Sabino Álvarez: «Siempre estamos con el pico y la pala para mantener al público que ya tenemos, intentar recuperar al que se fue y educar al público más joven». Por Norberto Trujillo

En el marco del Festival Lo Que Viene Tenerife 2026, Norberto Trujillo entrevista para Culturamanía a Sabino Álvarez, gerente de Multicines Tenerife, para hablar sobre los desafíos actuales de la exhibición cinematográfica, la evolución de las salas de cine y la necesidad de seguir acercando la cultura cinematográfica a nuevas generaciones.

Norberto Trujillo: ¿Cómo es llevar la gerencia de un cine? ¿Qué conlleva?

Sabino Álvarez: La gerencia de un cine, en buena parte, es como la de cualquier empresa: tienes proveedores, clientes… En principio tiene una estructura parecida. Lo que cambia, evidentemente, es el producto.

A veces el producto es como la fruta de temporada. Tienes la temporada de verano con los blockbusters, que es lo típico (y que inauguró Steven Spielberg en su momento con Tiburón), aunque ahora ya se van repartiendo a lo largo del año porque cada vez hay más. El mercado ha cambiado tanto que gestionar ese producto para que tenga una oportunidad se ha vuelto muy complicado. Hay demasiado producto, es un hecho.

Como el medio ha pasado al formato digital, la producción en ciertos aspectos se ha abaratado —ya no dependemos del celuloide y es más barato sacar copias para los cines—, pero también ha cambiado el público, que ahora tiene una oferta audiovisual enorme que consumir en diferentes formatos y duraciones. Si el cine estaba en crisis desde siempre (con la aparición de los videoclubes, internet o la piratería), ahora tenemos una lucha por el sobreexceso de contenido y la falta de demanda. Poco a poco va creciendo, pero sufrimos un recorte drástico por la pandemia del que creo que aún no nos hemos recuperado al cien por cien.

Cuesta muchísimo gestionar ese sobreexceso de estrenos. A la vez, se han reducido plantillas porque hay menos público. En mi caso, soy más multidisciplinar en mi cine: vendo entradas o limpio salas en un momento dado. Nos movemos rápidamente para hacer frente a la embestida de público cuando llega un gran blockbuster. Por suerte, van apareciendo nuevas herramientas, como la inteligencia artificial, que me ayuda a analizar datos de taquilla. A veces sugiere chorradas, pero otras veces me dice: «Oye, pues no vas tan desencaminado con esta idea para aprovechar un estreno o hacer una oferta». Cosas que a lo mejor no se te ocurren o para las que no tienes tiempo.

Siempre estamos aportando ideas y poniendo en marcha programas, como Isla Senior, para acercar clásicos o cine de autor al público mayor. Siempre estamos con el pico y la pala para mantener al público que ya tenemos, intentar recuperar al que se fue y educar o concienciar al público más joven, que es lo más difícil.

Llevar la gerencia de un cine, ¿fue algo —que tu amor por el séptimo arte y el culto al templo en el que se proyectan— que fue surgiendo o algo hacia lo que tú mismo te fuiste dirigiendo?

Sabino Álvarez: Fue por romanticismo, claro. El culto al cine como espacio físico. Más que el cine como concepto o como obra, me gustaba mucho la parte técnica del proyector, porque empecé como operador. Quería ofrecer una buena calidad de proyección, que la gente disfrutara en la sala en las mejores condiciones y pudiera compartir la experiencia, anónimamente, con otra gente.

Cuando salí del Paraninfo, que es un local que cuidé muchísimo con lo poco que tenía, pasar a Multicines Tenerife fue un salto grandísimo: manejar 18 salas con la mejor proyección del momento. A lo largo de los años, siendo mi origen universitario el de informático, me he reciclado, lógicamente, en las nuevas tecnologías digitales y todo lo que sale alrededor (creación de DCP, edición de audio…). Siempre he estado más en la parte de la producción técnica.

Por otro lado, he aprendido a ver cine con amigos, en charlas, coloquios y en el aula de cine, y mantengo cierto olfato para saber si una película es buena o mala. Desde luego, tengo mi frikismo: si tú me dices que una película es una mierda y a mí me gusta, la defenderé a muerte. El cine hay que llevarlo un poquito en la sangre. Veo todo el cine que puedo y me considero afortunado; para mí, esto no es un trabajo de ocho a tres.

Muchas veces he puesto a Multicines Tenerife como ejemplo para rebatir esa frase de «ahora siempre echan lo mismo: remakes, secuelas o superhéroes». Porque tu cine demuestra que no es real: en 18 salas, con unas 20 películas en proyección, de las mencionadas puede haber como mucho cinco. Hay 15 películas de perfil medio esperando a que alguien entre. ¿Cómo es para ti llevar esa lucha semanal de contarle al mundo que hay otro cine?

Sabino Álvarez: Siempre tenemos nuestros portales, pero es insuficiente. Ahí entra la promoción de la película, y la de las majors es una apisonadora que se come toda la publicidad. Hay cierto público nuestro que sí está atento a nuestra oferta alternativa, pero con la gran mayoría es donde fracasamos. Es un trabajo nuestro, pero también es frustrante ver una sala vacía, ya por la parte económica. Duele pensar que, si hubiera un público suficiente en esa sala, daría para mantener un puesto de trabajo más.

Sobre la repetición de materiales, entiendo que la fórmula funciona y yo no tengo ningún problema con un remake. ¿Qué pasa porque hayan hecho dos versiones de Primera plana de Billy Wilder, o porque pasen diez años y vuelvan a hacer Batman o Spider-Man? A veces ves el Spider-Man de Sam Raimi y dices: «Hostia, han pasado veintitantos años». Ha crecido un pibe que a lo mejor va a ver la nueva y luego descubre la antigua de Sam Raimi y dice: «Coño, es mejor que la de ahora». Las películas no envejecen mal si están bien hechas.

Cuando anunciaron un Frankenstein de Guillermo del Toro pensé: «Pues mira, voy a volver a ver la de Kenneth Branagh a ver qué tal». O cuando viene un nuevo Highlander (Los inmortales), yo digo «qué bien», porque se renueva la historia para que un público nuevo sea captado. Si a mí me gusta el cine de terror, y mi favorita es La cosa (The Thing) de John Carpenter, y sacan un remake, pues lo veré. Hay temas universales que son perfectamente adaptables a lo urbano o a lo moderno sin necesidad de tratar como idiota al público.

¿Cuánto hay de lo que tú seleccionas semanalmente para tu taquilla a través de un análisis de lo que puede funcionar y cuánto de «esta película me gustaría verla a mí y la traigo» o «creo que esta debe verla el público»?

Sabino Álvarez: A ver, lo impuesto por el mercado es siempre más del 80 %. A lo mejor me queda un margen muy corto donde digo: «Oye, ¿y esta por qué no la estrenamos?». Meter una película solo porque yo quiero suele ser más a nivel local o por un interés muy particular. Ese margen es bastante corto.

El problema que tienes a nivel de taquilla es que, de ese pequeño margen que tú decides (pongamos un 20 %), tienes que pagar un 80 % de impuestos y a la distribuidora. Con esos números no puedes ceder la sala entera. A veces actuamos casi como una sala cultural y te metemos solo dos pases de un documental. Al final, se tienen que amortizar los puestos de trabajo con las películas grandes para poder permitirte mantener los otros pases.

Toda la cadena de valor del cine —productores, distribuidoras y exhibidores— estamos en la cuerda floja, dependemos unos de otros. Pero, aun así, no me considero para nada pesimista. Seguiremos en la cuerda floja toda la vida, resistiendo.

Fotografías e imágenes cedidas para la entrevista.