Basada en la tragedia real que sacudió los Pirineos catalanes en el año 2000, la ópera prima de Fernando Trullols se ha convertido en una de las películas en catalán más exitosas de la historia reciente.
El próximo 19 de junio llega a Filmin “Balandrau, viento salvaje”, la película catalana más taquillera del año y uno de los grandes fenómenos cinematográficos recientes. Inspirada en hechos reales y basada en la novela “3 nits del torb i un cap d’any” (Símbol Editors, 2018), de Jordi Cruz, la película ha congregado a cerca de 200.000 espectadores en salas y firmó el segundo mejor estreno de la historia para una producción en catalán, solo por detrás de “Alcarràs”.
La película supone además el debut en la dirección de largometrajes de Fernando Trullols, veterano profesional del cine español que ha trabajado junto a cineastas como Luis García Berlanga o J. A. Bayona y que obtuvo el Goya al mejor cortometraje por “El barco pirata”. Con “Balandrau, viento salvaje” aborda uno de los episodios más impactantes de la historia reciente de los Pirineos catalanes a través de una propuesta que combina cine de supervivencia, reconstrucción histórica y homenaje a quienes vivieron la tragedia.
Sinopsis30 de diciembre del año 2000. Un grupo de amigos emprende el ascenso al Balandrau, en los Pirineos catalanes. La jornada comienza bajo un cielo despejado, pero en cuestión de minutos las condiciones meteorológicas cambian de forma radical. Un violento torb, el viento más temido de la alta montaña pirenaica, desencadena una tormenta extrema que atrapará a los excursionistas en una lucha desesperada por sobrevivir.
“Balandrau, viento salvaje” se acerca a la tragedia desde una premisa poco habitual en el cine de supervivencia: la montaña no es el enemigo. Durante el proceso de documentación, los supervivientes transmitieron una petición muy concreta al equipo de la película: “Me pidieron que la película no hiciera coger miedo a la montaña. Ella no es el enemigo; es soberana y sagrada”, explicaba Fernando Trullols.
Ese respeto por la montaña también marcó la forma de rodar la película. Para recrear la violencia del torb, el equipo rodó numerosas secuencias en condiciones reales de montaña y apostó por una puesta en escena inmersiva que permitiera al espectador experimentar la desorientación y el agotamiento de quienes quedaron atrapados por la tormenta. “La ventisca la rodamos con la idea de que la gente pudiera vivirla. Eso era lo que pedían los supervivientes: que se entendiera cómo fue realmente aquella tormenta”.
La fuerza de una comunidad
“Balandrau, viento salvaje” no solo recuerda a quienes quedaron atrapados por la tormenta. La película rinde homenaje también a todas las personas que participaron en las labores de búsqueda y rescate, así como a la extraordinaria ola de solidaridad que se generó alrededor de la tragedia. El relato pone el foco tanto en quienes lucharon por sobrevivir como en quienes hicieron todo lo posible por encontrarlos.
Esa dimensión humana fue una de las prioridades de Trullols durante todo el rodaje. “Antes de empezar, hicimos un minuto de silencio para recordar por quién y por qué hacíamos la película. El set era un lugar sagrado”, recordaba el director. Una sensibilidad que se extiende a toda la producción, incluida la banda sonora original de Arnau Bataller, compositor de títulos como “El 47” o “Mi amiga Eva”, y que contribuye a convertir la historia en algo más que una reconstrucción de una tragedia: un ejercicio de memoria colectiva sobre la solidaridad, el compromiso y la capacidad de una comunidad para unirse frente a la adversidad



