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Adrián Gómez opina sobre la película Destino a Brighton

John Parker (Patrick Mcnamee) adolescente británico, emprende un viaje iniciático, tras el deceso de su progenitor, y en su moto Lambretta, hacia la playa de Brighton, lugar mítico donde los haya, por la famosa pelea entre mods y rockers de 1964. Su misión, esparcir las cenizas de su padre allí, y asistir al recital que ofrece el modfather por excelencia, Paul Weller, tras encontrar dos entradas en su parka. Por el camino se unen la alocada y rebelde Sascha Parchison, y el imberbe y disperso hijo de una pareja amiga, Max Boast, que sabe algo relacionado con una reyerta, donde tuvo algo que ver el padre de John, cumpliendo cuatro años de prisión.


David Green escribe y dirige una película sin pretensiones, que homenajea el revival mod, que se dio a finales de la década de los 70, con la aparición de bandas como The Jam, The Chords o, ya posteriormente, The Style Council (los primeros y los terceros, estirpe del omnipresente Weller). También se estrenó por esa época Quadrophenia (1979), verdadero título de culto con Phil Daniels o Sting, y adaptación cinematográfica de la ópera rock de los Who de 1973, que contaba (y muy bien) los hechos acontecidos diez años antes, con una ambientación, musical y escenografíca, de quitarse el sombrero, al margen de reflejar las inquietudes, dudas, y problemas (emocionales, familiares, laborales) de un joven mod, Jimmy, hilo conductor del reiato. Este film le rinde tributo en varias ocasiones (esa escena del callejón), aunque no llegue a la altura. Se trata de un soplo de aire fresco que ni molesta ni trasciende, pero se deja ver con agrado. Cameos de tótems como Gary «Mani» Mounfield (The Stone Roses, Primal Scream) o Patsy Kensit (Eight Wonder y, no por casualidad, protagonista de la película Principiantes), que, además, colabora en la producción del film. Representa un ejemplo más de la naturaleza y espontaneidad de ese nuevo cine británico que despega en los noventa (Transpotting, Full Monty, Tocando al viento, Velvet Goldmine, Billy Elliott..), aunque Green no es Danny Boyle o Todd Haynes. Ni siquiera se acerca a Frank Roddam o Julien Temple, pero, como muy bien dice el amigo David Making Time, melómano empedernido y experto en la materia, se trata de una Road movie más que entretenida. Si la ven en VOSE, no se pierdan con el acento mancuniano.


Atención al póster de This is England (casualidad?). Recomendable

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