Elena Correa nació en el sur de Tenerife. Estudió para ser veterinaria, y se mudó a vivir a Madrid. Le encantaba leer, y creó un club digital de lectura con miles de seguidores. Paralelamente sentía emociones relacionadas con su territorio natal y con la experiencia vital de ser mujer que no sabía expresar. Escribir canalizaba esas emociones. Así vio la luz su primera obra literaria: Niñas sucias. Un libro de relatos ampliamente reconocido por críticos y expertos. Recientemente ha sido galardonado con el Premio Novel Almudena Grandes, que otorga el gremio de librerías de Madrid. En esta entrevista confiesa que la rabia que le llevó a escribir “Niñas sucias” sigue ahí, y las ganas de seguir escribiendo, también.
P: He leído un par de entrevistas tuyas en las que dices que los relatos han sido escritos con rabia o desde la rabia. En este sentido, ¿escribirías un segundo libro desde esta emoción o la has agotado sobre los temas del primero?
Me encantaría haberla agotado, pero todavía me queda rabia para rato. En este caso esa emoción me empujó a escribir porque había muchas cosas y temas que me incomodaban y que no era capaz de expresar de otra manera. Conversaciones que se me atragantaban o que me resultaban demasiado dolorosas. Así surgieron estos cuentos, como una forma de desahogo y una necesidad de nombrar todas aquellas cosas que era incapaz de hacerlo en otros momentos y circunstancias.
P: También he leído adjetivos como «alienadas» e «incomodidad» sobre tus relatos. ¿Cómo definirías tú tus relatos?
Considero que pueden resultar incómodos y también duros en determinados momentos porque a mí, durante el proceso de escritura, algunos de ellos también me incomodaron. Estas historias protagonizadas por mujeres y niñas hablan de dolor, de márgenes, de maternidad, de violencia… y son temas que no suelen ser fáciles de hablar o de nombrar. Me pasaba en su escritura que me veía reflejada en algunos de sus problemas y eso me resultaba doloroso, pero a la vez liberador, porque estaba consiguiendo poner palabras a mis propios miedos y frustraciones.
P: Imagino que la experiencia de leer tu libro siendo de Canarias es completamente distinta a la de alguien que no reside aquí. A mí, como canaria y residente, me ha provocado en ocasiones una cierta claustrofobia y la sensación de miedo, incluso, sentimientos que no esperaba. ¿Qué te han dicho lectores y lectoras canarios sobre el libro? ¿Cuál es la sensación más extendida entre nosotros al leerlo?
La verdad es que ha sido muy bonito e interesante cómo se ha recibido el libro en Canarias. Como comentaba antes, muchas de estas historias parten de mis miedos, que yo los sentía como muy concretos y propios, pero a medida que he ido recibiendo comentarios de lectoras y lectores me he dado cuenta de que esos miedos eran algo colectivo y que muchas y muchos se han visto reflejados.
En muchas ocasiones, en clubs de lectura en los que he participado, muchas lectoras me han contado historias similares a las que suceden en estos relatos o se han sentido representadas con algunas de sus protagonistas. También imagino que el territorio tiene mucho que ver. Muchos de estos cuentos transcurren en Canarias y ver a estas protagonistas trabajar en hoteles, raspar cochinilla o pisar uvas pienso que ha podido conectar con algo muy nuestro, no solo con las emociones o sentimientos de sus protagonistas, sino con el espacio que habitan.
“Ahora mismo en las islas hay un movimiento cultural muy bonito que reivindica nuestra identidad a través de la música, la literatura, la pintura y el arte en general.”

P: El sur de Tenerife donde naciste, históricamente, era un mundo muy distinto a la capital y a otras partes de la isla. El turismo masivo globalizó eso, y de eso también se habla en el libro. ¿Crees que fuera de Canarias entienden la relación compleja, a ratos tóxica, que tenemos con el turismo?
Yo creo que sí se puede entender, de hecho, me ha sucedido con lectoras y lectores de zonas muy turistificadas de la península que también se sienten representadas en ese sentido. Aunque nosotros, como archipiélago, hemos tenido una relación con el turismo mucho más antigua y compleja.
Ahora mismo muchas de las costas de nuestro país sufren el turismo masivo y sienten también una pérdida del territorio y la identidad. Pasa también con la gentrificación, tan presente de la misma manera en muchas ciudades.
Quizás los lectores y lectoras de Canarias sí han comprendido con mayor profundidad lo que se narra en relatos como. “Las niñas sucias”, “Los ingleses” o “Los alemanes” y el tipo de trabajo que ejercen muchas mujeres en el sector turístico, porque hemos crecido con eso y entendemos bastante bien las relaciones de poder que se generan.
P: Hablas además en los relatos del miedo a la pérdida del territorio. Ahora es un tema importante en las islas. ¿Cómo lo valoras?
Es un tema complejo del que, por suerte, cada vez se habla y se nombra más. Creo que ahora mismo en las islas hay un movimiento cultural muy bonito que reivindica nuestra identidad a través de la música, la literatura, la pintura y el arte en general. También a través de nuestro lenguaje, que me parece fundamental a la hora de combatir ese miedo a perder el territorio y a perdernos nosotros mismos.
P: Ahora hay una palabra de moda para expresar el sentimiento de pérdida del territorio conocido, estando aún en él: solastalgia. ¿Identificas solastalgia en algunos de tus personajes?
Quizás sí, pero también hay una mirada nostálgica muy fuerte. Una mirada al territorio de la infancia o a los recuerdos de lo que era y ya no es. También hay un miedo, en un relato concreto, 2054, en el que hay un miedo muy fuerte a la crisis climática que me acompaña a mí misma. Me preocupa porque, a pesar de intentar ser optimista, es algo que es difícil de revertir y que cada vez tiene más presencia en nuestro día a día y que es imposible de controlar, al igual que, en cierto sentido, la pérdida del territorio.
“Me ha ayudado mucho leer a otras mujeres. Me ha ayudado a entenderme, a aprender y a sentirme representada.”
P: La mayoría de tus relatos están escritos en primera persona y en presente. ¿Por qué?
En este caso no fui tan consciente de cómo escribía los relatos, si estaban en presente o pasado o en primera persona. Cuando empecé a escribir estos cuentos lo hacía como un desahogo y utilizaba la técnica o la persona que creía que era la mejor para expresar lo que sus protagonistas sentían. Además, los escribí sin ninguna intención, no estaban pensados a priori para ser un libro de cuentos. Esto sucedió después, cuando un profesor de escritura me ayudó, me animó y me hizo ver (yo no era para nada consciente de eso) que mis cuentos tenían muchos nexos en común y que la mayoría estaban protagonizados por mujeres y niñas.
Así que he escrito estas historias sin pensar demasiado en eso y en función de lo que requería cada una de ellas.

P: Tus personajes son principalmente femeninos. Y, por otro lado, la literatura escrita por mujeres parece estar en auge desde hace años. ¿Crees que escribir sobre la experiencia de ser mujer ayuda a otras mujeres? ¿Crees que después de tanto hablar de nuestros dolores y esperanzas la otra mitad del mundo se está enterando?
A mí desde luego me ha ayudado mucho leer a otras mujeres. Me ha ayudado a entenderme, a aprender y a sentirme representada. De hecho, mientras escribía estos relatos leía muchas autoras, fundamentalmente latinoamericanas, porque además de que me gusta muchísimo su literatura, también sentía que ellas se atrevían a abordar temas que hasta ahora parecían tabús como la maternidad desde distintos ángulos, el terror de lo cotidiano, la vejez o los cambios corporales. En ese sentido leí mucho a Mariana Enriquez, María Fernanda Ampuero o Mónica Ojeda, que además de ser unas excelentes cuentistas, han sabido representarnos y hablar de nuestros miedos y padecimientos.
Para mí lo que no se nombra no existe y creo que nombrar aquello que nos duele es fundamental para conocernos y poder hablarlo de manera colectiva.
P: Si un vidente te hubiera dicho hace 10 años que ibas a escribir este libro, ¿qué le hubieras contestado?
No me lo hubiera creído, pero para nada. Yo no me formé en ninguna carrera de letras, de hecho, estudié Veterinaria. Para mí escribir era, y sigue siendo, una forma de desahogo y algo que me acompaña en mi día a día y que necesito, para poder expresarme, para poder sentirme mejor.
Cuando supe que se iba a publicar sentí mucho miedo y mucho vértigo, también mucha inseguridad, pero ahora me siento más yo, más completa y más cómoda conmigo misma. La publicación del libro ha sido una sorpresa para mí y también cómo se ha recibido. Estoy muy contenta y muy agradecida.
Texto y entrevista: Verónica Martín



