sábado, abril 20, 2024

Adrián Gómez opina sobre la película La Vigilia

Film revelación de la edición de Sitges de 2019, llega a las salas comerciales, para deleite de los aficionados al fantástico. ¿Inquietante? Si. ¿Sobrecogedor? Pues no. Tras gozar de tan buena prensa, había que verla. Y nos encontramos con una propuesta eficiente en el género. Muy atmosférica y con un soberbio trabajo de realización, pero cuya premisa argumental se me agota a la media hora.

El protagonista, de origen judío, arrastra un estrés post-traumático importante que será fundamental en el devenir de la trama. El joven rabino es elegido como Shomer, esto es, vigía durante toda una noche velando por un fallecido anciano semita, a cambio de una determinada suma de dinero. A partir de ahí, la pesadilla toma forma, asolándolo una serie de sucesos inexplicables… Keith Thomas (a quien ya le han encargado una nueva adaptación de Ojos de Fuego, de Stephen King) escribe y dirige el relato. Y es cierto que asume la tarea con brío, pero ni es Aster ni Eggers, ni mucho menos Friedkin, por aquello de las comparaciones con El exorcista. De hecho, la película ni siquiera se acerca al nivel de excelencia de La autopsia de Jane Doe, por citar otra» noche de miedo» fílmica; y ya no digamos Hereditary o Midsommar. Cuento claustrofóbico, con algunos golpes de efecto indiscutible, cabe hablar de Folk Horror, en cierta manera, pues se ampara en supuestas creencias de tradición judía. El sonido juega un papel fundamental, al igual que la estridente e incidental banda sonora. Pero la sensación de deja vu es constante a lo largo de todo el visionado. A destacar el ajustado uso del steadycam y un cast muy convincente en sus papeles, a la par que el suspense bien llevado, donde los demonios del pasado, en sentido literal, están presentes durante horas y media.

Recomendable, pero no trascendental.

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