Filmin estrena el debut del cineasta estadounidense Elliot Tuttle, un intenso y polémico drama psicológico protagonizado por Reed Birney y Kieron Moore. La película se enmarca dentro de la programación del Atlàntida Mallorca Film Fest.
Filmin estrena el próximo 7 de agosto «Blue Film«, el debut en el largometraje del cineasta estadounidense Elliot Tuttle, en el marco de la programación del Atlàntida Mallorca Film Fest. Protagonizada por Reed Birney (“Mass”, “The Menu”) y Kieron Moore (“Masters of the Air”), la película narra el encuentro entre un antiguo profesor apartado de la docencia tras intentar abusar de un alumno años atrás y un joven trabajador sexual que acepta reunirse con él.
Presentada en el Festival Internacional de Cine de Edimburgo, la película ha sido una de las óperas primas estadounidenses más comentadas del último año por la radicalidad de su planteamiento y por la manera en que se acerca a cuestiones como el deseo, la culpa o la vergüenza desde un formato muy íntimo que se sustenta en los diálogos. De hecho, antes de su estreno, la película fue rechazada por festivales como Sundance o SXSW, y varios distribuidores declinaron incorporarla a su catálogo debido a la naturaleza de su argumento.
Sin embargo, “Blue Film” –cuyo título hace referencia al término anglosajón utilizado para designar antiguas películas pornográficas clandestinas–, ha sido posteriormente reivindicada por buena parte de la crítica y ha continuado su recorrido internacional de forma muy positiva.
Sinopsis
Aaron, un joven escort de webcam, acepta la oferta de un cliente dispuesto a pagarle 50.000 dólares por pasar una noche con él, en una casa de Los Ángeles. Al llegar al apartamento descubre que ese hombre es Hank, un antiguo profesor apartado de la docencia tras intentar abusar de un alumno años atrás. Lo que comienza como un encuentro transaccional acaba convirtiéndose en una larga conversación sobre el pasado compartido, el deseo y las consecuencias de una relación que marcó para siempre la vida de ambos.
Heredero del cine incómodo europeo
Aunque el punto de partida de «Blue Film» pueda parecer provocador, Elliott Tuttle sitúa la película en la estela de cineastas como Catherine Breillat («36 Fillette»), Michael Haneke («Benny’s Video») o Agustí Villaronga («Tras el cristal»), cuyas obras exploran la sexualidad, la violencia o el abuso desde una complejidad psicológica poco habitual. Tuttle se reconoce heredero de esa tradición cinematográfica y reivindica un cine dispuesto a abordar conflictos morales sin simplificarlos.
Entre las referencias que marcaron la escritura de «Blue Film», Elliott Tuttle destaca el cine de Catherine Breillat. La directora francesa, conocida por explorar la sexualidad desde lugares incómodos, le llevó a entender que «el objetivo no es desestigmatizar, sino hacer una exploración completa y honesta» de los personajes.
En la misma línea, defiende que el cine no debe ofrecer respuestas morales cerradas y considera que, a menudo, se subestima al espectador: «No creo que estemos dando suficiente crédito a nuestro público», ha afirmado al explicar que nunca quiso construir una película que guiara al espectador hacia una única interpretación.
Cara a cara
Concebida desde el principio para desarrollarse casi íntegramente en un único espacio, «Blue Film» transcurre en el interior de una casa y concentra toda la acción en la conversación entre Aaron y Hank. La decisión de reducir el espacio y el número de personajes responde al deseo de Tuttle de eliminar cualquier elemento que distrajera del conflicto central y construir la tensión únicamente a través del diálogo, los silencios y dos interpretaciones potentísimas.
Durante varias semanas de ensayos, el director trabajó estrechamente con Reed Birney y Kieron Moore, incorporando cambios al guion a partir de las lecturas de ambos actores. El personaje de Hank también evolucionó durante ese proceso: lejos de retratarlo como un villano unidimensional, Tuttle y Birney optaron por construir a un hombre plenamente consciente del daño que ha causado, evitando tanto la caricatura como la absolución. Para el director, la película funciona precisamente porque «es un estudio de personajes», no un ensayo sobre una idea abstracta.


