lunes, abril 15, 2024

Adrián Gómez opina sobre la última película de Marvel «Eternals»


Me dispongo a disfrutar con mi combo de cotufas y cola. A desconectar. Sin prejuicios. En mi ánimo estaba el glorioso regreso del Dios Jack Kirby a Marvel en los 70, y Los Eternos, mirando de reojo lo que había hecho en DC ( Nuevos Dioses) y las últimas aportaciones de Neil Gaiman al meollo. El film está dirigido por Chloe Zao (The Rider, Nomadland), y todo tenía que subir tras el bodrio infecto de Shang Chi. Albergar esperanzas con Marvel Disney.

Un comienzo épico, sin logo churrero, con texto introductorio al estilo Excalibur o Highlander, con explicación de los celestiales, de los desviantes y de los eternos, con una prejubilación de 7.000 años ( ni telefónica, así se curan en salud con lo de Thanos y tal) , y con flasbacks en Mesopotamia y Babilonia. Aliento adulto y sentido de la aventura. Llega la insignia de la factoría, a ritmo del Time de Pink Floyd. Todo pinta bien.

Conocemos a Arishem. Y a los multirraciales Eternos; Icarus, Ajak, Thena ( Angelina Jolie y Salma Hayek, ambas estupendas, pero la hija de John Voight anda algo perdida) a Duende, a Gilgamesh, etc..hay cameos de Vengadores (ignotos para los que no han leído cómics) como Dane Withman (Caballero Negro) y Eros (Starfox) , ya sabéis, Marvelitas, el hermanisimo, encarnado aquí por un ex One Direction (tal cual). En Londres, se reencuentran Kit Harington y Richard Madden, tras Juego de Tronos, gracias al personaje de Gemma Chan. Luego, el itinerario para reunir a todos los protagonistas, es la envidia de cualquier película Bond: Dakota del Sur, Amazonía, Australia, Irak…todo muy Fuerteventura. Se agradecen las numerosas localizaciones exteriores, pero, tras la primera mitad, el asunto cae en el mismo problema que Thor o Dr Strange; se impone el humor pueril e infantiloide marca de la casa, la inclusividad forzada, el oportunismo integrador, la corrección política y la indefinición de tono en general. Minorías, discapacidad, parejas de hecho…todo muy loable, pero con calzador. Deus ex machina de última hora y un clímax volcánico (aquí también) realzan el ritmo, pero el film ya está lastrado. Pese a todo, se toma su tiempo en el desarrollo de la trama, y tiene un ritmo desafiante para los zombis de Kevin Feige, pero es mucho más madura que toda la basura cósmica Infinity. Las imperfecciones citadas hunden el Domo y no las salva ni Píp el troll, pero posiblemente, estemos ante la propuesta más arriesgada de la churrería desde Soldado de invierno. Lastima. Podría haber sido un clásico

Fotografía en portada: Cartel o escena, público y distribuido para su publicidad de la película

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