jueves, mayo 30, 2024

«La zona de interés», Óscar a la Mejor Película Internacional, llega a Filmin el 10 de mayo

“La zona de interés”: Al otro lado del muro

Ganadora de los Óscar a la Mejor Película Internacional y al Mejor Sonido, la última obra de Jonathan Glazer ofrece su particular mirada sobre la representación del Holocausto

Filmin estrena el próximo viernes 10 de mayo «La zona de interés», la adaptación de la novela homónima de Martin Amis escrita y dirigida por Jonathan Glazer («Under the Skin»). Ha sido sin duda una de las películas más relevantes de los últimos meses, algo que corroboran sus dós Óscar (Mejor Película Internacional y Mejor Sonido) o el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2023, donde la película tuvo su estreno mundial. Rodada en Auschwitz y en alemán, la película, distribuida en cines en nuestro país por Elastica y Wanda, cuenta en su reparto con una de las actrices de moda, la protagonista de «Anatomía de una caída» Sandra Hüller.

«Supongo que siempre supe que tocaría este tema en algún momento de mi vida. Pero no había pensado en las posibilidades hasta leer el libro», explica Glazer haciendo referencia a la novela de Amis, de la que ha hecho una adaptación singular, tomando únicamente uno de los puntos de vista de los múltiples que tenía el libro. Es el de Rudolf Höss y su familia, que vivían en una lujosa casa con jardín conlindante con el campo de exterminio de Auschwitz, del que solo les separaba un muro. «Quería rodar el contraste entre alguien que bebe una taza de café en la cocina mientras otro es asesinado al otro lado de la pared; la coexistencia de dos extremos», afirma el director.

El punto de vista de Glazer es sin duda el principal valor de «La zona de interés». Buscando la distancia adecuada, hizo uso de hasta diez cámaras fijas manejadas por control remoto por cinco ayudantes de cámara, para rodar simultáneamente escenas en diferentes espacios de la casa de los Höss. Los actores podían moverse con total libertad dentro de un sistema construido previamente con suma meticulosidad, mientras el cineasta seguía el desarrollo de la escena a través de múltiples monitores al otro lado de la pared. «Reconozco que no es habitual rodar así una película, pero era la única forma en que podía hacerlo. Quería entender la distancia: hasta qué punto debía alejarme de los personajes. Creo que necesitaba una distancia crítica», explica Glazer.

Un impresionante diseño de sonido nos transporta a una realidad compleja: fuera de campo, al otro lado del muro, pero a escasos metros de donde nos hallamos, se está produciendo un genocidio planificado. Glazer leyó mucho acerca de la imposibilidad de la representación gráfica del Holocausto (un debate al que han aportado mucho teóricos como George Didi-Huberman o el cineasta Claude Lanzmann), y entendió que la violencia debía sentirse fuera de plano, pero jamás ser filmada. «Un buen ejemplo sería Saló, de Pasolini. Yo no podía hacer una película así. No tengo estómago para eso. Nos quedamos a un lado del muro. También sabía que los sonidos y la interpretación de los sonidos llenarían las imágenes que todos hemos visto, pero no quería mostrarlas», concluye Glazer.

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