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Adrián Gómez opina sobre la película Cementerio de Animales

Tras la correcta y sobrevalorada IT, las majors han vuelto la mirada, de nuevo, sobre el Rey del terror, King, para entendernos, que tan generosos beneficios dejó en sus adaptaciones de los 80, e incluso un par de obras maestras del género (Carrie, El Resplandor) … y fuera del (Cadena Perpetua, La milla verde). En tv, el autor también vuelve a estar de moda (1922, 11-23-62), y toca revisar otra de sus obras clásicas.

Ya adaptada en 1989 por Mary Lambert en la sugestiva y entrañable «Cementerio Viviente», Pet semetery es la particular visión de su autor de la temática zombie, así como Salem, s Lot lo fue del mito vampírico. En esta ocasión, los dos directores, ya metidos de lleno en la secuela de Mamá, actualizan el concepto al siglo XXI, con todos los pros y contras que eso conlleva, es decir: avance tecnológico, planos vertiginosos (pese a una planificación comedida), sustos fáciles y golpes de efectos predecibles. Jason Clarke (Sin Ley, Terminator Genesys) es el cabeza de familia y de reparto, respaldado por un John Lightgow (Impacto, Twitlight Zone) a quien no le cuesta nada eclipsar al resto del cast. La trama, pese a ser un remake sin ínfulas autorales, se sigue con interés y fidelidad, traumas infantiles aparte metidos con calzador en la misma. Es en la última media hora cuando aquello termina de caer en el ridículo más espantoso, con concesiones a la galería de tópicos adoctrinados, por un lado, y la fiebre Walking Dead por otro.

Abandona alegremente planteamientos argumentales (que pasó con la leyenda del Wendigo) y el giro e intercambio de rol de personajes fenecidos en relación con la novela y anterior versión no aporta nada…y lo del plano final de «la familia unida jamás será vencida» mueve a la carcajada. Se deja ver y logra ciertos momentos de tensión, pero es un remake tan innecesario como olvidable. Como le pasa a IT, mucho mejor el libro… y las primeras adaptaciones.

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