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«París, distrito 13″(«Les Olympiades»): Amigos, amantes… ambos. Por Jonathan Medina

Pocos directores tienen la sensibilidad y capacidad de plasmar los mimbres del ser humano, con sus particularidades, contradicciones, recovecos y vacíos, como Jacques Audiard; sin pretender ahondar en su granada carrera, solo citar su anterior film, ‘Los hermanos Sisters’ (‘Les frères Sisters’), que siendo cine de genero, western en este caso, se sostiene soberbiamente sobre la particular relación de los hermanos del titulo.

En su ultimo trabajo, ‘París, distrito 13’ (‘Les Olympiades’), adapta al autor de comic indie Adrián Tomine (autor de la ilustración promocional que acompaña a este articulo), mas concretamente a cuatro historias cortas de las antologías ‘Rubia de verano’ (‘Summer Blonde’) e ‘Intrusos’ (‘Killing and Dying’), como una suerte de ‘Vidas cruzadas’ (‘Short Cuts’) de Robert Altman a través del filtro millennial, que en manos de Jacques Audiard, libre de manierismos, sabe ir a los mimbres de los personajes. Esta en apariencia comedia romántica, que no lo es, hablamos de un drama existencialista, se sitúa irónicamente en el distrito 13 de la ciudad del amor, Paris, el Les Olympiades del titulo original, conjunto de ocho rascacielos con los nombres de diferentes ciudades donde se han celebrado Juegos Olimpicos; este distrito se convierte en un personaje mas, que acentúa la multiculturalidad de la sociedad francesa actual y de los propios personajes del film, quedando fabulosamente retratado por la fotografía en B/N de Paul Guilhaume, de tonos casi plateados.

Protagonizan en los roles principales, Lucie Zhang, Makita Samba, Noémie Merlant y Jehnny Beth, con especial mención para la primera en su debut cinematográfico. El film se sostiene magníficamente en un guion con unos diálogos medidísimos en forma y tempo, unas actuaciones sinceras y veristas, hilvanado todo en un montaje inmejorable. Acompañamos a los personajes a modo de retazo en sus vidas, sus idas y venidas, encuentros y desencuentros, frustraciones y vacíos existenciales, o dicho de otra modo, como se enfrentan a la vida moderna y como esta ha venido a cambiar el status quo de las relaciones, donde muchas veces en un mundo tecnificado donde el tiempo cotiza al alza, da miedo manifestar los sentimientos propios. Es curioso como en un film donde el director toma la decisión formal de realizarlo en B/N, quizás para acentuar la alienación de la sociedad actual, use el color a modo de interludio en una escena consistente en un video por encargo a una actriz porno (relaciones de pago), o que la única vez en que se verbaliza un ‘TE QUIERO’, hacia el final del metraje, este se diga a través de un portero electrónico, como magnifico epitome de lo que el director nos quiere contar con su film.

Mencion especial para la BSO del productor de electrónica Rone (InFiné Music), que el director usa muy puntualmente para hacer de nexo entre las diferentes historias y ocasionalmente como conductor de esos sentimientos no verbalizados, con la colaboración del chelista de vanguardia Gaspar Claus (InFiné Music).

En definitiva, un film sobresaliente, me atreveria a decir que incluso un clasico moderno. Una produccion de agradecer en la era de la hegemonia de Disney y su ‘mira que multicultural e inclusivo que soy’ impostado. Se puede ser multicultural e inclusivo sin resultar forzado. Se puede hablar de relaciones millennials sin tratarlos como imbeciles. Hay otro cine, ‘París, distrito 13’ (‘Les Olympiades’) lo es.

Jonathan Medina

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