Roberto Torres: «La calle hace accesible la danza»

Tras quince ediciones, el festival de danza Cuadernos Escénicos se ha consolidado como uno de los proyectos culturales más singulares de Tenerife: un festival que saca la danza del teatro y la lleva a las plazas, paisajes y rincones más inesperados de la Isla Baja y otros enclaves. Su director, Roberto Torres, defiende un modelo que combina exhibición, creación, formación e inclusión, y que convierte a Buenavista del Norte, Guía de Isora e Icod de los Vinos en escenarios abiertos para (re)descubrir el territorio a través del cuerpo y del movimiento de las artistas y compañías invitadas.

Pregunta: ¿Qué es hoy Cuadernos Escénicos y qué lo hace diferente de otros festivales?

Respuesta: Cuadernos Escénicos es, sobre todo, un proyecto para llevar la danza al norte de la Isla —y este año, también, a Guía de Isora—, concretamente, a sus espacios no convencionales. Porque en este Festival no se utilizan los teatros ni los escenarios habituales, sino que se aprovechan los rincones y los paisajes, a los que la danza transforma por medio de su poesía —capaz, incluso, de mostrarnos el mar en movimiento, de una forma nunca antes vista—.

Además, hay algo importante en esta elección: no sólo contamos con el público aficionado que ya viene al teatro, sino también con quien aparece de repente y nos encuentra por el camino; con quien pasea, se detiene y descubre algo que no esperaba: un espectáculo de danza. En ese sentido, la calle y Cuadernos Escénicos llevan quince años haciendo accesible la danza para todas; y les aseguro que aguantar quince años con un Festival —y que perdure— es toda una aventura.

P: Esta edición vuelve a subrayar la dimensión territorial del Festival. ¿Qué papel juegan los municipios?

R: Es fundamental. Hoy, hay tres municipios que hacen posible el Festival: Buenavista del Norte, Guía de Isora e Icod de los Vinos; lugares que, de alguna manera, han entendido que el Festival también ayuda a (re)descubrir la isla y sus espacios.

Al final, cuando llegas a uno de estos municipios, una de las primeras preguntas que te haces es: «¿Dónde podemos bailar?». Y eso ya te obliga a mirar de otra manera: un rincón, una plaza, una roca o un entorno natural dejan de ser sólo paisaje y se convierten en escenario.

P: En cualquiera de los casos, Cuadernos Escénicos no es sólo exhibición; también es creación, formación e inclusión en forma de talleres y actividades, ¿no?

R: Sí, eso ha estado desde siempre en el ADN del Festival. Desde los primeros años, empezamos a invitar a coreógrafos y coreógrafas profesionales para que montaran piezas, primero con gente de los propios municipios, y después, también, con bailarines y bailarinas de Canarias. Más tarde llegaron los intercambios con jóvenes intérpretes destacados de otras Islas o Comunidades Autónomas. Este año, por ejemplo, vendrán siete bailarines de Canarias —de Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife—.

Respecto a la creación, habrá diversos talleres, de los que saldrán muestras originales que se estrenarán por primera vez —y, a veces, única— en el Festival. El primero de ellos, dirigido a jóvenes, lo impartirá Arnau Pérez (Cataluña), un bailarín que de alguna forma ha mezclado lo urbano y lo contemporáneo; y que ha generando, con ello, un lenguaje muy interesante.

Luego está toda la parte de diversidad e inclusión, que para nosotros es central. En Buenavista del Norte ya existía un trabajo muy profundo en ese sentido. Por eso, de cara a esta edición, pensamos que era imprescindible vincular alguno de los talleres a su Centro Ocupacional, siendo Alfredo del Rosario, de la compañía EnbeDanza y con un valiosísimo recorrido como formador de Danza y Teatro en personas con diversidad funcional, la persona idónea para conseguirlo. Mientras que, en Icod de los Vinos, colaboraremos durante toda la semana con la Asociación APREME, que ha invitado a Yaya Sanou, bailarín, coreógrafo y pedagogo de Burkina Faso con una experiencia impresionante en el trabajo con personas sordas, cuyo método para hacer bailar, activar los sentidos y abrir otras formas de presencia es algo realmente extraordinario.

Por último, también se incorporará Aïcha Kletchio Coulibaly, bailarina sorda de Burkina Faso, quien, además, presentará su propia pieza dentro del Festival —’Ombre d’Aïcha (La sombra de Aïcha)’, el próximo 10 de julio en la Plaza General Eulate de Buenavista del Norte—.

P: El Festival supone, además, la oportunidad perfecta para disfrutar en Canarias de los espectáculos que forman parte de la Red Acieloabierto, no siempre accesibles por las condiciones y características de sus piezas; que, sin duda, son particulares.

R: Cuadernos Escénicos forma parte desde hace años de la Red Acieloabierto, que reúne a festivales de toda España dedicados a la danza en espacios no convencionales, es decir, que buscan salir de los teatros y acercarse al patrimonio, a las plazas y a los monasterios, a los castillos y a las ruinas, a los volcanes y a las montañas, para convertirlos en lugares bailables y bailados. Y eso nos da acceso a un catálogo amplísimo, y a una selección de piezas que, de alguna manera, representan lo más interesante de la creación actual en este ámbito.

También existe una ventana internacional que nos permite estar en contacto con trabajos de otras culturas y países. Este año, sin ir más lejos, acogemos a creadoras e intérpretes de Eslovenia (Patricija Crnkovič y Tjaša Bucik) y Ucrania (Daria Koval), haciendo de Cuadernos Escénicos un festival que no es sólo local, sino un proyecto vinculado a una red nacional —e internacional— de creación contemporánea; del que este año traemos hasta un total de siete propuestas, de: Andrea Castro (Galicia), Erain (Navarra), Rolando Salamé (Madrid), Alejandro Moya (Madrid), Los que faltaban / La compañía joven de 180 (Madrid), Ana F. Melero & Luna Sánchez (Andalucía) y Carmen Fumero & Dácil González (Canarias); esta última, además, Premio Nacional de Danza en 2019.

P: ¿Qué va a encontrarse el público que se acerque este año al Festival, entonces?

R: Además de los nombres que estarán presentes, también habrá lo que llamamos CineGastroDanza y Cuadernos en Ruta, que es una actividad que recuperamos este año en la que se elige un lugar secreto, normalmente de la Isla Baja, y al que invitamos a cuatro bailarines y bailarinas, en este caso, Dácil González, Carmen Fumero, Paloma Hurtado y Abián Hernández, para que creen, junto a músicos en directo, una pieza específica para el enclave. Sólo ellos sabrán cuál es la ubicación elegida —sobre la que estarán trabajando un par de días antes—, hasta que las espectadoras acudan el sábado tras subirse a una guagua sin destino conocido. Sin duda, es una oportunidad única para (re)descubrir nuestra Tierra, acercarte a un lugar desconocido y darte cuenta de que, cuando alguien crea una pieza para un lugar determinado, la danza puede practicarse donde sea: ya sea abrazando a un árbol, ya sea meciéndose por el mar o acompañando a las plataneras.

Desde luego, hay un público que ya sabe que existe el Festival y que va a venir expresamente; incluso gente de distintos puntos de la Isla. Y es algo lógico: poder pasar unos días en Buenavista del Norte, Guía de Isora e Icod de los Vinos, darte un baño por la mañana y, luego, encontrarte con la danza al aire libre. ¿No les parece un planazo de verano? Pero también está ese otro público del que hablábamos antes: el que aparece, el que se lo encuentra, el que quizá no andaba buscándolo. Y ahí creo que ocurre algo mágico.

Al fin y al cabo, a los espectáculos se les añaden otros sentidos, propios del espacio abierto: la luz, el aire, los sonidos… Ver cómo el arte y el movimiento se apropian del lugar donde estuviste tomándote el café por la mañana, sin ir más lejos.

Porque a la danza no hay que acercarse sólo desde el intelecto. Al fin y al cabo, tiene un lenguaje mucho más universal que la palabra o los idiomas; y tiene que ver mucho más con relajarse, con estar, con sentir y con observar detenidamente. El pensamiento no nos deja ver —en muchas ocasiones—. Y al querer entenderlo todo de inmediato, olvidamos que la danza funciona de un modo diferente: más apegada a la imaginación, a la intuición y a lo que la verdadera vida representa.

En tiempos de tanto ruido y de tanta saturación, con la cabeza tan agotada como la tenemos, ¿qué mejor que formar parte de algo tranquilamente? Donde la gente no gana ni pierde. Y ni siquiera viene a defender unas pasiones, como en un campo de fútbol; sino a vivir, directamente.

P: Hay una idea muy fuerte en todo lo que comentas: la necesidad de volver a nosotros mismos —al menos, por un tiempo—. ¿Cómo podemos hacerlo a través de la danza?

R: Sin duda, el cuerpo debe estar a salvo. Cada vez estamos más ciegos, más sordos y tenemos más problemas a la hora de tocarnos. Los sabores seguro que también los tenemos dañados. Por eso, es tan importante volver a escucharnos. Con la danza, además, ocurre algo maravilloso: incluso cuando sólo estás mirando, ya estás participando en ella. Y eso está demostrado científicamente: sólo por imaginar lo que los demás están haciendo, ya estamos bailando con ellos.

P: ¿Y qué van a encontrarse los bailarines y bailarinas en una edición como ésta?

R: Sin duda, un coreógrafo o una coreógrafa que trabaja en espacios no convencionales tiene que estar muy abierto al lugar, así como dispuesto a ocuparlo y a transformarlo de alguna manera. No todas las piezas sirven para todos los espacios y, aunque una obra viaje por distintos festivales, nunca se baila igual en un sitio que en otro.

Por supuesto, no será lo mismo bailar delante del Guggenheim que hacerlo en la plaza de Buenavista, en Playa San Juan o junto a una iglesia de la Isla Baja. Pero no porque un lugar tenga más categoría que otro, sino porque los espacios también hablan, tienen su historia y se viven de distinta manera.

FOTOGRAFÍA EN PORTADA: Roberto Torres durante la presentación de la XIVº edición del Festival de Danza Cuadernos Escénicos. Fotografía: Leticia Dorta Lemus.