Cine & TelevisiónCríticas de Adrián Gómez

Adrián Gómez opina sobre la película «Mientras dure la guerra»

Alejandro Amenabar nos entrega su mejor película desde Los Otros. Después de la facilona y sobrevalorada Mar Adentro, la muy interesante Agora, y la parcialmente fallida Regresión, el director realiza una aproximación rigurosa al golpe de estado de 1936 en España, los efectos que tuvo en los diferentes estamentos, especialmente enfocado a Salamanca y al personaje de Miguel de Unamuno; el ascenso del caudillo y la paulatina implantación del nuevo régimen.

Con un vigor narrativo de esencia cuasi-spielbergiana (y mucho mejor que Lincoln, por ejemplo), y una soberbia ambientación a todos los niveles (diseño de producción, fotografía, vestuario, maquillaje, y una bellísima banda sonora compuesta por el propio realizador), la película triunfa allí donde han fracasado otros acercamientos cinematográficos al tema. Sin entrar de lleno en la guerra civil, el clima de terror se respira, sin cargar las tintas, y mostrándonos lo justo. Escenas para el recuerdo, como la batalla dialéctica de Unamuno con Salvador, mientras se aleja la cámara , y suena el score ( estupenda parábola sobre el entendimiento entre ideologías, marca España), la posterior captura de este último, los encuentros con la viuda de Atilano, o los del protagonista con Franco, solicitando clemencia, o el magistral clímax, con el popular soliloquio del literato («Venceréis pero no convenceréis») y posterior abucheo, al borde del linchamiento; exhiben una maestría en el apartado de la dirección e interpretación, que sólo cabe rendirse ante la exquisitez de la puesta en escena.

Mención especial para Karra Elejalde en su caracterización del intelectual vasco, posiblemente en el papel de su carrera, y el único capaz de arrebatarle el Goya a Luis Tosar. Y un desatado pero magnífico Eduard Fernández, como Millan Astrada, demostrando una vez más por qué es uno de los mejores actores de este país. Papiroflexia cinematográfica tan genuina, como la afición del autor. Magistral de principio a fin, representa un manifiesto democrático a todas luces oportuno en estas fechas, pero de una brillantez artística intachable.

¡Muy recomendable!

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