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Adrián Gómez opina sobre el documental «The Beatles y La India»

En una semana parca en estrenos cinematográficos, urge acudir, antes de que lo quiten, al visionado de éste espléndido Rockumental. Inferior al Get back de Peter Jackson (próximamente en Culturamanía), pero esclarecedor y significativo, en tanto al impacto que tuvo la cultura india en los Fab Four en general, y en George Harrison en particular. Así, el film establece dos vertientes a seguir: la espiritual y la musical.


Se parte pues, de aquella secta adoradora de la diosa Kali de la película Help (1965), donde se inicia un romance indirecto con la tierra del Taj Mahal. Harrison se interesa por el sitar y contacta con Ravi Shankar en un viaje a la India en el 66. Escarceos con el instrumento ya se percibían en Norwegian Wood (Rubber Soul), que ya desembocan, tras el encuentro con Shankar, en las gloriosas Love you To y Tomorrow Never Knows (Revolver), y, especialmente, en Within you, Without You (Sgt. Pepper,s LHCB). Aquí, el material de archivo audiovisual es estupendo, constatándose el feedback entre maestro y alumno. El primero sería, ya en 1967, una de las sensaciones del festival de Monterrey.


El elemento oriental entra de lleno en la música pop, como se demuestra también con el single Paint It Black, de los Stones (con Brian Jones al sitar), y la Beatlemania arrasa, como un Ganges desbordado, desde Liverpool a Benares, como atestiguan entrevistados como Kabir Bedi (Sandokan, Octopussy).


El mundo del rock está cambiando. Se impone la filosofía oriental, el hippismo y los primeros coqueteos con el LSD (no perderse los testimonios de Timothy Leary) y nace el Acid Rock. Los Beatles no resultan ajenos al fenómeno, y en plena fase psicodélica, se escapan en Agosto de 1967 a un retiro en Bangor, con Mick Jagger. Aparece el Maharishi Mahes Yogi.

Para bien o para mal, la influencia del gurú en el cuarteto británico es fundamental. A su vuelta, se enteran de la muerte de su manager, Brian Epstein, y se encuentran perdidos, desolados. La tercera y última parte (verdadero núcleo del documental) se centra en el hospedaje en febrero-abril de 1968, de Ringo (se marcha a los diez días), Mcartney (abandona a las dos semanas) , Lennon y Harrison (aguantan hasta el final, con todo lo que conlleva). La vorágine sectaria, la sospecha de marxismo-leninista con la KGB de por medio, la meditación trascendental como solución de todos los problemas a escala global, la voracidad sexual del Yogi, y la inspiración artística para el monumental White Album (ahí nacen piezas como Bungalow Bill, Dear Prudence, Sexy Sadie, Back in the USSR…) son el saldo arrojado, con testigos presentes convencidos como Mía Farrow (a punto de rodar La Semilla del Diablo), Mike Love ( The Beach Boys) o el cantautor Donovan. Del desencanto de los que allí quedaron, al ver intereses económicos preocupantes, en la actitud empresarial del Maharishi, da buena cuenta también la película, subsanando errores y limando asperezas en 2001, reencontrándose Paul y George con un ya anciano Yogi. Queda clara la decepción y el ambiguo seguimiento agridulce, en una era donde el Namaste es la moneda de cambio, y prácticamente, el 25 por ciento de la población mundial son budistas o Hinduistas, viviendo en un mundo material, como reza la canción de Harrison. El amor universal, que pregonará Lennon, en Across The universe. Religión solo practicada en el país de origen si cuentas con unos altos ingresos. He ahí la dicotomía del asunto y el verdadero debate…


George Harrison seguirá la senda con el famoso concierto de Bangladesh en el 71, ya inmerso en el Hare Krishna, tras la tragedia del Yom Kipur… Y el mundo siguió girando… Jai Gurú Deva Om… Nothing,s gonna change my world…

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