua con amplitud de miras. Lo que está claro es que hay un maravilloso material de base que, bien encauzado, augura carreras prometedoras.

“La ópera sigue viva precisamente porque es capaz de dialogar con sensibilidades muy distintas”

P: Recientemente un actor estadounidense realizó unas polémicas declaraciones, en las que despreció la ópera y el ballet, dando a entender que ya no interesaban. Sin embargo los teatros, siglos después de las primeras óperas, se llenan aún de espectadores. ¿Sigue habiendo un enorme desconocimiento sobre qué es la ópera y su importancia? En su recorrido profesional, ¿ha visto perfiles distintos entre el público?

En primer lugar, con respecto a la declaración de este actor, debo decir que, aunque yo personalmente lo reduzco a un comentario simplista y falto de madurez de alguien que probablemente necesite una buena dosis de experiencia y conocimiento de la materia de la que opina públicamente, empatizo con la molestia generalizada del mundo artístico y cultural. Dicho esto, creo que esto ha abierto un debate interesante que nos hace reflexionar sobre la importancia del arte en nuestra sociedad. La ópera y el ballet, como tantas otras formas de arte y expresión, pueden parecer lejanos o incluso marginales para quienes no han tenido un contacto previo con ellas. Sin embargo, cuando alguien se acerca por primera vez y se deja llevar por lo que ve y escucha, suele descubrir un lenguaje artístico profundamente humano, vivo y sorprendentemente actual, al igual que sucede con el teatro de prosa o la pintura.

Quizá por eso, cada vez son más las personas, de muy diversos contextos sociales y culturales, que sienten el deseo de asistir a una función de ópera. Porque el público busca vivir una experiencia única e irrepetible: escuchar una música que ha perdurado durante siglos, creada por algunos de los mayores genios de la humanidad, y que cobra vida de manera distinta en cada representación, en el presente y en el futuro.

A lo largo de mi carrera sí he percibido una evolución en el público: cada vez es más diverso, más curioso y menos encorsetado. Conviven espectadores muy experimentados con otros que se acercan por primera vez, y eso es muy saludable. La ópera sigue viva precisamente porque es capaz de dialogar con sensibilidades muy distintas.

P: He leído que le interesa mucho el Lied, que es, creo, la interpretación solista de una canción al piano. ¿Qué le atrae del Lied? ¿Ha hecho o tiene pensado realizar una interpretación de este tipo en Tenerife?

El Lied me atrae por su intimidad. Es un espacio donde la voz y el piano (u otro instrumento que conforme el conjunto camerístico), dialogan en un plano casi confidencial, sin la mediación de la escena o el gran aparato orquestal. Ahí cada palabra, cada inflexión, cada silencio adquiere un peso enorme. Es un repertorio que exige una gran honestidad interpretativa y un control muy refinado del color vocal. Este año, de hecho, tengo previsto ofrecer un recital de canción española en Tenerife. Debía haberse hecho a principios de abril en la Fundación CajaCanarias, pero se ha emplazado a otra fecha posterior. Los detalles del programa, fecha y emplazamiento del evento los podré ofrecer pronto. 

P: También he leído que tiene especial interés en el repertorio contemporáneo de la ópera. ¿Qué obras contemporáneas le interesan más? ¿Cuáles le gustaría interpretar de las que no ha hecho aún?

El repertorio contemporáneo me interesa especialmente porque plantea nuevos lenguajes y nuevas formas de relación entre música y dramaturgia. Me atraen obras que, sin renunciar a la modernidad, mantienen una conexión clara con la expresividad vocal. Hay varios títulos que me gustaría abordar en los próximos años, especialmente aquellos que exploran una escritura vocal exigente pero orgánica, donde el trabajo compositivo reme siempre a favor de potenciar el entendimiento del texto y las cualidades específicas de mi instrumento. Creo que es importante que los intérpretes mantengamos ese puente entre tradición y creación actual. En esta temporada, participaré en el Festival de Música Contemporánea de Tenerife, con obras de cuatro compositores para Tenor y Percusión. 

Fotografía de Scott McDermott.

P: ¿Qué planes o proyectos profesionales tiene para este 2026?

Este 2026 se presenta muy estimulante. Volveré a interpretar Roméo et Juliette en Bruselas, lo cual me permitirá seguir profundizando en el personaje desde otra perspectiva escénica. Además, continuaré ampliando repertorio con incursiones en el ámbito wagneriano, interpretando el rol de Lohengrin en dos teatros muy queridos para mí y que el público podrá conocer cuando sean publicados oficialmente.

Entre los proyectos más inmediatos, interpretaré Paulus de Mendelssohn, dirigido por el maestro Víctor Pablo; Poème de L’Amour et la Mer de Chausson, obra para tenor y orquesta, dirigido por la Maestra Holly Hyun Choe; Stabat Mater de Dvorák, con Radio Televisión Española, dirigido por el Maestro Esteban Urzelai; mi debut como Don José en Carmen, de Bizet, entre otros. Paralelamente, mantengo mi interés por el recital, especialmente en el repertorio de canción española, buscando siempre ese equilibrio entre el repertorio sinfónico, operístico y camerístico.

P: ¿Qué personaje que aún no ha hecho consideraría de gran importancia profesional y emocional para su carrera?

Hay varios roles que considero especialmente significativos tanto a nivel profesional como emocional. Algunos pertenecen al repertorio romántico francés, como el Werther, Des Grieux y Hoffmann, donde la evolución psicológica del personaje es muy rica, y otros al universo wagneriano, que plantea un tipo de canto más expansivo, heroico y de inmensa riqueza interpretativa. También quiero seguir investigando los roles líricos mozartianos y el repertorio verdiano y belcantista italiano. 

Más allá de títulos concretos, me interesa que cada nuevo personaje suponga un verdadero crecimiento: que me obligue a replantear la técnica, el enfoque musical y la manera de contar la historia. Al final, lo más importante es que cada rol deje una huella auténtica y personal en el recorrido artístico.

Texto y entrevista: Verónica Martín