Gerson Ramos presenta Engodo, un espectáculo que fusiona jazz, humor y stand-up para reivindicar la identidad de los barrios, las vivencias cotidianas y la realidad social de Canarias. El cómico y jazzero lleva al escenario una propuesta en la que la improvisación, la sátira y sus propias raíces se convierten en protagonistas. En esta entrevista para Culturamanía, nos habla del proceso creativo de Engodo, de su evolución artística y de la influencia de la música en su humor. El espectáculo tendrá una próxima actuación el 21 de noviembre en el Teatro Unión Tejina.
Te defines como cómico y jazzero, dos facetas que, a priori, pueden parecer muy diferentes. ¿Cómo conviven la música y el humor en tu vida artística, y qué papel han tenido tus raíces en Taco a la hora de construir tu propia voz?
La música va de la mano en cada cosa que hago. En mi primer show, El arrítmico paso del Sr. Coconut, los Beatles fueron una gran referencia para poder escribir y realizar ese show. Me ayuda mucho sumergirme con los cascos y empezar a soltarlo todo. En este caso, Engodo me acompaña el jazz de Miles Davis, Chet Baker y John Coltrane. Ha sido necesario escucharles junto a mi artista favorito, Mac DeMarco, el cual me acompaña en todos los proyectos que hago. Siempre hay una canción que me hace click en la cabeza de este muchacho.
Poder plasmar el barrio en el stand-up junto al jazz ha sido precioso y me he divertido mucho en el proceso creativo. El jazz es barrio también, y esa improvisación que tiene este género la comedia la abraza mucho. En este caso, improvisar una caminata por Taco te lleva a lo cotidiano, te lleva a ese humor de barrio, esas voces, esa forma de ser muy nuestra; un lugar único al cual he querido hacerle un homenaje con este show y donde he adoptado esa voz característica que llevo siempre en los escenarios o en redes.
Presentas Engodo como una «mutación artística» y una protesta en la que se unen el jazz y el barrio, atravesando la sátira y el stand-up. ¿Qué hay detrás de este concepto y qué te gustaría cuestionar, denunciar o poner sobre la mesa a través del espectáculo?
Evolucionar es lindo, en todos los sentidos. No estaba muy a gusto con el humor que hacía desde el principio, aunque esté muy orgulloso de ello, pero necesitaba un cambio. Escuchar la tristeza de Chet Baker, en este caso, me lleva a varios personajes de mi barrio, al igual que el surrealismo de Miles Davis.
El jazz siempre ha sido una expresión de resistencia cultural y de supervivencia, una rebeldía que me lleva a mi barrio, Taco, el cual fue levantado por su propia gente, abriendo caminos y pavimentando las calles. Eso es jazz también y, por ello, Engodo es un trompetazo donde ponemos sobre la mesa lo cotidiano y denunciamos la gentrificación de nuestros barrios, el olvido de los barrios y cómo, poco a poco, nos están quitando esa felicidad que tanto ha costado levantar.

La realidad cotidiana, la identidad de los barrios y las contradicciones sociales pueden convertirse en una fuente inagotable de humor. ¿Cuánto hay de tus propias vivencias y de la realidad canaria en Engodo? ¿Dónde está para ti la frontera entre hacer reír y provocar una reflexión?
Hacer reír ya es provocarle a alguien una reflexión. Cuando vas a un show, normalmente sueles ir para evadirte y pasar un buen rato. Si ya te hago reír, ese problema que traías se queda en un cuarto plano; reflexionas diciendo: «¿Y si tampoco era para ponerse así?». La risa es la reflexión de un momento futuro que se adelanta al pensamiento. En este show, el 100 % son vivencias que he tenido, y la realidad canaria la pone en el texto la mejor humorista que conozco: mi abuela Antonia.
Tanto el jazz como la comedia en directo tienen mucho de improvisación, intuición y capacidad de reaccionar a lo que sucede en cada momento. ¿Cómo se traslada esa libertad al escenario de Engodo? ¿Es un espectáculo cerrado o dejas espacio para que cada función sea diferente?
Engodo hace que el escenario sea protagonista junto al público. Está escrito para saber que hay un texto, pero una cosa que me encanta es que todo salte por los aires y nos metamos todas en el escenario a improvisar. El público siempre será parte de todo lo que haga y aquí habrá libertad de jazzear a mi lado sin problema. Has pagado una entrada, siéntete libre de abrazar la comedia.
Junto a Javier Socorro, Vasni Ramos y Diego Lupiáñez, formas parte de Solo Palique, un proyecto que ha pasado de la improvisación entre compañeros a conquistar escenarios y ganar una gran popularidad en Canarias. ¿Cómo has vivido ese crecimiento y qué te aporta trabajar en equipo frente al reto de defender una propuesta propia como Engodo?
Sin duda, Solo Palique lo es todo para mí. Es una escuela: aprender cada miércoles en La Bowie, un bar donde tienes al público justo al lado tuyo y genera una atmósfera real de la comedia, y encima con mis mejores amigos y el artista más grande que conozco, mi hermano Vasni Ramos, es un privilegio del cual estaré eternamente agradecido.
Aprender de Diego Lupiáñez es increíble. La comedia que hace junto a los chicos de Abubukaka es algo único. Tenerle como compañero es una masterclass, al igual que Javier Socorro. No solo es que sea de los mejores actores en Canarias con el grupo teatral Delirium Teatro, sino que el nivel de improvisación de Javi es un estudio constante. Tiene una cabeza prodigiosa y, si ya juntas al genio de mi hermano, que tiene una gracia natural y unas arrancadas en escena que hacen que me pueda caer de espaldas en el escenario sabiendo que tengo seis manos que me sostienen, sin ellos ni El arrítmico paso del Sr. Coconut ni Engodo serían posibles.
El próximo 21 de noviembre llevarás Engodo al Teatro Unión Tejina. ¿Qué esperas que se lleve el público después de vivir esta experiencia y qué nuevos caminos te gustaría explorar en tu carrera, tanto en la comedia como en la música?
Ojalá lo puedan disfrutar tanto como yo en este proceso y salgan de por allí con ganas de visitar a sus abuelos una vez a la semana por lo menos y, si no los tienen, rendirles homenaje una vez a la semana también. Y, sobre todo, que salgan de allí llevando el barrio y el humor por bandera.
Me encantaría seguir por esta estela que estoy construyendo. Hacer esa comedia con elementos teatrales me hace sentir muy cómodo en escena. Lo más importante es seguir estudiando y aprendiendo comedia, sin duda, con la música de la mano. Me gustaría mucho aprender trompeta e ir a una jam session. Vete a saber si acabo tocando jazz en algún sótano; sería increíble.

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