Norberto Trujillo entrevista para Culturamanía al actor Jorge Sanz en el marco del Festival Lo Que Viene Tenerife 2026. El intérprete habla sobre su papel en 9 lunas, la ternura como herramienta interpretativa, los altibajos de una larga carrera, los aprendizajes que le han dejado los años y la importancia de vivir para seguir creciendo como actor.
Entrevistador (Norberto): ¿Cómo ha sido crear a este personaje en 9 lunas? Tiene un punto de ternura que sí que hemos visto alguna vez en tu carrera, pero no ha sido tan explotado como creo que podría haberlo sido. Aquí se ha hecho un trabajo muy bonito y sutil.
Jorge Sanz: Bueno, ha sido un trabajo muy bonito, efectivamente. Tú lo has dicho, porque cuando te dicen: «No, es que tiene que ser tierno», uno piensa que no hay un manual de cómo hacer tierno a un personaje. Lees el texto, pero hay algo en la ternura que dices: «Bueno, a ver, ¿cómo haces un personaje aquí para que te salga tierno?». Hay ahí un plus que sí me hace sentir muy orgulloso; creo que sí está bien explotado en esta película. Y ya te digo, tengo un hijo de la misma edad que Zack que tiene inquietudes muy parecidas, así que, de alguna manera, he visto a mi hijo reflejado en Zack a la hora de preparar y rodar la película. Así que, si hay algo que me sobra con mis hijos, es ternura.

Precisamente, uno de los momentos más tiernos es donde el padre llora hablando con el personaje interpretado por Zack. Siempre está esta mitología sobre el actor que llora o no llora. Recuerdo perfectamente una escena tuya en La reina de España donde dabas una técnica de cómo llorar. ¿Recurriste a esa técnica?
Jorge Sanz: Bueno, llega un momento en el que he aprendido a llorar en la vida. Antes era algo que no ejercitaba mucho, pero ahora lo ejercito y lloro sin ningún problema. Al hablar de situaciones que me afectan personalmente, he conseguido que eso brotara de una manera natural. Hubo que repetirla [la escena] porque el primer día que rodamos empecé a llorar desconsoladamente; entonces tampoco era eso lo que pedían, así que hubo que repetirla un poco más contenida. A veces te pasas de frenada, como dicen.
¿Qué idea tenías de ti mismo a los 25 años que hoy te parece completamente equivocada?
Jorge Sanz: Joder, mogollón. Muchísimas, porque yo vengo haciendo entrevistas desde los 9 años. Entonces he dicho tonterías de todos los colores. Imagínate, con 10, 12, 14 o 16 años no dices más que tonterías. ¿En qué he estado equivocado muchas veces? Pues posiblemente en no querer aprender, no querer ver la diversidad, en no saber que la riqueza está en la diversidad en todo. Creo que a lo mejor hubo una época en la que no creía tanto en eso y ahora sí.
¿Y qué has aprendido en los momentos en los que, como actor —que siempre hay altibajos—, no sonaba el teléfono?
Jorge Sanz: Bueno, aprendes a vivir, literalmente. Creo que eso forma parte de este oficio, tienes que saber vivir con eso. Y creo que hay que tomárselo de una manera natural: saber estar arriba y abajo, pero tener ahí algo en medio que te hace tener una vida. Ahora tengo una familia, así que lo que he aprendido es a vivir.
¿Hubo alguna vez que pensaras: «Ya, esto se ha acabado para mí», o seguía estando la certeza del «bueno, ya llegará»?
Jorge Sanz: Bueno, sí lo piensas, lo que pasa es que, como tampoco sé hacer otra cosa, pues dices: «Bueno… Esto se me da bien». Afortunadamente, ya he tenido una carrera fabulosa, muy larga, que es lo verdaderamente difícil en este oficio. Llega un momento en que la gente ya se aprende tu nombre. Y la fama… a la fama le suda mucha vida, mucho trabajo. Si eres famoso, puedes llegar a vivir bien o mal de lo que le suda un poco a la fama, aparte de tu trabajo. Eso ya es un extra, un plus, que dices: «Bueno, pues mira, tan mal no me va».

De una carrera tan amplia, ¿qué momento es el que recuerdas de forma más nítida?
Jorge Sanz: Todos. Momentos buenos, muy buenos, espectacularmente buenos, malos… hay muchos momentos. Y yo, la verdad, los recuerdo casi todos bastante nítidamente. Menos la década de los 40, lo demás todo bastante nítido.
¿Qué ventaja crees que tienen los actores que empiezan tan jóvenes en la actualidad que no tuvieras tú?
Jorge Sanz: Bueno, primero la oferta. Ahora hay una oferta de trabajo que antes no había. Antes, en el cine, estábamos los del cine, éramos cuatro gatos. Y no había la oferta que hay hoy, para todas las edades, para todos los medios: teatro, teatro musical, cine, televisión… Hay muchísima oferta que antes no había. Dar el salto a querer ser actor es muy vocacional, igual que antes, pero bueno, es un salto en el que ya hay un poco más de agua en la piscina, digamos. Y luego, técnicamente… a mí me costó años aprender que un actor tiene que saber de cámara, de montaje, de dirección, de edición, de luces, de vestuario, de maquillaje. Ahora, la técnica que tienen al alcance de la mano todos los chavales nos ha superado; o sea, tardé años en aprender lo que ahora mi hijo de 11 años maneja en cinco minutos.
¿Y ahí, a nivel técnico, les ayuda?
Jorge Sanz: Sí, yo creo que sí, porque al final nacen con algo que usan ya de forma habitual… El montaje de las películas, el grabar imágenes, antes era una cosa carísima; ahora está a la orden del día.
¿Hay alguna anécdota que tenga que ver con tu popularidad que en algún momento te molestase pero con la que ahora te has reconciliado?
Jorge Sanz: No. Hubo alguna época en la que me empezaron a confundir con Alejandro Sanz, y me pareció, al principio, claro… Con 20 años, que eres un chulito arrogante, decía: «¿Qué dices…?». Pero luego te das cuenta de que es maravilloso. Así que la mitad de mi fama, por lo menos, se la debo a Alejandro. ¡Muchas gracias, Alejandro!

¿Has firmado autógrafos como Alejandro Sanz?
Jorge Sanz: (Entre risas) ¡Muchísimos!
¿Qué es lo más difícil de explicar para ti a un actor que está empezando?
Jorge Sanz: Al final no tengo ni idea. Yo le diría: vivir. Lo que pasa es que, desde mi punto de vista, es un poco falsete, porque dedicarme a este oficio (si tienes trabajo) te permite vivir mucho, muy intensamente y en muchos países del mundo. Eso te da una visión de la vida que no es del todo real. Sí que he vivido, confieso que he vivido. A un chaval le diría: «Pues nada, vive la vida, disfrútala y observa a la gente». Pero claro, desde una posición un poco cómoda.
¿Y cuál es el consejo que, si le dieras al Jorge Sanz adolescente, no te hubiese hecho caso de ninguna forma?
Jorge Sanz: «No bebas, no fumes, no te drogues». Pero tampoco. O sea, yo creo que todos somos lo que hemos vivido y lo que hemos experimentado, ¿no? Yo a la gente le diría que exprima la vida todo lo que pueda, que sea feliz y que haga feliz a todo el mundo que pueda.
¿Hay alguna interpretación tuya o una película, en general, un proyecto que te generó algo muy positivo a la hora de rodarlo y crear el personaje, pero que luego no tuvo aceptación por parte del público?
Jorge Sanz: Sí, eso forma parte de la historia canalla de este oficio, ¿no? Pasan cosas como esas: de repente haces un papelito en una peli y te lo quitan por cuestiones de montaje, y tú vas al estreno con toda tu familia para que te vean, y no estás. Este oficio está lleno de anécdotas de esas. Películas que son un desastre y luego son un éxito, y al revés: películas que te han hecho sentir maravillosamente pleno durante el rodaje y luego el paquete final no es lo que esperabas. Fernando Fernán Gómez decía: «Joder, que una peli salga bien es milagroso». No es que sea difícil, es milagroso. Dependes del tiempo: si llueve, no llueve… tienes que cambiar e ir reaccionando. Que una peli salga bien es una cosa muy rara.

¿Qué le dirías al público para que vaya al cine a ver 9 lunas, además de porque sale Jorge Sanz?
Jorge Sanz: Aparte de eso, básicamente… bueno, pues porque yo creo que todo el que vea la película, si no se la ha hecho ya, se va a hacer la pregunta de: «¿Cómo reaccionaría yo si en mi familia pasara algo así?».
¿Hay alguna pregunta que nadie te haya hecho nunca?
Jorge Sanz: Chico, es que me han hecho ya tantas, de tantos colores… Está todo preguntado, yo creo.

Fotografías e imágenes cedidas para la entrevista.



