QUE VENGA EL ALBA: El legado de Paco de Lucía. Por Jonathan Medina

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El Festival Internacional Flamenco Romí Ciudad de La Laguna, en su XIII edición, volvía con más fuerza que nunca: dos fechas para el evento ‘QUE VENGA EL ALBA’, y los días anterior y posterior al evento, charla con los integrantes de la banda de Paco de Lucía y varias masterclass con Juan Parrilla, Antonio Amaya Petete y Torombo, Israel Suárez Piraña. Todo un lujo y un crecimiento exponencial a la respuesta del público, que en esta ocasión, y tras el lleno absoluto de la única fecha de la pasada edición, optaba a dos fechas para no perderse el evento. La respuesta era de esperar… ambas fechas llenaron el Teatro Leal sito en San Cristóbal de La Laguna hasta la bandera, celebración de la música y cultura gitana, así como orgullo de una ciudad, La Laguna, que siempre ha apostado por la cultura como tejido conectivo vecinal.

La presente crónica es reflejo de las dos fechas de ‘QUE VENGA EL ALBA’, un servidor puso el sentir el jueves 8 de enero y el compañero Alex Ro (@alexro33) la magia [tras la cámara] el viernes 9 de enero. Así que emulando a José Heredia en la presentación del espectáculo, con un gesto de invitación de nuestra mano decimos: ‘¡Que venga el alba!’

Con el Teatro Leal lleno hasta los palcos de las plantas superiores, el cortinaje del escenario echado y el logo del Festival Internacional Flamenco Romí con el añadido de Ciudad de La Laguna como hermanamiento, el público está expectante a sabiendas del nivel acostumbrado del festival. Previamente, en el hall del teatro, la oportunidad de ver a viejos conocidos en el photocall, además de artistas invitados. Sobre el legado de Paco de Lucía, al cual se homenajea, poco hay que añadir que no se haya dicho ya, encima y fuera del escenario; un GRANDE irrepetible.

Hay una tradición en el festival que hace las veces de obertura y presentación del espectáculo, frente al cortinaje echado, guitarra y voz, se interpreta una alabanza en formato íntimo, un bálsamo para preparar los oídos del público al torrente de arte que les va a calar. Presenta José Heredia, que tras los consabidos agradecimientos, nos habla de que en cada edición se hace más difícil superarse, pero vaya si lo hace, cada vez rompe su propio techo. Esto no es casualidad sino causalidad, la causa es una programación inteligente y con alma, donde en cada edición centra el foco en un aspecto de la cultura del flamenco; si la pasada edición estaba más centrada en el baile, esta, siendo un homenaje a Paco de Lucía, se centraría en la maestría a la guitarra, sin dejar de lado los otros palos.

Se abre el cortinaje y nos recibe la mayoría de los artistas de la noche: Israel Suárez Piraña a la percusión, prescindiendo de bombo al estar sentado sobre su eterno cajón; caja y varios platillos que golpea certeramente con sus dedos. Juan Parrilla, maestro indiscutible a la flauta y que nos regalaría un momento mágico al cierre del espectáculo. Guitarra y los coros de Chonchi Heredia y Mara Cruz, dando paso al vozarrón de David de Jacoba y el arte de la magnífica bailaora Karime Amaya.

Tras está primera explosión flamenca, el escenario se vacía casi en su totalidad, la iluminación se atenúa para dejar solo dos focos sobre los dos guitarras que inician un diálogo que embelesa y nutre el alma; intercambian sus roles de guitarra solista o rítmica, se desafían, saben corresponderse y se empastan en un sonido que de seguro hubiese hecho sonreír al maestro Paco de Lucía. Hacen que parezca fácil algo que conlleva horas y horas de estudio y práctica, más que una profesión, un modo de vida. Como comentaban en la charla del día previo, «…es levantarse con flamenco, soñar con flamenco, y acostarse con flamenco…» (sic). Se suma al bajo eléctrico y venido desde Cuba, Alain Pérez, que con su cadencia a las cuatro cuerdas (claramente influenciado por el son cubano) y su capacidad de darle a su instrumento carácter solista cuando lo requiere, conquistó a la platea, tanto como apoyo del resto de músicos como su interpretación a bajo y voz de esa preciosidad de canción que es ‘El ciego sin bastón’, al que supo añadirle un toque más flamenco. Una de esas interpretaciones que cuando finalizan, el público sigue en shock y tarda en reaccionar al aplauso. 14 horas de vuelo desde Cuba que valen cada segundo por poder disfrutar del arte de Alain Pérez.

Se suceden diferentes números donde los artistas dan cuenta no solo de su maestría, sino además de su versatilidad asumiendo diferentes roles, algo tan afín a la cultura del flamenco. Como colofón, José Heredia sobre el escenario presenta a los componentes de la Banda Juvenil Las Candelas del Centro Cultural y Musical Las Candelas, una jovencísima formación de vientos metal, que bajo la «batuta» (flauta) de Juan Parrilla interpretaron ‘La leyenda del tiempo’ del inigualable cantaor Camarón de la Isla; interpretación a la que se fue sumando el resto de los artistas con apoyo al bajo eléctrico de Alfonso García Frigol. Un deleite que caló el alma; no se concibe por separado escuchar interpretado ‘La leyenda del tiempo’ y no emocionarse. El mejor cierre posible de este espectáculo viene a refrendar lo que ya nos decía José Heredia en la entrevista que concedió a Culturamanía: «Hay que juntar las ganas con las canas. Siempre hemos apostado por las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte y al mismo tiempo por artistas consagrados. Todos se unen bajo un mismo hilo conductor: el flamenco y el amor por la música.» (sic). No puedo más que añadir que la perfecta comunión lograda bajo la dirección musical de Juan Carmona El Camborio y Juan Parrilla nos han dejado una edición del festival difícil de superar.

Autoría del texto de Jonathan Medina.

Fotografías de Álex Ro.