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Crónica: Serrat en el Auditorio de Tenerife. Por Adrián Gómez


Pocas veces tiene uno la sensación de estar viendo a una leyenda viva en directo. A un servidor le pasó el martes 22 de Junio en el auditorio de Santa Cruz de Tenerife. El vicio de cantar (1965-2022) recala en la isla, con la sala a reventar, dispuesta a despedir, no sólo al mejor cantautor de éste país, sino a un icono que es en sí mismo historia, arte y cultura. El de Poble sec, se presenta con buen humor, elude comentarios futbolísticos y alude a bromas sobre esa tercera edad («el que dice que quiere morirse en un escenario es un gilipolllas»). Con Mi Niñez, destapa la tapa de los recuerdos que será el hilo conductor del recital. Nostalgia y veteranía de la mano. Romance de Curro el Palmo da paso a los dos primeros disparos al corazón para la platea: Señora y Lucía… y yo sólo puedo recordar (especialmente con la segunda) cuanto echo de menos a un amigo, que hubiera llorado de emoción estando aquí. Muy apropiadamente, suena No hago otra cosa que pensar en ti y Algo personal. Y recuerda, con la bellísima Nanas de la cebolla, el disco dedicado al poemario de Miguel Hernández, que cumple, precisamente, 50 años…


Debemos destacar, especialmente, no sólo el acompañamiento musical del maestro Ricard Miralles, sino de una alineación que quita el aliento, como los teclados de Josep Max, que suplantan a la perfección, aquellos arreglos orquestales de sus hits sesenteros, o esa percusión del gran Vicente Climent, que explosiona en Para la libertad, donde el público se levanta en masa por primera vez de sus asientos.. situación que se repetiría hasta el final del show, de ahí en adelante…


Serrat reivindica el concepto de canción, según la RAE, a los arreglistas, a su madre (Canco de Bressol), a la degradación del planeta, imparable y casi inevitable (Pare), mientras nos entrega perlas como la preciosa Es caprichoso el azar…


Los siete músicos que lo acompañan lo dan todo en el tramo final; ya repleto de himnos como Tu nombre me sabe a hierba, o Aquellas pequeñas cosas… lágrimas en los ojos..y cierre por todo lo alto, mientras se vuelve a colgar la guitarra con la inmortal Mediterráneo, y se despide de la audiencia con los puños en alto, con la poderosa Cantares, tonada canónica donde las haya, según Antonio Machado…


Llegan los bises, rememora a Elfidio Alonso y su relación artística con el archipiélago, con la mítica Penélope, bajo petición de la parroquia, y fin de fiesta con el tema homónimo, que termina de catapultar nos al éxtasis absoluto…que repertorio, señores…Quedan algunas en el tintero (Hoy puede ser un gran día, Esos locos bajitos, Palabras de Amor…) pero la selección (y ejecución) es tan impecable, que sólo podemos estar agradecidos de que este hombre se siga pasando por estos lares para ofrecernos un cancionero de ensueño, del que pocos pueden alardear… Aún nos queda la vida

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