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Bob Dylan cumple 80 años. Por Adrián Gómez

Hablemos de Dylan. 80 años. 60 en el mundillo. Adorado e incomprendido. Adalid de la canción de autor, si no es por el aún estaríamos con el «yo te quiero, tu me quieres». ¿La voz de su generación? Y mucho más. El desconocimiento de su trayectoria y la importancia capital de su obra en la historia de la música moderna, llevo a los de siempre a criticar el premio Nobel de literatura. Y yo pregunto: ¿De donde viene la literatura?. Históricamente hablando…narración oral, canto épico. Alguno de estos detractores (que luego escuchan a Silvio Rodríguez, Aute, Sabina, Serrat, Guerra, Serrano…) ¿han leído sus letras? . Pues si señores, desde los 60 sentando cátedra con sus composiciones… «No, pero es que la voz…» ¿Y?.. Sabina como canta en español, pues da igual. Su carácter huraño y sus difíciles directos de los últimos años, es lo que no ayuda, transformando sus canciones en vivo hasta hacerlas irreconocibles.

Tarántula fue una ida de bola literaria hija de su tiempo, pero Crónicas si cumple con nota. Autobiografía a base de saltos anárquicos, deteniéndose en cinco momentos, aleatoriamente. Antes que el estuvieron Woody Guthrie o Pete Seeger, de acuerdo, pero desde que se subió a un escenario en Greenwich Village, cambió la cosa. Del folk al rock, pasando por country, blues o incluso standares de Crooner. Dylan hablo de Nueva York en su álbum debut, y retrató como nadie el momento; desde la muerte de Kennedy hasta la crisis de Cuba. Rodando libre. Los tiempos estaban cambiando… y luego nos mostró otra parte. El trovador de duluth se vuelve intimista y los himnos se suceden. Se lo lleva todo a casa y revisita la autopista 61, y todos, desde los Beatles hasta Hendrix, se quedan pasmados. Llega la electrificación de su sonido, y con ella, la incomprensión. Primera colisión. Convertido en icono pop, y sensación mundial, Dylan ya no es sólo una leyenda americana. Europa se rinde a sus pies, pero él se agobia. No puede con todo, y se estalla en la motocicleta. Paz, vida familiar y nueva voz. Vuelve, pero algo ha cambiado. La línea del cielo de Nasville y su autorretrato. Un nuevo día. Llega la década del Watergate. Olas planetarias y un bache emocional importante: divorcio. Sangre en las pistas, y Reed, Young, Cohen o Springsteen pisándole los talones. Deseo, giras con banda y con amigos ,y, de repente, conversión al cristianismo. Un tren se acerca lentamente, recibe un disparo de amor y se siente salvado. No durará. En la década de Reagan vuelve a los infieles. La épica se la dejamos a Queen o U2, el va a su bola. Tom Petty lo entiende, y le sigue en el imperio de lo burlesco. Oh, piedad, pues se redime con la crítica. Ocho años después, tiempo descentrado? Se consagra. Amor y robo en el nuevo siglo. Tiempos modernos y la gira interminable. Discos navideños, triples y una tonada necesaria y kilométrica, hace exactamente un año, demostrando que aún sabe coger el pulso a lo que sucede alrededor.. hasta cuándo?…


La respuesta, amigo mío, está en el viento.
Felicidades, maestro

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