Entrevista a Marga Sánchez Romero, catedrática de Prehistoria y divulgadora: “Lo que nos hizo humanos fue cuidar, cuidar de toda la población”. Por Verónica Martín

El Festival “¡Esto es Histórico!” de literatura y divulgación histórica vuelve a Tenerife (en la Plaza de la Constitución en La Orotava) entre los días 13, 14 y 15 de marzo. Hemos entrevistado a varios de sus próximos invitados e invitadas, para que nos hablen de su trabajo y de cómo ven el presente y el horizonte de la divulgación.

Marga Sańchez Romero es catedrática de Prehistoria y Vicerrectora de Extensión Universitaria, Patrimonio y Relaciones Institucionales de la Universidad de Granada. Además, ha escrito varios libros que explican contextos históricos relacionados con la vida de las mujeres y la experiencia vital de nuestros cuerpos (“Prehistoria de mujeres” en 2022, o “Lo que el cuerpo nos cuenta” en 2025).

P: ¿Hasta qué punto ha avanzado la ciencia para poder estudiar la Prehistoria? ¿Nos queda mucho por saber?

Es obvio que la disciplina arqueológica, la arqueología como disciplina científica, en los últimos años ha experimentado un crecimiento en la aplicación de analítica y de técnicas, sobre todo en lo que se refiere a la bioarqueología, muy importante. Siempre hemos tenido un método científico, todos los estudios y toda la información que se ha ido generando respondía a ese conocimiento científico, a ese método científico, pero es verdad que en los últimos años somos capaces de acercarnos mucho más a esas poblaciones. Los estudios genéticos, por ejemplo, de ADN nos hace ser capaces de reconocer relaciones de parentesco entre personas que están en lugares distintos, o incluso enterrados en un mismo lugar. El estudio de los isótopos de nitrógeno, de carbono o de oxígeno, también nos permite conocer la dieta de esas poblaciones, si eran más carnívoras, más herbívoras, si comían o no pescado. Nos habla de movilidad, el estudio de la huella química que la alimentación deja en los huesos nos permite saber si una persona nació en el mismo sitio donde ha sido enterrada o en sitios distintos. Por supuesto, todo lo que tiene que ver con la amelogenina. Esta proteína, que es una proteína que también encontramos en el cuerpo, sobre todo en los dientes, donde la estamos utilizando, nos sirve para sexar muy bien, para saber si un individuo es masculino o femenino. Y, por supuesto, todas las aplicaciones relacionadas con la propia antropología física y la osteología, que nos permiten hablar de enfermedades, de esfuerzo físico, del tipo de esfuerzo físico. Es cierto que en los últimos años esto ha experimentado un crecimiento muy importante. Nos queda mucho por saber, nos queda muchísimo por saber, por supuesto. Esto es lo bonito de la arqueología y de la arqueología prehistórica en particular. Nos quedan muchos desafíos por delante.

“Empezamos a meter el cuidado, la socialización, la crianza, en ese ámbito invisibilizado, como si no fuera importante para las sociedades del presente. Y así seguimos, en buena parte, seguimos negando la presencia de esas actividades”

P: En alguna ocasión ha dicho usted que la ciencia (con respecto a las mujeres) “nos pone en nuestro sitio”, ya que demuestra que siempre hemos tenido un papel activo en el desarrollo de las sociedades. ¿En qué momento de la historia surge esta necesidad de invisibilizar el papel de las mujeres, y por qué?

Cuando la arqueología surge como disciplina científica en el siglo XIX, es una arqueología, una ciencia hecha por hombres de las élites intelectuales y económicas. Y ellos describen el mundo, o les interesa el mundo, su mundo contemporáneo. Y recurren a las poblaciones de la Prehistoria para seguir sustentando un modelo de sociedad, que es la de finales del siglo XIX. Y por eso quieren trasladar a la Prehistoria situaciones de desigualdad que existen en el siglo XIX. 

Recordemos que en el XIX las mujeres ni siquiera pueden votar. Por tanto, ¿qué importancia social, económica o política van a tener en ese momento, en el siglo XIX? Ninguna. Entonces, si nos llevamos esa situación de desigualdad a la Prehistoria, la haremos casi inamovible. Ahí surge el tema del estereotipo, de cancelar a las mujeres en determinadas actividades, incluso de invisibilizarlas en las actividades que se supone que hacían, porque no son relevantes para las sociedades. Y entonces empezamos a meter el cuidado, la socialización, la crianza, en ese ámbito invisibilizado, como si no fuera importante para las sociedades del presente. Y así seguimos, en buena parte, seguimos negando la presencia de esas actividades, de las actividades que tienen que ver con el cuidado, las seguimos negando en la actualidad o las seguimos infravalorando en la actualidad… las actividades que son las únicas imprescindibles, son las únicas fundamentales y estructurales en cualquier sociedad. Pero lo seguimos haciendo. Entonces, invisibilizar a las mujeres nos lleva a creer que nuestra presencia, nuestra importancia a lo largo de la historia no ha sido tal. Y eso ayuda a justificar las desigualdades del presente.

P: Hablando sobre su libro “Lo que el cuerpo nos cuenta”… ¿en qué medida y de qué manera ha influido la biología femenina en esa invisibilización? ¿Nuestra capacidad reproductiva pudo ser excusa para ello?

Bueno, la biología femenina ha sido utilizada como una excusa para sustentar esa desigualdad. Ninguna diferencia biológica entre hombres y mujeres debería sostener desigualdades sociales. Ninguna diferencia entre seres humanos debería sostener ninguna desigualdad social, que es lo que se ha hecho. Lo que se ha hecho es hacer entender que como éramos diferentes deberíamos ser desiguales. Para eso es evidente que también la maternidad se ha usado, pero se ha usado para decir lo que nosotras no deberíamos hacer porque somos madres o no podemos hacer porque somos madres. Y yo creo que está más demostrado en cualquier sociedad que la maternidad no impide en absoluto desarrollar ninguna tarea, desde la más básica a la más compleja. Lo que pasa es que sí que es verdad que se utiliza esa idea del cuidado casi animalesco o casi esencial, o esa idea del instinto maternal para sacar a las mujeres del ámbito de la producción y dejarlas en el ambiente. En el ámbito doméstico, que ha convenido mucho también a las sociedades patriarcales, pero la biología en ningún caso puede ser la excusa para generar desigualdades sociales.

“Todas las mujeres en el mundo no paren igual […], por tanto no es solo un elemento biológico, es un elemento social, económico y político”

P: El cuerpo de las mujeres ha sido una constante obsesión del patriarcado, donde es aceptado solo si sirve a sus fines. ¿En qué momento histórico esa obsesión parece comenzar o hacerse patente?

El uso del cuerpo de las mujeres, el uso del cuerpo de las mujeres empieza a manifestarse claramente una vez que empieza la desigualdad social y, por tanto, la desigualdad entre mujeres y hombres. El cuerpo lo usa todo el mundo. En las sociedades paleolíticas, en las sociedades que son muy igualitarias, el cuerpo se usa. Lo usan hombres y lo usan mujeres para manifestar su identidad. Se tatúan, se pintan, se adornan, se ponen pendientes, se ponen brazaletes para manifestar una identidad que, en este caso, es una identidad muy comunal o para distinguirse por habilidad. Habría gente que cazaría mejor, gente que pintaría mejor y gente que sería capaz de hacer alguna industria artesanal mejor porque es una cuestión de habilidad, no de sexo. Entonces, a lo mejor ahí sí que hay alguna representación. Sobre todo el cuerpo se usa para manifestar una identidad comunal y colectiva. Cuando empieza la desigualdad es cuando empieza también a utilizarse el cuerpo de las mujeres, cuando se empieza con el estereotipo. Una vez que empieza la desigualdad, el cuerpo de las mujeres se utiliza. A partir de ahí se crean modelos de mujer. 

Cada momento histórico tiene un modelo ético, pero sobre todo estético de mujer. O sea, es un modelo estético que se corresponde con un modelo ético de mujer. Y, por tanto, pues bueno, ahí también ha existido esa capacidad de decirnos a las mujeres cómo deberíamos ser en cada momento histórico. No solo en cómo nos vestimos, cuánto pesamos, cómo debemos peinarnos, sino también en cómo debemos comportarnos, ¿no? Así que desde que empieza la desigualdad empieza el uso del cuerpo de las mujeres de manera consciente.

P: En este libro habla de la “arqueología del cuerpo”. ¿Qué es exactamente?

La arqueología del cuerpo es el estudio del cuerpo más allá del objeto. Es decir, como en el cuerpo lo experimentamos todo; experimentamos la enfermedad, experimentamos el esfuerzo físico con el cuerpo representamos, nos vestimos, nos peinamos, nos adornamos de una manera determinada para que el resto del mundo nos reconozca de una manera determinada. El cuerpo sufre, como digo, la enfermedad o el esfuerzo físico o lo que comemos. Como los seres humanos, todo evidentemente lo experimentamos a través del cuerpo, entonces, la arqueología del cuerpo lo que mira es el cuerpo no solo como un objeto, sino también como un sujeto propio, como una forma de entender que esos huesos que hay ahí responden a una experiencia humana determinada. 

“Las sociedades sobre todo han sido solidarias entre ellas. Si no, no hubiéramos podido sobrevivir”

P: Parece ser que se está estudiando recientemente la menopausia en periodos como la Prehistoria. ¿Podrían estos estudios revelar datos desconocidos hasta ahora? 

El problema aquí es que todo lo que nos pasa a las mujeres es natural, de manera que la menarquía, la menstruación, la menopausia, la perimenopausia, el embarazo, el parto… todo lo que nos pasa a nosotras es natural, y por tanto parece que no hay que estudiarlo y no hay que darle características sociales o políticas. Y eso es un error muy grave, porque todo lo que nos pasa tiene consecuencias. Imagínate lo que es la primera menstruación para una niña, el cambio social que se produce o en muchas sociedades efectivamente perder la capacidad reproductiva con la menopausia, pues también significa un cambio en el estatus de las mujeres. 

Yo siempre pongo el ejemplo de que si todo fuera natural, todas las mujeres en el mundo parirían igual y eso no es verdad. Todas las mujeres en el mundo no paren igual. No paren con la misma gente, en los mismos lugares, en las mismas condiciones higiénico-sanitarias, por tanto no es solo un elemento biológico, es un elemento social, económico y político. 

Entonces, es verdad que ahora estamos intentando, se está intentando por parte de gente de la Universidad de Burgos, en reconocer cómo la menopausia afecta al cuerpo de las mujeres, sobre todo en el tema del hueso, para poder hacer, una vez que hayamos reconocido en huesos que sepamos edad y que sepamos el sexo, seamos capaces de reconocer cuándo empiezan esos procesos de la menopausia, llevárnoslo a la sociedad de la prehistoria, y poder ver si hay cambios sociales que se reflejen, por ejemplo, en el ajuar funerario, en cómo se entierran, una vez que empiezan esos procesos. Entonces, yo creo que ahí, ahora mismo no tenemos conocimiento suficiente, pero lo lograremos; para ver si este ciclo vital fue distinto en épocas pasadas, pero estamos en ello, están en ello, en la investigación.

P: Vista desde fuera, la historia del mundo parece una sucesión de hechos violentos. Pero curiosamente los cuidados, cuidar a los miembros de una familia, o tribu… también resulta revelarse como aspecto importante para el desarrollo de las sociedades. ¿Es realmente así?

Claro, porque la hemos estudiado así. Es que esa es la imagen que tenemos, porque así es como nos lo han enseñado. Hasta hace poco un mundo como el mundo medieval o renacentista se estudiaba siempre en base a guerra, tratado, tratado, guerra, guerra, tratado, tratado, guerra… Así es que está en la historia. Se ha entendido el mundo en un contexto que, como digo, es muy androcéntrico. Se ha basado toda nuestra historia en hechos masculinos que tenían que ver con la conquista del poder, con las guerras, con el conflicto, con la jerarquización, con la aristocracia, con el poder y las formas violentas de conseguir ese poder. Y, por tanto, es normal que hayamos estudiado todo a base de guerras, como digo, y tratados y conflictos. Esta es la forma que entendemos del mundo. Pero, sin embargo, las sociedades sobre todo han sido solidarias entre ellas. Si no, no hubiéramos podido sobrevivir. Si solo se hubieran resuelto los conflictos de forma violenta, esta humanidad se hubiera extinguido hace mucho tiempo. Hay, sobre todo, otros espacios que tienen que ver con el cuidado, con la solidaridad. Ahora todo el mundo, cuando hablamos de evolución humana, todo el mundo lo que te dice es que lo que nos hizo humanos fue cuidar, cuidar de toda la población. Si solo hubieran sobrevivido los más fuertes, la mitad de la población no estaríamos aquí. Y, por tanto, hay que poner el acento en lo que es súper importante, lo fundamental… el cuidado, es lo que nos ha hecho que lleguemos hasta aquí.

P: Dígame una mujer o varias de la Historia que sean referentes para usted.

Yo estudio Prehistoria, y en Prehistoria no tenemos esa conciencia de personas concretas. A mí me gusta más hablar de conocimiento colectivo, es decir, de todas esas mujeres que han sido invisibilizadas, que han sostenido el mundo durante mucho tiempo, muchas de ellas mujeres mayores, mujeres con mucho más conocimiento, más sabias, con más experiencia, pero realmente es un conocimiento muy colectivo el de las mujeres. 

Yo no pondría ninguna mujer como referente. Algunas veces me da un poco de miedo, también te digo. Por ejemplo, siempre que llega el día 11 de febrero, el Día de la Mujer, la Niña y la Ciencia, durante mucho tiempo de la que se hablaba era de Marie Curie. Y claro, poner de referencia a una niña que quiera ser investigadora a Marie Curie es muy peligroso, porque Marie Curie era excepcional ya no solo entre las mujeres, sino entre las mujeres y los hombres, ya que ganó dos premios Nobel. O sea, que es que Marie Curie era absolutamente excepcional. Y damos la impresión de que las niñas que se quieren dedicar a la ciencia tienen que ser Marie Curie, porque si no, estarán fracasando. Entonces, yo a Marie Curie la admiro un montón y creo que ha sido una persona súper relevante, pero creo que hay que poner en valor el trabajo oculto, invisibilizado de otras muchas mujeres que no eran Marie Curie y que han sido relevantísimas para todos los ámbitos, para el de la ciencia, para el de la literatura, para el de la historia, para el de la pintura… Esas mujeres que no se han visto, precisamente por esa mirada patriarcal sobre las sociedades y sobre esa decisión sobre lo que las mujeres debíamos, podíamos o queríamos hacer. Entonces, yo no pondría ningún ejemplo, sino hablaría de ese conocimiento colectivo de muchas mujeres en su cotidianidad, que lucharon por romper esas barreras para el resto de nosotras. 

Texto y entrevista: Verónica Martín