La banda sonora del barrio: Festival La Mar de Músicas, día 9. Por Álex Ro

DÍA 09

SÁBADO, 25-07-2026

Cada barrio tiene su propia banda sonora, y el de mi juventud sonaba a salsa, a Oscar de León, a Tito Puente, a Cheo Feliciano, a Celia Cruz, a la Billo’s Caracas Boy, al Gran Combo de Puerto Rico, a la Fania All Star… Sus canciones se pregonaban por cada esquina en casetes regrabados conseguidos no se sabe donde. Fregar el coche de tu madre el domingo se hacía a son de salsa; despertarte por la mañana y acostarte por la noche se hacía a son de salsa; organizar un tenderete en la azotea se hacía a son de salsa; sentarte en un banco con los amigos se hacía a son de salsa. La salsa era el sabor de nuestra existencia y entre todas sus especias destacaba Rubén Blades, cronista barrial que nos hablaba de lo más serio con los aires festivos de las tumbadoras y los güiros. Por eso, vivir a Rubén Blades en la Mar de Músicas fue un viaje temporal, fue volver al barrio, fue escuchar la voz de mi madre cantando, fue viajar en coche abarrotado con toda la familia (concepto que superaba el ámbito de la sangre), fue encontrar motivos para traer al presente a gente olvidada en el camino de la existencia, fue… recordar quién eres y de dónde eres. Emoción empapando la piel, sentimientos gritados a pleno pulmón, lágrimas para lavar cada tonada, repetir palabras que te construyeron como persona. Porque anoche fue más que un concierto, fue abrir el álbum de fotos de las urdimbres de tu ser.

Reflejo de los tiempos, por las esquinas de este barrio que es la Mar de Músicas también sonaron otros colores, demostrando el mestizaje sonoro de los actuales vecindarios en donde conviven el quejío de María Marín junto a los sonidos malienses de Virginie Dembélé. Sensibilidades que nos enriquecen como personas a pesar de lo mucho que se esfuerzan algunos en hacernos creer que lo diverso es una enfermedad que hay que extirpar. Niegan la existencia del otro, y ese otro es una persona como La Niña, napolitana con sabor hispano que es capaz de acariciar las cuerdas de nuestro ser con la fuerza de la convicción de sus palabras, o La Sra. Tomasa, sincretismo cultural como forma de ser. Esta es la verdadera realidad de este vecindario que se levanta cada verano en Cartagena y que con la luna señoreando sus cielos, echó el cierre hasta el próximo año en donde volveremos a convivir gentes de las cuatro esquinas de este mundo tan diverso y tan lindo.

Texto y fotografías de Álex Ro