El Festival “¡Esto es Histórico!” de literatura y divulgación histórica vuelve a Tenerife (en la Plaza de la Constitución en La Orotava) entre los días 13, 14 y 15 de marzo. Hemos entrevistado a varios de sus próximos invitados e invitadas, para que nos hablen de su trabajo y de cómo ven el presente y el horizonte de la divulgación.
Jesús Barranco nació en Tenerife, vive en El Hierro y es ingeniero de profesión. Su interés por la Historia es una afición tardía, que le ha devuelto a las aulas para estudiarla. Ha escrito tres libros en un tono cercano y con un humor “canalla”, como él mismo afirma: “Grandes liadas de la Historia”, “Grandes guerreras de la Historia” y “Guerras absurdas de la Historia”. En unos días sale a la venta su cuarto libro.
P: Eres, tengo entendido, ingeniero de profesión. ¿Cómo te picó el gusanillo de escribir sobre temas históricos?
Me picó ¡tarde! De pequeñito me aburría la Historia. Huí de las humanidades y me fui a ciencias. Luego, con el paso de los años, se me dio la vuelta la tortilla. Acabé tan apasionado por la historia que me matriculé en la carrera (¡todavía estoy terminando! me lo tomo con mucha calma, para disfrutar). Durante ese proceso, se me ocurrió comenzar a escribir sobre aquellos temas y eventos que me iban apasionando, reinterpretándolos con humor y un tono un poco canalla.
“El humor es especialmente importante hoy en día, porque nos desactiva las defensas”
P: Sobre tu libro «Grandes liadas de la Historia «… Imagino que con respecto a «liadas» históricas, el tema podría ser infinito. Dime una de estas anécdotas que, cuando la supiste, te pareció especialmente irrisoria.
Karánsebes, el último capítulo del libro, fue uno de mis eventos favoritos. La capacidad de un ejército para pelearse contra sí mismo sin darse cuenta, tras una cadena de sucesos propios de un vodevil, parecía sacada de una película de los Monty Python. Sin embargo, proviene de los registros contrastables del Imperio austriaco.
P: Hablando de humor, tu forma de narrar y divulgar hechos históricos suele tener un tono divertido y sarcástico. He visto alguno de tus vídeos en YouTube, y a mí me parece gracioso y ameno, aunque ciertamente no es lo habitual. ¿Por qué usas el humor para narrar? ¿Cómo lo valoran tus lectores?
Para mí, que me aburría la Historia de chiquito, el humor es una forma de acercar la Historia no solo a los que ya la aman, sino también a los que se sienten más desconectados. Es un método para potenciar el disfrute y aligerar sucesos que han tenido, a veces, mucha carga dramática. Además, creo que el humor es especialmente importante hoy en día, porque nos desactiva las defensas. Retira alguno de los prejuicios y respuestas instintivas que nos acompañan y nos invita a relajarnos y disfrutar del contenido histórico de forma más orgánica. E incluso a reflexionar sobre estos sucesos desde puntos de vista diferentes a los habituales.
“Es fascinante ver cómo reaccionamos de forma tan insegura ante determinados patrones de comportamiento social a lo largo de la historia, una y otra vez, con argumentos y excusas […]”
P: Sobre tu libro «Guerras absurdas de la Historia»… las guerras suelen serlo, pero ¿qué es lo más importante que has aprendido sobre lo absurdo de las guerras gracias al libro? ¿Qué te llamó más la atención mientras te documentabas para el libro?
Que la capacidad y la creatividad del ser humano para argumentar y justificar su empleo de la violencia es inagotable. Defendemos acciones militares como «la única solución posible» en un número espectacular de veces a lo largo de los siglos, cuando en realidad lo que hacemos es generar activamente marcos que conducen a esos escenarios. La tozudez, el ego, la codicia e incluso la estupidez son ingredientes permanentes en nuestras ensaladas bélicas, por mucho que lo queramos disimular con llamadas al honor y al deber.
P: También has escrito «Grandes guerreras de la Historia «. Hace poco leí un ensayo que decía que había que dejar de llamar a las mujeres «pioneras» en relación a hechos históricos relevantes, porque en realidad las mujeres siempre han realizado las mismas tareas que los hombres, solo que se las invisibiliza en tareas consideradas «masculinas «. ¿Qué opinas de esto? ¿Cuál ha sido tu experiencia en ese sentido al documentarte para el libro?
Es cierto que hay mucho uso efectista de esa condición de «pioneras», cuando su participación en el desarrollo de las civilizaciones ha sido tan íntegra y diversa como la de los hombres. Sin embargo, es verdad también que las distintas sociedades han tenido sesgos, no solo de visibilidad sino de asignación. El caso militar, por ejemplo, es un poco singular, porque es un campo en el que su participación directa ha sido más singular y menos visible. Las mujeres han formado parte de los esfuerzos bélicos en todos los momentos de la historia, solo que en funciones muy diversas. Sin embargo, en algunos momentos y lugares estaban perfectamente integradas (y aceptadas, que son dos cosas diferentes) en el uso de las armas, y en otros surgió como excepción que se toleraba temporalmente, pero que generaban mucho nerviosismo en los esquemas más conservadores. Como apasionado de la materia, es fascinante ver cómo reaccionamos de forma tan insegura ante determinados patrones de comportamiento social a lo largo de la historia, una y otra vez, con argumentos y excusas, digamos, «creativas».
P: A colación de esto… Cuéntanos la historia de una mujer que te fascinara especialmente.
Milunka Savic. Una mujer increíble a la que llegué, sin conocerla antes, durante el proceso de documentación para ese libro. Una «Mulan» del siglo XX, con una valentía, capacidad de entrega y valores extraordinarios. Que se sacrificó por su familia, por su país y por los huérfanos de las sucesivas guerras. Y que fue abandonada por el sistema durante gran parte de su vida civil.
“Juzgar los eventos del ayer con los ojos de hoy nos lleva a una visión borrosa e incoherente de nuestra historia”
P: Siendo un escritor canario, y debido a la distancia, ¿has encontrado dificultades para promocionar tus libros o que tengan mayor alcance?
Siempre es un poquito más complicado. Las acciones promocionales fuera de las islas son complejas y costosas, y la visibilidad de nuestros títulos se ve mermada por estas cuestiones. Los buenos libros siempre se suelen acabar abriendo camino, pero el proceso es más arduo cuando no puedes acudir con facilidad a festivales, a firmas o estar a disposición de medios de comunicación de proximidad, porque no estás «a tiro de coche» de los espacios donde se te demanda. Ese tipo de cuestiones siempre tiene peso en la visibilidad de nuestros títulos, en el boca a boca o, simplemente, la posición que tienes en las estanterías de una librería. No es algo que nos afecte solo aquí, pero también lo hace.
P: Está de moda el revisionismo histórico, que es un aspecto que tratas en algunas ocasiones. ¿Crees que, a veces o puntualmente, está justificado? ¿O nunca debemos extrapolar el pasado al presente?
Bueno, voy a tomar varias de tus propuestas a la vez. Creo que nunca debemos extrapolar el pasado al presente. Creo que debemos interesarnos, disfrutar y aprender del pasado. Conocer lo mejor posible qué sucedió y por qué, dentro de las circunstancias propias de cada tiempo y cada lugar. Convertir ese conocimiento en cimientos que nos permitan, como sociedad e individuos, navegar este presente turbulento y afrontar de la mejor manera posible el mañana. Pero tratar de, simplemente, juzgar los eventos del ayer con los ojos de hoy nos lleva a una visión borrosa e incoherente de nuestra historia. No es lógico ni práctico: a veces solo nos aporta una sensación de capacidad de juicio y, generalmente, de condena. Nuestras sociedades, por fortuna, han evolucionado más de lo que a veces nos permitimos aceptar, y eso lleva a comparaciones ásperas con el pasado de cualquier cultura o civilización, incluida la propia. Sin embargo, cuando hablamos de «revisionismo» creo que hemos comenzado a usar esa palabra de forma peyorativa, con un objetivo específico, relativo a determinadas formas de reinterpretar los hechos históricos. Digo esto porque, en realidad, yo creo que SIEMPRE hay que revisar la historia. Como cualquier otra ciencia, debe estar en permanente estudio y análisis. Debemos disfrutar pero ser inconformistas. Tratar de encontrar nuevos ángulos y comparar nuevos datos. El conocimiento histórico se amplía cada día y debemos y podemos aprovechar esas nuevas informaciones para arrojar más luz (o generar nuevas preguntas) sobre aquello que creíamos conocer. Para mí, esto nunca puede ser criticable. La historia no es una fotografía fija que deba permanecer intocable e inalterada, sino una figura plástica en permanente modelado, tratando cada día de acercarnos lo máximo posible a la realidad de lo que fue, con todo lo que eso conlleva.
P: Parece ser que en marzo publicas nuevo libro, y he visto en tus redes que todavía no quieres dar muchos datos… Dime 3 palabras que definan tu nuevo libro.
¡Oh, sí! Se viene cuarta entrega histórica. Es un libro en el que despliego sin vergüenza alguna mi disfrute de la historia. Tres palabras… gestas, momentazos y sorpresas. Ahí lo dejo.
Texto y entrevista: Verónica Martín




