El Festival “¡Esto es Histórico!” de literatura y divulgación histórica vuelve a Tenerife (en la Plaza de la Constitución en La Orotava) entre los días 13, 14 y 15 de marzo. Hemos entrevistado a varios de sus próximos invitados, para que nos hablen de su trabajo y de cómo ven el presente y el horizonte de la divulgación.
Daniel Corpas es un guionista y escritor con una larga trayectoria. Ha creado series como Malaka, y ha participado en el guion de otras como El Ministerio del Tiempo, aunque su recorrido profesional es mucho más intenso. Sin embargo, La mano negra es su primera novela. Publicada en 2025, está ambientada en hechos reales acaecidos en el siglo XIX en Jerez, e increíblemente desconocidos para la mayoría de los españoles. Esta novela histórica ha supuesto una labor ingente, pero la historia era tan fantástica que no podía dejarla escapar…
P: He leído un poco sobre tu libro (creo que es tu primera novela), titulado “La mano negra”. La historia está basada en una supuesta organización terrorista, que habría operado a finales del siglo XIX en Jerez. ¿Qué fue lo que más te llamó la atención del suceso real?
En primer lugar, tiene todos los ingredientes que suelen motivarme, esos “grandes temas” a los que uno vuelve siempre, como si trazara círculos a su alrededor. Se trata de un momento histórico muy turbulento, Jerez 1882: el dinero entra a espuertas, gracias a que el vino Sherry es la mercancía española más exportada, pero al mismo tiempo los campesinos viven en condiciones penosas, prácticamente en la Edad Media… Y entonces comienzan a llegar nuevas ideas de Europa, y los terratenientes y los señoritos se asustan, y ese miedo llega al gobierno central en Madrid, que toma cartas en el asunto… Un cóctel explosivo que, como no podía ser de otra manera, terminó estallando.
La historia real es tan potente que, por momentos, cuando topé con ella por primera vez, me daba la sensación de que era una ficción. No daba crédito a que semejante episodio fuese tan desconocido. Pero así es: incluso a día de hoy en la comarca de Jerez, para muchos no es más que un vago recuerdo, teñido de mitología popular… Lo tremendo es que ocurrió realmente, y casi punto por punto como se describe en la novela. Hay dramatización, es lógico, pero sólo la estrictamente necesaria, y queda explicado en una nota final qué es literal y qué inventado. A mí mismo me sorprendió lo mucho de verdad que hay en el libro.
P: Y siguiendo con esa historia del libro… ¿Dirías que estamos ante una «fake news» histórica? ¿Por qué?
¡Sin duda! Hoy, por desgracia, contemplamos perplejos a qué velocidad se propagan por Internet toda clase mentiras y bulos interesados, sin que aparentemente podamos hacer nada al respecto… En aquella época no había redes sociales, pero sí periódicos, y todos contribuyeron al caos informativo y a generar miedo en la sociedad, desde el sensacionalismo, la mala praxis o la ideología. La maquinaria funcionó a todo trapo hasta convertir La Mano Negra en el caso más mediático de la España del momento.
En la primera mitad del año 1883 no se hablaba de otra cosa en el país. Y luego, de repente, el olvido más absoluto… Curioso, ¿no? Y sospechoso, añadiría yo.
P: ¿Por qué te has decantado por escribir una novela histórica?
Desde niño he sido un apasionado de la historia y de la ficción histórica: El Nombre de la rosa, El Lázaro de Púrpura, la saga Cienfuegos o Azteca son libros que han hecho mella en diferentes etapas de mi vida. Por no hablar de los maravillosos cómics de Astérix y Obélix, que fueron una especie de chispazo inicial. Cuando sentí que había llegado el momento de escribir un libro, venía de hacer muchos thrillers seguidos en TV, y me apetecía cambiar de tono y de registro. Además, por su coste, las series históricas tienden a no llegar a la pantalla, la mayoría no se producen porque son demasiado caras, y yo tenía varios proyectos ya escritos, entre ellos el de La Mano Negra. Lo volví a leer, me siguió pareciendo una historia poderosísima y decidí que ahí estaba el germen de mi primera novela. Por suerte mi editor también lo vio así.
P: ¿Cómo ha sido el proceso de documentación y de recabar información?
Al principio, y por mi falta de experiencia, fue una tarea abrumadora: la época, finales del s.XIX, es muy compleja, muchos cambios sociales, políticos, grandes avances técnicos en transporte y comunicaciones… Para poder visualizar lo que vas a escribir necesitas saberlo casi todo de las personas que habitan el contexto específico en que se desarrolla tu historia: cómo visten, qué comen, cómo hablan, pero también la arquitectura, los ciclos agrícolas y todo lo relacionado con las faenas del campo, los usos y costumbres de la ciudad de Jerez, el flamenco, el funcionamiento de la justicia o del telégrafo, cómo eran los uniformes de la Guardia Civil… Es inacabable, y por instantes te da la sensación de que podrías pasar el resto de tu vida sólo documentándote para este libro en concreto… Afortunadamente, aprendes a disfrutarlo y a darte cuenta de cuándo ha llegado el momento de coger el toro por los cuernos y empezar a escribir.
P: La novela habla de «conspiración y caos”, he leído en algún sitio…¿Hay diferencias entre las conspiraciones de hace siglos y las de la actualidad? Conspiraciones siempre ha habido, ¿y conspiranoicos con fines pocos claros, también?
“A río revuelto, ganancia de pescadores”, dice el refrán… Las formas cambian a lo largo de los siglos, es obvio, pero las dinámicas del poder son siempre las mismas: el poder, sea el que sea, tiende a preservarse, a perpetuarse, y por consecuencia a defenderse de cualquier ataque, real o figurado, con todos los medios a su alcance, que son muchos… En este caso, creo, fue más bien una operación de terrorismo de estado, puro y duro, pues ni siquiera había una conspiración en curso, sólo un grupo de gente organizándose mínimamente con vistas a una vida mejor.
P ¿Crees que ese episodio de nuestra historia puede enseñarnos algo en este presente?
Me gustaría creer que sí, pero no me queda otra que ser escéptico: en general, el ser humano tiende a tropezar todas las veces que haga falta con la misma piedra; y en particular, España no es un país muy dado a contarse a sí mismo episodios delicados de su pasado. Nos cuesta convertir el pasado en Historia, que es precisamente lo que hace la ficción: fijar un relato común y compartido. Contarnos el pasado a nosotros mismos no es reabrir heridas, como insisten algunos, sino justo lo contrario: cauterizarlas. Pero por ahora no se nos está dando demasiado bien.
P: Antes de novelista has sido guionista y dramaturgo, que son tipos de escritura y de contar historias muy distintos. ¿Cuáles han sido las principales diferencias que has notado en el proceso de creación de la novela, con respecto al guion, por ejemplo? ¿Qué te ha aportado escribir una novela?
Al final todo consiste en juntar palabras una detrás de otra para contar una historia que emocione, pero sí que hay diferencias: durante el propio proceso, por ejemplo, el novelista está más solo, mientras que un guionista suele trabajar en equipo, o al menos con otro guionista que sirva de “frontón”. El novelista, en cambio, es un corredor de fondo que ha de tomar todas las decisiones casi en completa soledad. Formalmente, por otro lado, la escritura de guion es muy concisa y directa, casi descarnada, 100% enfocada hacia su transformación en imágenes y sonidos, es decir, el único sentido del guion es convertirse en película; el relato literario, por el contrario, es un fin en sí mismo, y pone a disposición del escritor una apabullante variedad de técnicas y recursos, el lenguaje en toda su dimensión y riqueza; es como un bufete de desayuno de un hotel de siete estrellas, hay tantos manjares maravillosos entre los que elegir que uno no sabe a qué hincarle el diente y corre el riesgo de aturdirse, aunque luego, superado ese vértigo inicial, la escritura es una auténtica gozada…
Finalmente, está el “después de”. Por lo común, el guionista entrega su trabajo y se desliga, o lo desligan, del proceso; suerte tiene si se acuerdan de él a la hora de poner los créditos, y con toda probabilidad tendrá que pelear por su cuota de autoría, por hacerse visible y que se reconozca su labor. En el mundo editorial es lo opuesto: de hecho, lo más gratificante, que es el contacto directo con el lector, empieza en esta fase, una vez concluida y publicada la obra.
P: ¿Volverás a escribir una novela histórica? ¿Tienes planes o proyectos de otra novela?
Sí, claro, es mi intención, esto para mí es una carrera de fondo, una maratón, no un sprint. Viajar al pasado es una agradable e instructiva forma de evasión, no sólo para el lector, también para el escritor. Y sí, estoy en una etapa muy preliminar de una segunda novela, sobre un tema y un tiempo muy distintos. El ámbito geográfico, en cambio, sigue siendo Cádiz y la costa atlántica: misma zona, pero unos cuantos siglos antes… Y hasta ahí puedo leer, jaja.
P: Tengo entendido que colaboraste en el guion de la serie El Ministerio del Tiempo. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Si la serie se retomara, volverías a colaborar en ella?
Así es. Después de hacer la serie “Malaka” (TVE, 2019), Javier Olivares, creador de EMDT, me llamó para la 4ª temporada y dije que sí, que por supuesto. Creo honestamente que es la serie de TV española más influyente del siglo XXI, y siempre es un lujo trabajar con Javier, por lo que se aprende. Claro que volvería a colaborar en una hipotética quinta temporada. De hecho, me encantaría hacer un episodio sobre el caso de La Mano Negra. Sería como cerrar el círculo…
¡Soñar es gratis!
P: ¿Qué proyectos en general tienes para 2026? Y ¿sobre qué no has escrito aún una sola línea y te encantaría escribir?
2026 ha arrancado fuerte, con varios proyectos audiovisuales muy interesantes, y a priori los próximos meses se presentan aún más movidos. Además, aparte de la documentación y redacción de mi segunda novela, si todo va bien, se estrenarán una serie creada por mí y una película cuyo guion escribí hace… ¡siete años!
En cuanto a qué me gustaría escribir, el que podría calificarse de mi proyecto soñado, diría que es Hernán Cortés y la conquista de México. Una historia monumental.
Quizá algún día…
Texto y entrevista: Verónica Martín.





