Óscar Hernández Abreu – Desmontando la leyenda negra del emperador Calígula
XIII Clásicas Tertulias. La Laguna, 22.05.2026
Como Lutero ante la puerta de la Iglesia de Todos los Santos, Óscar Hernández se plantó en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife para desarrollar sus tesis a favor de Cayo Julio César Augusto Germánico, quien ha pasado a la historia como Calígula. Con sus catorces negaciones, no llega a tanto como Lutero, intenta borrar de la memoria de los presentes todo lo que sabemos o que creíamos saber a partir de la imagen popular que construyeron sus críticos tras su muerte y que ha enraizado en el conocimiento popular como verdad cierta. Con un verbo encendido, propio de alguien que vive la historia en primera persona, Óscar Hernández defendió a capa y espada la figura de Calígula como si en ello le fuera parte de su vida, como si estuviera en una popina en donde insultaran a un amigo. ¡Qué se atreva Seutonio a rechistarle!

Y todo ello partiendo de un hecho incuestionable: nuestro saber sobre el pasado siempre viene mediatizado por las fuentes que se han conservado. Así, la asimétrica pervivencia de los escritos de la Antigüedad nos pone en la tesitura de trabajar con ellos sin contar con contrapuntos, como pudieron ser los libros perdidos de los Anales de Tácito, que nos hubieran podido ofrecer otra visión sobre el reinado de Calígula. Si encima estos textos esbozan una imagen del tercer emperador romano como un personaje truculento, guiado por la perversión, megalomanía y la locura, entonces está claro que tenemos todos los ingredientes para que fuera carne de cañón de habladurías y desafueros a lo largo de las centurias y se transformara en un tótem de la cultura pop. Porque si algo gusta al pueblo es ver como los poderosos se revuelcan en las pestilentes piaras de la depravación. Y como personaje, todavía tuvo suerte, porque no se convirtió en la diana de los cristianos como ocurrió con Nerón, transformado por la propaganda católica en el belcebú personificado, encargándose durante estos dos milenios de vilipendiarlo y señalarlo constantemente como un ogro capaz de tocar su lira mientras incendia Roma (imagen que ha fijado el cine en la retina de todo el mundo). Lo dicho, tuvo suerte Calígula, que solo fue atacado por sus coetáneos y por todos los historiadores quienes a partir de entonces han empleado de manera acrítica las fuentes escritas. Tres años, diez meses y ocho días, son muchos días para hacer el mal, pero ¿tanto como afirman las fuentes que hizo Calígula? Había que justificar su asesinato de alguna manera y, sobre todo, convencer al pueblo de Roma de que estaba equivocado cuando defendía la memoria del emperador. Los vencedores siempre cuentan con bardos que cantan sus glorias.

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Texto y fotografías de Álex Ro.



