El Festival “¡Esto es Histórico!” de literatura y divulgación histórica vuelve a Tenerife (en la Plaza de la Constitución en La Orotava) entre los días 13, 14 y 15 de marzo. Hemos entrevistado a varios de sus próximos invitados antes del evento, para que nos hablen sobre su trabajo y de cómo ven el presente y el horizonte de la divulgación.
Miguel Ángel Cajigal, El Barroquista, es historiador del arte y divulgador cultural, lleva más de 15 años comunicando en internet y redes sociales para el gran público. Su trilogía “Otra historia del arte” (2021), “Otra historia de la arquitectura” (2023), y la más reciente “Otra historia de la música” (2025) acercan a los lectores conceptos de una forma rigurosa y amena. La acogida de sus libros ha sido, para él, emocionante.
P: He leído que usted se interesó por la historia en la secundaria, y también que le influyó positivamente en ese sentido algún profesor. Teniendo en cuenta que escoger rumbo profesional suele suceder a esas edades, ¿cree que la historia como materia de estudio está bien cimentada en el currículo escolar? ¿Falla en algún aspecto?
Creo que, en general, las humanidades están muy infravaloradas a nivel formativo. Una parte considerable de la población las considera accesorias, innecesarias o superficiales. Una situación a la que hemos llegado a causa de un descrédito mediático que ha privilegiado la imagen de otras disciplinas, especialmente las relacionadas con la tecnología, en detrimento de las ciencias humanas. Me encuentro a diario con personas, incluso algunas que se proclaman “amantes de la historia”, pero que creen que estas disciplinas son solo excusas para la acumulación de datos y la memorización de nombres y fechas. La historia y la historia del arte, como herramientas del más profundo análisis humano, sirven para interpretarnos y para conocernos en nuestro desarrollo como especie y en las diferentes culturas que se han desarrollado a lo largo de los siglos, incluido el presente. Son disciplinas que leen y traducen, no ejercicios memorísticos, como en muchos casos se enfoca su aprendizaje.
P: Con respecto a esto, usted recibió el premio al Mejor Educador Digital en 2022. ¿Qué habilidades principales debe tener hoy en día un divulgador en internet? ¿En qué ha cambiado el panorama de la divulgación histórica desde que empezó al presente?
Para mí la principal “habilidad” es la empatía, porque debes colocarte en la piel de otras personas y entender qué aspectos del relato cultural atraerán su atención, qué dudas plantean y qué cuestiones necesitan entender para ser más autónomas en su conocimiento cultural. Porque tengo muy claro que la buena divulgación no crea clientes, sino personas autónomas: trabajo para que la gente tenga más herramientas críticas para pensar por sí misma, no para que vengan una y otra vez a absorber y compartir mis pensamientos. Por otro lado, el manejo del lenguaje es una herramienta básica, ya sea en soporte oral, escrito o audiovisual. Es muy difícil comunicar si no manejas bien, al menos, uno de esos lenguajes, y por eso este es un aspecto que trabajo constantemente. Cuando empecé a hacer divulgación en plataformas digitales todo era más fresco e inocente y la mayor parte de las personas que estábamos ahí lo hacíamos por placer y curiosidad. Ahora mucha gente entiende que esto es un espacio laboral, lo cual desde luego resulta muy deseable, pero ese deseo no siempre se convierte en realidad. La inmensa mayoría de mi actividad divulgativa es de acceso gratuito y he confeccionado esos contenidos de forma totalmente desinteresada, en mi tiempo libre. No es precisamente un modelo de explotación empresarial, pero creo que hay muchas maneras de definir el éxito y, desde luego, yo me siento muy satisfecho. Algo que me alegra mucho es que cuando yo empezaba, esto de divulgar parecía una actividad extraña. Pero ahora hay cada vez más gente que lo hace cada vez mejor.
3. Hay un debate actual y una problemática sobre la divulgación anti- científica, o el negacionismo, o la manipulación de la historia para fines pocos claros. ¿A qué se debe su auge? ¿Cómo se puede combatir?
Es muy difícil luchar contra las creencias deliberadamente erróneas. En historia, por ejemplo, hay gente que elige creerse un relato que les satisface y se enfadan cuando cualquier persona lo pone en duda. Esto me afecta muchas veces, porque precisamente una de mis vías de trabajo con la historia del arte es plantear puntos de vista diferentes, inesperados o menos trillados, cosa que mucha gente agradece… pero otra gente detesta. No pasaría nada con esto, porque no le tienes que gustar a todo el mundo, si no se hubiese puesto de moda una actitud vital por la cual mucha gente no puede, simplemente, obviar y olvidar a quien piensa diferente, sino que necesita odiarlo. Resulta realmente cómico ver que alguien como yo, que comparte contenido cultural gratuito en redes, recibe de vez en cuando insultos y acoso simplemente por plantear debates historiográficos o nuevos puntos de vista a la hora de interpretar la historia del arte o la cultura. Hay gente que llena su día con ese tipo de odio y siento decir que no tiene solución, porque esas personas no parecen dispuestas a arreglar sus problemas. Ese tipo de personas no buscan conocimiento científico o cultural, sino validación a sus creencias y decisiones estrictamente personales, así que desde el rigor no podemos más que insistir en las lecturas rigurosas. Si alguien quiere creer que la tierra es plana, o tragarse un bulo histórico que masajea sus prejuicios en vez de confrontarlos, es libre de hacerlo, por supuesto. Pero a los profesionales nos toca tener la paciencia de insistir, una y otra vez, en que esas realidades fabricadas no se corresponden con el consenso científico o académico. Es un poco aburrido, porque podríamos dedicar ese tiempo a explorar más aspectos novedosos. Pero en la época que nos ha tocado vivir hay gente que ha decidido que su ignorancia es tan valiosa como el conocimiento de un experto y me temo que esa postura no tiene lógica, desde ningún punto de vista.
4. A través de sus tres libros trata de conectar con los lectores explicando, por ejemplo, que no hace falta ser un experto, ni querer serlo, ni siquiera que te gusten algunos autores u obras de renombre, para disfrutar y apreciar el arte, la arquitectura o la música. ¿Cuál ha sido el «feedback» con sus lectores hasta ahora?
Lo cierto es que no podía prever una acogida tan cálida, teniendo en cuenta que son un tipo de libro que no tiene tradición en la divulgación en castellano. No se publica en España mucha literatura divulgativa sobre arte y casi toda la que se lanza son traducciones de libros extranjeros, especialmente anglosajones, aunque en los últimos años algo está cambiando y cada vez se ven más obras de autoría propia. Los libros de esta temática que llegan a librerías exploran, sobre todo, tres caminos: grandes libros con ilustraciones espectaculares, ensayos específicos sobre temas o biografías de gran interés, y libros de curiosidades o anécdotas más o menos bien trabadas desde el punto de vista narrativo. Mi trilogía “Otra Historia” no tiene nada que ver con ninguno de esos formatos. Son libros donde entro hasta la cocina en tres disciplinas creativas, como el arte, la arquitectura y la música, para intentar que el público las entienda de la manera más completa posible. En las presentaciones y encuentros con lectores, mucha gente me agradece haberle abierto las puertas de estas disciplinas y me emociona mucho, porque ése es exactamente el objetivo de estos libros.

5. Si tuviera que elegir el mayor error o malentendido de la historia del arte que seguimos dando por hecho la mayoría de los mortales, y es una «fake news» histórica de manual… ¿cuál sería?
Creo que todo lo relacionado con Van Gogh, que es una figura que se ha saturado de clichés muy discutibles. No le iba tan mal con su arte cuando falleció, ni su salud mental estaba tan deteriorada como mucha gente cree. Incluso el episodio de la oreja ha sido bastante exagerado y sobre su muerte hay dudas razonables. Pero se construyó una figura literaria, que encaja con el cliché del inadaptado fracasado, para convertir el triunfo de su arte en algo heroico. En realidad, como sucede con la mayor parte de los esquemas narrativos de la ficción, la vida real de Van Gogh no encaja tanto con los clichés que se han difundido sobre él. Otros personajes afectados por tópicos con poca base histórica real son Frida Kahlo o Leonardo.
6. Tengo entendido que realiza viajes turísticos de divulgación histórica. Hablando de Canarias, que es una comunidad saturada de turismo de sol y playa, pero que puede ofrecer otro tipo de turismo cultural… ¿Cómo ve esa posibilidad para lugares como Canarias? ¿Puede un turismo cultural y de divulgación ofrecer una alternativa positiva y más sostenible?
La propuesta de viajes de autor “Via Épica” es un proyecto en el que llevo tiempo trabajando junto a Néstor Marqués, Laia San José, Ibán Martín o Ignacio Martín Lerma. Ha sido fruto de una larga reflexión. Desde que nos lo planteamos por primera vez, dedicamos varios años a madurarlo y prepararlo, porque queríamos que fuese algo especial y distinto, y siempre riguroso. La acogida ha sido espectacular y las plazas para acompañarme a conocer Florencia se agotaron en pocos minutos. Esto me convence de la gran demanda que hay de esta combinación entre turismo e información de calidad, que normalmente se toma a la ligera. Canarias es un espacio privilegiado desde el punto de vista natural y paisajístico, pero también uno de los territorios más fascinantes de Europa desde el punto de vista histórico y cultural. Entiendo que los paisajes canarios son abrumadores y enamoran a cualquiera, pero la historia canaria también es rica y fascinante. Creo que este tipo de productos turísticos ofrecen diversidad, que es algo que siempre enriquece cualquier oferta, pero quiero creer que también son una buena alternativa, más sostenible y consciente. Siempre digo que todos somos turistas cuando hacemos turismo, que no me creo ese cliché de “yo no soy turista, soy viajero”. Si aceptamos que somos turistas, podemos elegir qué tipo de turista seremos, y creo que alguien que viaja para conocer la historia y la cultura de otros lugares deja una huella más positiva en los sitios que visita. Además, este tipo de iniciativas se alinean con nuevas ofertas de “ocio formativo” que son cada vez más atractivas y despuntan en distintos países. Me parece un territorio por explotar en Canarias.
7. Hablando ahora sobre su último libro sobre la historia de la música…hace poco entrevisté a una DJ, y me ha sorprendido encontrar que se “quejan “ ustedes dos de lo mismo (siendo profesiones muy distintas): la gente no se abre a escuchar música nueva, se encierran en sus temas favoritos y no salen de ahí. ¿Cuál es su opinión de esto… pasa más ahora, es el algoritmo, o que somos más vagos, o menos abiertos que antes?
En general, nuestros gustos musicales son más conservadores de lo que queremos reconocer. Me incluyo, por supuesto, en esta cuestión. Establecemos con la música conexiones muy intensas y nos gusta más revivirlas con temas que ya conocemos de sobra que experimentar nuevos sonidos que todavía no tenemos asociados a sentimientos o sensaciones determinadas. Nos cuesta, además, enfrentarnos a sonidos diferentes a los que solemos escuchar. Explico con bastante detalle este fenómeno en mi libro (“Otra Historia de la Música”) y creo que es importante que conozcamos cómo funciona este proceso, que es seguramente consustancial a nuestra naturaleza humana. Por otro lado, es evidente que la comercialización automatizada de la música, a través de los famosos algoritmos que hoy no solo deciden lo que escuchamos sino que también discriminan la música que debe triunfar, ha acelerado y deshumanizado un proceso que conduce, necesariamente, a una estandarización enorme del panorama musical. Probablemente nazcan reacciones ante ello y seguramente las veamos próximamente.
8. Yo era muy fan del programa «El condensador de fluzo», en el que usted participaba. ¿Qué nivel de importancia tiene llevar a la tele la divulgación histórica? ¿Volvería a participar en un programa de esas características?
“El Fluzo”, como lo llamamos cariñosamente las personas que fuimos parte de él, fue un pequeño milagro. Hay que agradecer mucho que TVE apostase por darle una hora en prime time al contenido de historia e historia del arte, y al tremendo equipo creativo que lo llevó a cabo, por diseñar un producto que no existía en ninguna otra televisión del mundo. Fueron cinco temporadas de aprendizaje y de lucha semanal para hacer un hueco a estos contenidos en una parrilla televisiva donde prácticamente no existe la programación cultural. Desde luego, fue una experiencia maravillosa, sobre todo en lo personal y en el bagaje adquirido, y me embarcaría con mucho gusto en otro proyecto similar. Creo que la clave no es si debería existir otro programa similar, en el que lo deseable sería que participasen nuevas voces de la divulgación. Para mí, la clave es por qué hemos asumido con tanta facilidad que la televisión no es lugar para la cultura, cuando no hace tantos años la presencia cultural era mucho mayor en cuota de pantalla y la mayoría de las televisiones del mundo arrancaron con numerosos contenidos culturales y científicos, que han desaparecido progresivamente año tras año.
9. ¿Qué le gustaría hacer en su profesión que no haya hecho? ¿Qué metas le quedan por alcanzar?
La verdad es que tengo mucha suerte. A mi edad he tocado prácticamente todos los palos que un historiador del arte podría desear, desde la investigación y la docencia, hasta la escritura de libros, el comisariado de exposiciones o la relación con los medios de comunicación. Estoy feliz por haber llegado hasta aquí y muy agradecido. Me gustaría tener el tiempo necesario para desarrollar varias ideas, libros diferentes de los que he publicado hasta ahora. También me encantaría poder recuperar parte de mi actividad digital. En los últimos tiempos, con la deriva hacia el conflicto que se ha inducido en muchas plataformas sociales, echo de menos esas plataformas de debate que fueron las redes hace años. Sea por el medio que sea, mi meta es mostrar la historia del arte a toda la gente posible, para que entiendan que forma parte de sus vidas y las hace mucho más completas.
Texto y entrevista: Verónica Martín.




