La nueva serie original de Filmin, creada y protagonizada por Lorena Iglesias y codirigida junto a Andrea Jaurrieta, tuvo anoche su estreno mundial dentro de la Sección Oficial Fuera de Concurso del certamen.
El Festival de Málaga acogió anoche el estreno mundial de la nueva serie original de Filmin, “Millennial Mal”, dentro de la Sección Oficial Fuera de Concurso de Series. El evento contó con la presencia de todo el equipo de la serie: la creadora, protagonista y codirectora Lorena Iglesias («Balearic»), la codirectora Andrea Jaurrieta («Nina»), el actor Vito Sanz («Volveréis»), la humorista Isa Calderón, que debuta en la ficción, y las actrices Victoria Oliver y Paula Gala. También asistieron los actores Miriam Rubio, Daniel Vitallé y Fernando Nagore, así como los productores Mariela Besuievski (Tornasol Media) y Jaume Ripoll (Filmin).
La serie, que Kinótico (Matías G. Rebolledo) ha definido como «un fino trabajo de orfebrería en la incomodidad», se estrenará en Filmin en verano de 2026.
A medio camino entre la comedia universitaria «Nunca me han besado» y la serie generacional «Girls», «Millennial Mal» sigue a Judith, una bibliotecaria en paro de 42 años que tiene que volver a la universidad para cobrar una beca que le conceden por un error burocrático. Atrapada en los códigos del mundo universitario –fiestas, outfits, miedo al cringe…–, y con el fin de ocultar su edad, se somete a un cambio de imagen ideado por dos veinteañeras, lo que hará que acabe creyéndose su propio personaje.
Desde su aparición en una fiesta, Judith se vuelve un personaje imposible de ignorar: un imán incómodo que despierta risa, identificación y rechazo al mismo tiempo. Entre cruces generacionales, situaciones absurdas y mucha adrenalina, la serie propone una comedia actual, fresca y provocadora, que se ríe de sí misma y que cumple esa fantasía compartida de volver a empezar, incluso cuando ya no es el momento “correcto”.
Llegar tarde a tu propia juventud
Al acercarse a los 40, Lorena Iglesias empezó a detectar que aquello de “sentar cabeza” no estaba en el orden del día de su generación. “Al cumplir 38 años empecé a darme cuenta de que mucha gente de mi edad, cercana a los 40, no daba pasos significativos en su vida en un sentido convencional”, explica. “En mis grupos de amigos, apenas hay propietarios de casas, parejas con hijos o personas con trabajos estables. (…) Siento que los millennials más mayores somos la generación de la doble crisis: adultos cercanos a la mediana edad obligados a vivir como jóvenes en el peor sentido”.
Una sensación que conecta con la idea de que los millennials son la primera generación, desde la Segunda Guerra Mundial, que vive peor que la de sus padres: precariedad laboral, recesión económica, redes sociales, soledad acompañada… y la ligera sospecha de haber llegado tarde a todo. Empujada a vivir como una veinteañera cuando ya roza los 40, la protagonista siente que no aprovechó su juventud cuando tocaba y decide recuperar el tiempo perdido: intenta encajar, exagera, se pasa de rosca, genera empatía… y también vergüenza ajena.
Nuestra protagonista mira al presente, la generación Z, como quien consulta un manual a destiempo. “Siempre he envidiado a los Z. Cada día pienso al menos una vez, ‘ojalá haber sido joven ahora’. Los centennials son autodidactas, empáticos, fluidos, emocionalmente despiertos, etc.” Este es el punto de partida de una comedia que observa, con autoparodia e inteligencia, cómo una generación intenta arreglar su pasado copiando a quienes aún no han tenido tiempo de estropear el suyo.

Fotografía en portada de Alex Zea




