El pasado viernes 25 de marzo, el músico despedía una semana masterclass en el teatro La granja, con todo un happening. La sala a rebosar, expectante, para un espectáculo de luz y sonido, si bien enraizado en la temática volcánica que nos toca cerca, fue el perfecto colofón para IN/OUT: MADAY. Saiz, productor de gente como Luz Casal, Luis Eduardo Aute, Piratas, Iván Ferreiro o el último disco oficial de Duncan Dhu, se ha caracterizado por crear atmósferas envolventes, siendo solicitado para componer también para cine. Suyas son las bandas sonoras de El detective y la muerte (1994) o El milagro de P. Tinto (1998), por ejemplo. Así, en activo desde hace cuarenta años, le sobran tablas y una capacidad indiscutible para epatar.
Nos dejamos llevar por un fondo sintetizado in crescendo, bálsamo en consonancia con las imágenes proyectadas. La lava fluye y la música también. Ambient Rock, que recuerda al Brian Eno de Músic for Airports, pero con una cadencia que nos invita a dejarnos llevar. La naturaleza se apodera del oyente. E incluso cuando irrumpe la guitarra, lo hace de manera tenue. Una hora que nos transporta, y nos evade de lo mundano, leitmotiv quizá, de este viaje sonoro, que nos eleva y nos hace aterrizar, coronada por una ovación y una despedida silenciosa del artista. Sin palabras. Tampoco hacia falta. Gracias por la travesía.
«Stath Lets Flats» (2 nominaciones), «Brassic», «In My Skin» y «Manhunt: The Night Stalker» son las series nominadas.
La tradicional apuesta de Filmin por las series británicas se ha visto gratificada esta semana con la nominación de cuatro de las producciones que la plataforma ha estrenado en España en los BAFTA TV Awards, los premios de la televisión inglesa.
«In My Skin», el coming-of-age amargo que Filmin estrena el próximo 5 de abril, y «Manhunt: The Night Stalker», segunda temporada de los casos del detective Colin Sutton, han sido nominadas al BAFTA a la Mejor Serie Dramática. Los dos protagonistas de «Stath Lets Flats», la disparatada comedia sobre una agencia inmobiliaria, han sido nominados en las categorías de interpretación: Natasia Demetriou como Mejor Actriz en una serie cómica; y su hermano Jamie Demetriou como Mejor Actor en una serie cómica. Finalmente, Joe Gilgun, protagonista de «Brassic» (cuya tercera temporada llegará en mayo), comparte nominación con Jamie Demetriou como Mejor Actor en una serie cómica.
En la edición de los BAFTA TV Awards del año pasado, dos de las series distribuidas en España por Filmin obtuvieron premio: «Inside No. 9» se llevó el galardón a la Mejor Comedia, mientras que el protagonista de «This Country»,Charlie Cooper, ganó el premio al Mejor Actor en una serie cómica. Cabe recordar también que en los premios BAFTA de cine de este año, el premio a la Mejor Actriz fue para Joanna Scanlan por su papel en la película «Después del amor», estrenada en exclusiva por Filmin en nuestro país.
La gala de los BAFTA TV Awards se celebrará el próximo 24 de abril.
«El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí porqué se nos escapa el presente». Gustave Flaubert
1
PESADILLAS
Atormentado, Bruce Wayne se revolvió sobre las sábanas de seda vencido por las terribles pesadillas que consumían sus noches…
… Mientras se desplomaba en el vacío, la sorpresa le cerró las cuerdas vocales y ahogó su chillido de pánico. Durante unos segundos, Bruce tuvo la impresión de que la caída sería eterna, hasta que chocó contra el suelo con brusquedad. Conmocionado, levantó la cabeza. Un gemido de dolor le escapó de los labios. Le ardía la pierna derecha, puede que estuviera rota. Entonces, fue consciente de la negrura que lo envolvía como un manto horrible. Su corazón comenzó a latir descompasadamente. Una sensación de desamparo le arañó la corteza craneal y quebró sus nervios a flor de piel. Bruce tembló de miedo y de frío. La cueva parecía interminable, llena de fantasmas intangibles, de malos presagios imposibles de definir. Tosió, asfixiado por el hedor penetrante: una mezcla de siglos de humedad, vegetación muerta y putrefacción. Un sonido impreciso llegó a sus oídos. Su alma se encogió. No estaba solo, algo lo acechaba en las tinieblas. Las sombras se rompieron. Una docena de murciélagos levantó el vuelo. El aleteo de los animales lo obligó a gritar de terror, mientras chocaban contra su cuerpo. Bruce se llevó las manos al rostro, intentando protegerse de las bestias que su caída había alarmado. Segundos más tarde, los animales desaparecieron. Con lentitud, unos ojos enrojecidos se aproximaron, llenando sus sentidos. Hipnotizado, fue incapaz de retroceder. La bestia era un ser puro, hermoso y letal, que cruzaba la oscuridad consciente de su propia grandeza. Algo se desgarró en su interior y llevó sus emociones a un punto límite. El murciélago lo había poseído para siempre…
Sobresaltado, Bruce abrió los párpados, ahogando a duras penas un bramido de pánico. Durante un minuto angustioso, fue incapaz de reconocer la estancia; la pesadilla había sido demasiado real. Lentamente, recuperó la cordura, intentando serenar los violentos latidos de su corazón. Lágrimas candentes le descendieron por las mejillas: sabía que el llanto no podría proporcionarle la paz de espíritu que necesitaba.
—Ya no puedo más… —susurró mientras limpiaba la cara con el envés de la mano—. Estoy harto de sufrir por lo que no tiene remedio…
A su memoria regresaron las imágenes tenebrosas del sueño: nunca podría olvidar el día de descubrió la cueva. Con un estremecimiento, intentó borrar el pasado, pero como de costumbre, fracasó estrepitosamente. Furioso consigo mismo, apartó las sábanas empapadas y emergió desnudo de la cama. Su cuerpo poderoso y bien proporcionado, estaba cubierto de sudor de la cabeza a los pies. A trompicones, recorrió la estancia y se aproximó a los ventanales: tuvo la impresión de que el mundo exterior estaba colmado de tinieblas y conflictos como contra los que luchaba a diario. Bruce tragó saliva y apretó los puños hasta que le dolieron los dedos: odiaba reconocer que nunca tuvo la oportunidad de escapar del destino que lo había convertido en lo que era.
Recordó aquella mañana sucedida tanto tiempo atrás, vencido por una amargura imposible de soportar. Sus padres estaban llenos de vida, tan cariñosos y atentos como de costumbre, mientras corría detrás de un conejo en los exteriores de la mansión Wayne. De buen humor, Thomas Wayne le dijo que tuviera cuidado, sin embargo Bruce ignoró sus consejos y continuó detrás del animal, sintiendo como el corazón se le salía del pecho por la rápida carrera. Inesperadamente, cuando menos lo esperaba, el suelo se hundió debajo de sus pies, conduciéndolo al interior de los pasadizos subterráneos que desconocía hasta aquel momento. Ahora, después de tantos años, los murciélagos seguían revoloteando en sus noches, impidiéndole conciliar un sueño libre de pesadillas.
Debajo de la ducha, Bruce apoyó la frente sobre las paredes blancas, luchando por controlar la rabia inhumana que le retorcía las entrañas. Apático, observó los moratones y cortes que desfiguraban su anatomía; secuelas de los terribles combates nocturnos que libraba contra la delincuencia de Gotham desde hacía semanas. Encajando los dientes, pasó por alto el dolor de las heridas y frotó los músculos magullados con fuerza. Una frialdad tétrica invadió su interior, proporcionándole la lucidez que necesitaba en aquellos momentos. Tenía una misión que cumplir y no pensaba abandonarla: el murciélago había dado sentido a una vida que despreciaba desde que tenía uso de razón. Aunque la policía estuviera detrás de su pista, poco le importaba saltarse las normas para conseguir sus objetivos; le quedaban años de trabajo por delante para lograr que las calles de la ciudad fueran seguras. Gracias a sus investigaciones, Bruce había descubierto que el departamento policial estaba completamente podrido: obrar por los cauces normales hubiera resultado una pérdida de tiempo. El teniente James Gordon, el mismo hombre que el alcalde había contratado para capturarlo, era uno de los pocos que no había sucumbido ante la corrupción. Meditabundo, salió de la ducha y se secó con una toalla: si lograba poner a Gordon de su lado todo le sería mucho más fácil. Bruce se puso un albornoz e inspiró una bocanada de aire. No necesitaba comprobar la hora para saber que era el instante de entrar en acción. El manto de la madrugada escondería los traumas que jamás había sido capaz de superar. Antes de abandonar el baño, su mirada tropezó con el espejo de la pared. La visión de su rostro, sombrío y circunspecto, lo obligó a destrozarlo de un puñetazo. El dolor de los nudillos lo hizo regresar al presente: la noche lo había vuelto a convocar para que combatiera por la justicia. Un reguero carmesí se le deslizó entre los dedos y manchó las baldosas impolutas. Probablemente, aquella sería la primera herida de la larga caza nocturna que le esperaba en breve.
2
LA CUEVA
La cueva era un erial negro como una mancha de alquitrán que apestaba a humedad y a heces de murciélago. La gelidez espeluznante que emanaba del lugar lo estremeció: le costaba aceptar aquella temperatura. Los inmensos túneles situados debajo de la mansión Wayne, que horadaban las profundidades de la tierra durante kilómetros, eran tan vastos que nunca podría examinarlos del todo. A sus oídos llegó el correr del agua por las grietas y depresiones del terreno traicionero; si daba un paso en falso no volvería a ver la luz del sol.
Tenso, Bruce descendió unas escaleras talladas en roca viva. El hedor acre de los animales tranquilizó los remordimientos que lo habían obligado a despertar. Poco a poco, recuperó la confianza en sí mismo, experimentando una sensación de poder recorrerle el alma. Aquel era el lugar al que pertenecía. Las cenas benéficas y las subastas eran una mascarada para despistar la atención de los medios sobre su persona. Actuar como un playboy, ridículo y superficial, salvaguardaba la doble vida que había adoptado por una necesidad que escapaba de su entendimiento. Al llegar abajo, contempló las aterradoras dimensiones de la caverna que se desvanecían en la negrura, sintiendo cómo un escalofrío le erizaba el vello de la nuca. Una corriente de aire frío le arañó el rostro crispado por una expresión torturada: era un milagro que no hubiera perdido la cordura al aterrizar allí cuando tenía seis años. El silencio sepulcral, roto por el aleteo de las bestias, era tan insondable como las contriciones que anidaban en su espíritu.
Bruce tuvo la sensación de que las tinieblas se apoderaban de su personalidad, convirtiéndolo en una criatura temible, digna de las peores pesadillas que el ser humano podía imaginar. A pesar del aspecto desenfadado y jovial que mostraba delante de las cámaras, en su interior, en un lugar recóndito de su espíritu, existía una depresión más oscura que la noche. Nada había logrado curarla, todos los intentos y alternativas fueron vanos, excepto vestir el manto del murciélago. Salir todas las madrugadas, jugándose el cuello contra la escoria de la ciudad, era la única manera que conocía de tranquilizar las obsesiones que lo atormentaban. Bruce rememoró al enorme animal que destrozó la ventana de su estudio un mes atrás. Aquel murciélago le mostró el camino que debía tomar para aterrorizar a sus enemigos. Tanto, que incluso lo desvelaba en sus peores sueños, haciéndolo plantearse el porqué de la miseria que soportaba a diario.
Por mucho que quisiera, no pasaba un día en el que no se sintiese culpable por el asesinato de sus padres; a veces pensaba que aquella losa de plomo sobre su conciencia lo enloquecería tarde o temprano. Joe Chill había aniquilado su vida la noche en que apretó el gatillo, no hubo marcha atrás desde el momento que tiroteó a su familia en aquel inmundo callejón atestado de basuras. Bruce perdió la inocencia de la manera más traumática posible. Su alma quedó mutilada para siempre, jamás volvió a ser el mismo; por ello buscaba consuelo en el interior de la caverna cuando los demonios del pasado lo asediaban.
Cruzó la cueva en diagonal con lentitud, en dirección al cubículo donde guardaba el traje. Sus pasos levantaron ecos en las tinieblas que se extendían hasta el infinito. En cierta manera, se encontraba satisfecho entre los muros invisibles de su conciencia; un pobre paliativo para sanar las heridas que atesoraba desde que tenía memoria. Los murciélagos, al percatarse de su presencia, levantaron el vuelo, dándole una especie de nebulosa bienvenida. Bruce inclinó la cabeza con mudo respeto: la compañía de las bestias le resultaba más aceptable que la de sus semejantes. Con las mandíbulas encajadas, apartó cualquier distracción que pudiera apartarlo de sus objetivos. Ya no era el Howard Hudges que interpretaba a diario, poco quedaba del papel que tanto repudiaba. Volvía a encontrarse con su auténtica naturaleza, oscura y letal. Henchido de orgullo, se detuvo delante del uniforme acorazado, contemplando las líneas opacas y atemorizantes delineadas en kevlar. Su mirada recorrió la capucha, la larga capa, el peto y el espaldar, las perneras y las botas; funcionalidad y protección a partes iguales. Gracias al traje, negro y perturbador, lograba camuflarse en la oscuridad y amedrentar a sus enemigos. Dependía de su inteligencia, dotes de detective, entrenamiento físico y pericia en las artes marciales para derrotar a los criminales de Gotham. Dado que despreciaba las armas, aquella era la única opción que tenía para luchar bajo sus propios términos; sin principios todo estaría condenado al caos absoluto. Bruce se había prometido fervientemente no matar a nadie: si obrara de la misma forma que la escoria que pretendía destruir se pondría a su nivel; la compasión era lo único que lo diferenciaba de ellos. Diez minutos más tarde, equipado y listo para entrar en acción, se aproximó al imponente vehículo que lo esperaba en la entrada de la cueva. A veces, la añoranza que experimentaba por los seres queridos era tan dolorosa que llegaba a odiarlos. Sus padres, al traerlo al mundo, lo condenaron a una existencia insoportable. Nunca podría perdonarles que lo hubiesen abandonado cuando más los necesitaba. Poco restaba de los dilemas que convertían el presente en un abismo: ahora era el caballero oscuro.
3
ATRACO
Un estampido rompió la quietud de la noche y reventó la entrada del banco, haciendo que la calle se llenara de escombros y humo. Rápidamente, varias figuras enmascaradas abandonaron unos vehículos y accedieron al interior del recinto, provistas de pistolas y metralletas de gran calibre. Los ladrones sortearon los cascotes y atravesaron el amplio vestíbulo a oscuras, dirigiéndose a la cámara acorazada. La luz mortecina de las linternas iluminó las paredes y los suelos blancos. El líder de la banda, un hombretón ataviado con un mono color gris, ordenó a sus secuaces:
—¡Tenemos quince minutos hasta que llegue la bofia! —exclamó—. ¡Daos prisa, idiotas!
Tres individuos se detuvieron delante de la puerta metálica y soltaron las bolsas en el suelo. Uno de ellos sacó un aparato del interior del bolsillo y lo colocó encima del lector de huellas digitales. En la entrada, cuatro ladrones vigilaban la avenida, ensordecidos por la alarma que habían activado, listos para disparar en cualquier momento. La puerta de acero de dieciséis toneladas se abrió hacia fuera. Un grito de júbilo escapó de uno de los enmascarados:
—¡De puta madre! ¡Lo hemos conseguido!
Sin más preámbulos, los ladrones recuperaron las mochilas y accedieron a la cámara, dándose de bruces con una mesa atiborrada de fajos de billetes. Obnubilados por la avaricia, contemplaron el dinero con los ojos abiertos como platos, incapaces de creer en su suerte. El individuo que había abierto la puerta gruñó:
—¿A qué demonios esperáis? ¡No tenemos toda la noche! ¡Moveros de una vez!
El trío se abalanzó sobre la fortuna y empezó a depositarla dentro de las bolsas. El sonido de las respiraciones ansiosas se mezcló con el de los miembros en movimiento. El jefe del grupo comprobó el reloj de pulsera y apretó la culata de la Magnum 45 que llevaba en la diestra.
—¡Nos quedan cinco minutos! —exhortó a los hombres que desvalijaban la cámara—. ¡Tenemos que largarnos ya!
Una corriente de aire helado recorrió el banco. Sin poder evitarlo, los ladrones sufrieron un estremecimiento; algo no marchaba bien y lo sabían. Dentro de la cámara acorazada, los enmascarados se inmovilizaron durante unos instantes, sintiendo cómo se les secaba la boca. Una sombra tenebrosa y alargada cubrió la puerta, apagando el resplandor de las linternas. El pánico irracional les congeló la sangre en las venas: todos habían oído los rumores que recorrían los bajos fondos; historias sobre una criatura demoniaca que atacaba a los delincuentes en las tinieblas de la noche. Asustado, uno de ellos levantó la ametralladora, dispuesto a vaciar el cargador. Un chillido escapó de sus labios. Algo le había golpeado la mano, produciéndole un dolor inesperado y punzante. Los otros, al escuchar el bramido de su compañero, apretaron los gatillos de las armas, desencadenando una tormenta de plomo hacia el exterior de la cámara. Los casquillos vacíos chocaron contra el suelo de hormigón armado y una nube de pólvora se elevó en el aire. El silencio se transformó en un manto angustioso.
—¿Por has gritado? —farfulló el más alto de ellos—. ¿Qué coño está pasando aquí?
Gruñendo, el herido arrancó el objeto metálico que le traspasaba la zurda de parte a parte.
—¡No lo sé! —profirió—. ¡Me duele la mano, joder!
La sombra fantasmagórica irrumpió entre los ladrones y los golpeó con violencia. El hombre que había abierto la cámara retrocedió a trompicones, buscando refugio con el corazón en la garganta. Muerto de miedo, intentó sustituir el tambor de la ametralladora, pero las manos le temblaban demasiado para realizar movimiento alguno. A oscuras, escuchó el sonido de los huesos rotos y los juramentos de sus compañeros; era el único que continuaba en pie. Un gemido le surgió del fondo de la garganta:
—¡Dios mío! —lloriqueó—. ¡No quiero morir!
Una voz ronca y hosca rasgó sus nervios a flor de piel:
—Demasiado tarde, basura.
El ladrón alcanzó a emitir un alarido estremecedor antes de que la negrura se abalanzara sobre él.
Afuera, en la entrada del banco, al escuchar las detonaciones y los gritos que provenían de la cámara, los enmascarados sintieron cómo las piernas les flaqueaban. El líder de la banda dio la media vuelta y aulló a los demás:
—¡A la furgoneta! ¡Fuera de aquí!
De inmediato, el resto de los ladrones imitó sus movimientos, lanzándose en una carrera desesperada hacia la calle. Uno de ellos perdió el equilibrio y se desplomó de bruces; algo se había enrollado alrededor de sus tobillos y lo arrastraba hacia la negrura.
—¡Ayudadme! —berreó mientras arañaba el suelo frenéticamente—. ¡Socorro!
El jefe del grupo se volvió con la pistola alzada: solo alcanzó a contemplar cómo su compañero se desvanecía en las tinieblas sin dejar rastro. Un sudor frío y pegajoso se deslizó por su espalda y le puso la carne de gallina. Un chasquido seco y brutal silenció los chillidos del ladrón que había desaparecido en el interior del recinto. La mano le temblaba tanto que estuvo a punto de soltar la Magnum 45. La irradiación de la linterna le mostró durante un segundo la imagen de una silueta informe agazapada en los pisos superiores. El hombretón ignoró el destino de su compañero y salió despedido hacia el exterior, sin molestarse en mirar atrás. Velozmente, cruzó la acera y subió al vehículo que lo esperaba con el motor encendido. El conductor apretó el acelerador a fondo, introduciéndose por una callejuela adyacente. Minutos más tarde, cuando los ánimos del trío comenzaron a tranquilizarse, todos rieron aliviados. El líder de la banda inquirió:
—¿Qué coño fue eso?
Una sirena de la policía se escuchó a varias manzanas de distancia.
—¡No quiero saberlo! —masculló otro—. ¡Hemos escapado por un pelo!
El conductor se quitó la máscara y soltó un suspiro de alivio:
—No había pasado tanto miedo en mi vida —repuso—. Juro por Dios que no volveré a atracar un ban…
Un golpe seco hundió el techo de la furgoneta, haciendo que los ladrones aullaran al unísono, sobresaltados por aquella inesperada sorpresa. El parabrisas quedó a oscuras y les impidió ver la calle.
—¡Matadlo! —rugió el hombretón a la vez que vaciaba el cargador contra el techo—. ¡Lo tenemos encima!
Asustado, el conductor efectuó un volantazo, perdiendo el control de la furgoneta. Esta derrapó sobre el alquitrán y chocó contra la fachada de un edificio. El impacto reventó el capó del vehículo y resquebrajó el cristal, lanzando a los ladrones sobre el salpicadero. Doloridos y cubiertos de sangre, apretaron las armas y miraron nerviosamente alrededor. La ventanilla del pasajero saltó en pedazos y el jefe del grupo fue arrastrado al exterior…
4
EL SEÑOR DE LA NOCHE
El caballero negro soltó el cuerpo del ladrón que acababa de noquear y observó la entrada del banco: el resto de los enmascarados ponía pies en polvorosa. Una ira sorda invadió su interior; no permitiría que aquellos bastardos se salieran con la suya. Como una sombra, recorrió el pasillo con toda la velocidad que podían proporcionarle sus piernas. Al llegar al final del mismo, se abalanzó contra el ventanal que lo separaba de la calle. Su enorme figura reventó los cristales y se precipitó al vacío. Batman levantó la diestra y disparó la pistola: el arpón, unido a una larga cuerda, salió despedido hacia el edificio de enfrente, hundiéndose en la pared de cemento. El señor de la noche se elevó hacia las alturas de Gotham; la rapidez de la ascensión le puso el estómago en la garganta. Al llegar arriba, el traje negro se recortó entre las gárgolas de diseño medieval que decoraban la fachada del rascacielos: una sombra aterradora entre imágenes demoníacas.
Abajo, la furgoneta de los ladrones avanzaba hacia el norte. Batman cruzó el saliente de un extremo a otro sin perder de vista a sus adversarios. De un poderoso brinco, salvó el espacio que lo separaba entre dos bloques de oficinas, aterrizando en una azotea vacía. Enervado por la furia, traspasó el tejado. Al llegar al borde del rascacielos, comprobó el trayecto que lo separaba del vehículo; con un poco de suerte, si sus cálculos resultaban exactos, podría alcanzarlo antes de que estuvieran fuera de su alcance. El caballero oscuro se lanzó en picado hacia el vacío. La capa chasqueó y se tornó rígida, permitiéndole planear sobre la avenida mal iluminada. En el aire, suspendido a gran altura, se deslizó como una cuchillada entre las sombras. Poco a poco, con una coordinación sobrehumana, fruto de largos años de adiestramiento, fue ganando terreno a sus enemigos. El viento gélido y cortante de la madrugada le causó un escalofrío de placer: nada le gustaba más que cazar a sus oponentes. Cuando estuvo encima de la furgoneta, Batman encogió los brazos y frenó su descenso: el brusco aterrizaje aplastó el techo del vehículo. De inmediato, se agarró donde pudo y giró su cuerpo en un ángulo de ciento ochenta grados: la capa se deslizó sobre el parabrisas y ocultó la visión de la calle al conductor. La furgoneta pegó un bandazo y estuvo cerca de subir a la acera. Tal como esperaba, los ladrones abrieron fuego: la salva de plomo le acarició el costado derecho. El señor de la noche rechinó los dientes de dolor: uno de los proyectiles le había rozado la cadera. El vehículo perdió el control y salió disparado contra un edificio. Antes de que chocara, en el último segundo, Batman abandonó su posición y rodó sobre el alquitrán para absorber la caída. La furgoneta se estampó contra la pared con un sonido de metal triturado y vidrios rotos. Colérico, se puso en pie y se aproximó al vehículo; una nube de humo salía del capó hundido. A través de la ventanilla, divisó las siluetas de los enmascarados, magulladas y ensangrentadas, intentando sobreponerse de las heridas que la colisión había causado. De un puñetazo, fragmentó el cristal y sacó al líder de la banda a la calle.
—¡No! —aulló el hombretón—. ¡Piedad!
El caballero negro le rompió el brazo por tres sitios distintos; aquel individuo quedaría lisiado de por vida. Después, ignorando sus gritos de dolor, le estalló la cabeza contra el lateral de la furgoneta, dejándolo sin conocimiento. Los ladrones restantes salieron por piernas. Batman arrojó un batarang al conductor. El arma destelló en el aire y le perforó la cara posterior de la rodilla. El ladrón lanzó un berrido de sufrimiento y se derrumbó como un saco, desgarrándose las palmas de las manos contra el asfalto. La sombra del señor de la noche cubrió al herido. De tres brutales sacudidas, lo dejó hecho papilla, convertido en un despojo sin dientes. Dentro de varios meses, cuando saliera de rehabilitación, tendría que utilizar dentadura postiza para poder alimentarse. El último enmascarado corrió hacia una calle situada a su izquierda, luchando por poner distancia entre su persona y la criatura que había aniquilado a sus compañeros. Batman siguió sus huellas, ganando terreno por segundos, sin hacer caso de las miradas curiosas y asustadas de los vecinos. Jadeando, el ladrón miró hacia atrás, buscando con la punta de la ametralladora a su oponente. La entrada del callejón, lleno de periódicos sucios y bolsas de basuras destripadas, estaba vacía. Empapado de sudor, se detuvo para tomar aire. El corazón le golpeaba las costillas y la bilis pastosa se le agolpaba en la garganta. En toda una existencia de crímenes y fechorías jamás había experimentado un horror semejante: estaba a punto de venirse abajo.
—¿Dónde estás? —exclamó—. ¡Da la cara, hijo de puta!
Una voz ronca surgió de la oscuridad:
—Tus colegas han caído —gruñó—. Si sueltas el arma, no te partiré las piernas.
El enmascarado lanzó una descarga hacia la derecha. Los proyectiles picotearon la pared: allí no había nadie. Una risotada lúgubre, carente de todo humor, sonó detrás de su espalda:
—¿Crees que te lo voy a poner tan fácil?
El ladrón volvió a abrir fuego. Nuevamente, las balas fueron inútiles; parecía que se enfrentaba a un fantasma. Aquel ser estaba en todas partes y en ninguna.
—¿Dónde aprendiste a disparar? —se burló su invisible interlocutor—. ¿En una feria de tiro?
El enmascarado perdió los nervios.
—¡Vamos! —gritó mientras agotaba el tambor— ¡Te estoy esperando!
El caballero oscuro, al comprobar que su adversario estaba sin munición, saltó desde unas escaleras de emergencia situadas encima del mismo. El ladrón, al notar una sombra sobre su cabeza, apretó el gatillo del arma vacía. Batman le golpeó el esternón con ambos pies: la violencia de la patada lo hizo volar por los aires y derribar unos bidones de basura. Tosiendo sangre, el enmascarado se llevó las manos al pecho; el impacto le había hundido varias costillas en los pulmones. Sin misericordia, el señor de la noche lo remató de un talonazo: aquella escoria había recibido su merecido, ni más ni menos.
Entonces, cuando la cacería hubo terminado, se dio cuenta de dónde estaba. Una punzada de dolor le atravesó el corazón. Las piernas le flaquearon y la angustia le apretó las entrañas. Con la mirada borrosa, derrotado por una horrible depresión, vislumbró una placa oxidada en la pared: Crime Alley. Batman sintió ganas de vomitar. Sin desearlo, impulsado por la sed de justicia, había llegado al callejón donde fueron asesinados sus padres. Los recuerdos invadieron su memoria: aún podía verlos postrados antes sus pies, inertes, hechos pedazos por los proyectiles. Lágrimas ardientes le descendieron debajo de la máscara: volvía a ser el niño desamparado y traumatizado de antaño. A escasos metros, en un rincón cubierto de grafitis, su vida había muerto para siempre. El sufrimiento lo derrumbó de rodillas y le hizo llevarse las manos al cráneo: tenía la impresión de que le habían arrancado el alma del cuerpo. Jamás sería libre de aquella carga, esta lo atormentaría para siempre, era el precio que tenía que pagar por haber sobrevivido.
Finalmente, cuando las náuseas rompieron su autocontrol, Bruce estalló en sollozos desgarradores…
Disney+ ha anunciado la nueva miniserie “The Full Monty” de los creadores de la comedia británica original. La serie Original británica se estrenará en Disney+ en todo el mundo, Star+ en América Latina y en Hulu en Estados Unidos.
Casi 25 años después del estreno de la película ganadora del BAFTA, la miniserie cuenta la historia del grupo original en la ciudad posindustrial de Sheffield, mientras hacen frente a la sanidad, el desempleo y la educación. La serie tratará sobre cómo con la unión de fuerzas, de forma inteligente, divertida y humana, se puede hacer frente a las adversidades,
La nueva serie original en Disney+ volverá a contar con el reparto principal original de la película entre los que se encuentran Robert Carlyle (“Trainspotting”, “Érase una vez”) como Gaz, Mark Addy («Juego de tronos”, “Destino de caballero”) como Dave, Lesley Sharp (“Before We Die”, “Scott and Bailey”) como Jean, Hugo Speer (“Britannia”, “Sombra y Hueso”) como Guy, Paul Barber (“The Dumping Ground”, “Gloves off”) como Horse, Steve Huison (“The Royle Family”, “La cuadrilla”) como Lomper, Wim Snape (“The Beaker Girls”, “Gentleman Jack”) como Nathan y Tom Wilkinson (“Batman Begins”, “Michael Clayton”) como Gerald, en este conmovedor y divertidísimo mundo de héroes de clase trabajadora en el norte de Inglaterra. La serie también presentará un elenco completamente nuevo de hijos y nietos de los personajes originales.
La comedia dramática, «The Full Monty«, compuesta de 8 episodios de 60 minutos, también reúne al guionista ganador del Premio de la Academia de la película original, Simon Beaufoy («Slumdog Millionaire”) y al productor Uberto Pasolini (“Cerca de ti”), en un encargo conjunto de Disney+ y FX.
Simon Beaufoy, creador, guionista y productor ejecutivo afirmó: “Estamos encantados de volver a reunir a todos los Monty Men que ahora vienen acompañados de un séquito caótico de hijos, nietos, mascotas así como una variedad de parásitos, siendo una nueva oportunidad para ver cómo es la vida en Sheffield 25 años después”.
Lee Mason, director de ficción de EMEA, Disney añadió: “Hace 25 años, Simon nos presentó a un grupo de parados de clase trabajadora divertidos, intrépidos y resilientes que vivían en Sheffield, y el mundo se enamoró de ellos. Estamos encantados de reunir al reparto original en esta nueva serie en Disney+ para ponernos al día con estos personajes icónicos. Sabremos cómo les ha ido la vida desde la última vez que los vimos en el escenario en todo su esplendor, y estamos deseando que el público conozca un montón de caras y personajes nuevos e interesantes”.
El rodaje de la serie arranca hoy en Sheffield y Manchester. Simon Beaufoy es el creador, guionista y productor de la serie con Uberto Pasolini como productor ejecutivo. Su directores son Andrew Chaplin (“Alma’s Not Normal”) y Catherine Morshead («No Offence”) y está coescrita por Alice Nutter con Simon Lewis como productor de la serie.
Searchlight Television y FX han desarrollado la serie. La serie “The Full Monty” está producida por Little Island Productions con Lee Mason, Director de ficción para Disney+, como productor ejecutivo.
Disney+ seguirá creando 60 producciones locales hasta 2024, y continúa trabajando con destacados creadores y productores como parte del compromiso de la compañía de obtener, desarrollar y producir programas originales en Europa.
La película original de 1997, «The Full Monty», está disponible en Disney+ en España.
En el campo de los estudios culturales, las obras enmarcadas dentro de los El-seworlds del Universo DC son estudiadas e incluso llevadas al aula como parte de planes de estudios que buscan facilitar el aprendizaje de sucesos históricos por medio de una experiencia lúdica. Batman, uno de los personajes más céle-bres de este sello, se ha visto transportado a otros mundos y otros tiempos en multitud de ocasiones: si en Superman: Red Son (Millar y Johnson, 2003) era un disidente soviético que luchaba contra el régimen comunista que lideraba el Hombre de Acero, en Gotham by Gaslight (Augustyn y Mignola, 1989) adop-taba la forma de un viajero adinerado que luchó contra Jack el Destripador usando sus dotes detectivescas. Pero lo que en ocasiones se presenta como una experiencia didáctica o inte-lectual, puede acabar tornándose como un elemento distorsionador de la percep-ción sobre un hecho histórico, un pueblo o una nación entera. Este texto analiza el discurso fílmico y semiótico de la película Batman Ninja (Mizusaki, 2018), una coproducción entre Estados Unidos y Japón que sitúa al Murciélago de Got-ham en un mundo feudal entendido a través de clichés y tópicos del anime y los videojuegos.
A pesar de contar con un equipo de producción japonés, esta película encadena múltiples estructuras de la animación del país asiático y un diseño de producción que bebe directamente del manga que concuerdan con la filosofía Cool Japan. De esta manera, proyecta una imagen orientalizada de la cultura artística de la sociedad nipona y la sitúa en unas coordenadas que, a pesar de ser familiares para una parte de la audiencia, pueden hacer que el resto de los espectadores entienda que no existe un Japón fuera de esos parámetros.
1 – Introducción
En el momento en el que el hombre europeo comenzó el proceso colonizador que provocó que unas pocas naciones se repartieran el control y explotación de la práctica totalidad del resto de regiones del mundo, se instauró una creen-cia de superioridad de la raza blanca que se perpetuó durante más de cien años. Después de haberse convertido a partir del siglo XIX en dueños de tie-rras que habían pertenecido a otras culturas, aquellos señores que se autoper-cibían como más sofisticados que los pueblos sometidos no tardaron en com-portarse también como responsables de los designios de unas gentes que consideraban inferiores. Aunque la principal oposición que encontró este sis-tema social y económico estuvo en los propios pueblos subyugados, algunos intelectuales y pensadores se atrevieron a cuestionar las desigualdades que presentaba la relación entre la metrópoli y las colonias. Dado que este trabajo habla de una obra de ficción, no se puede dejar de rescatar de esta época la célebre novela La guerra de los mundos de H. G. Wells (1897), un relato tan visionario como valiente donde la invasión marciana que reduce a cenizas las principales urbes del Viejo Continente es una alegoría de las tropelías que el hombre blanco llevó a cabo como invasor de África, Asia y otras partes del mundo que, de igual manera, fueron sistemáticamente saqueadas.
Este fenómeno, que no es endémico de Europa, se ha reproducido en todas las épocas donde han existido colonos y colonizados, y es la base del orientalismo, concepto desarrollado por Edward Said (1970) en un estudio homónimo e hiper-documentado donde exponía las evidencias de esta relación desigual.
Este statu quo donde las potencias occidentales –representadas básicamente por Europa y Estados Unidos– dominaban el mundo con puño de hierro se mantiene invariable hasta principios del siglo XX. Cuando los conflictos bélicos anteriores a la Primera Guerra Mundial llegaron al escenario asiático, Japón fue una de las fuer-zas emergentes que entró en el tablero de juego, estrenándose en un choque militar contra Rusia en 1904 que acabó con una victoria nipona al año siguiente. La capi-tulación de las tropas zaristas a manos del recién formado Ejército Imperial Japonés no solo fue la antesala de la Revolución Rusa de 1917 que desencadenó la forma-ción de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, sino que supuso la primera derrota de una potencia occidental a manos de una nación no europea. A partir de ese momento, términos como “peligro amarillo” se hicieron más habitua-les en la prensa de Alemania, Francia o Reino Unido, y la consideración sobre Ja-pón cambió por completo, tildándolo de amenaza al prever una posible incursión en las colonias, territorios que Europa consideraba de su propiedad (Imagen 1). Aunque Japón luchó junto a los Aliados durante la Primera Guerra Mundial, los recelos que había despertado –preocupaba que su política expansionista compar-tiera “aspectos culturales asociados a la violencia del imperialismo europeo” (Co-loma, 2012:57)– culminaron en un reparto territorial que el Gobierno del país per-cibió como injusto, sintiendo que el resto de naciones lo consideraba una potencia de segunda clase a pesar de tener un ejército vanguardista.
Imagen 1. En 1895, el káiser Guillermo II encargó una litografía al artista Hermann Kna-ckfuss para advertir sobre aquel pueblo desconocido, el japonés, que parecía haber puesto sus ojos sobre las colonias orientales europeas en un acto casi premonitorio. La obra rezaba ‘Pueblos de Europa, defended vuestra posesiones más sagradas’ y fue enviada a modo de aviso al zar Nicolás II, entre otras personalidades europeas. Esta ilustración, donde se repre-senta a Japón a través de las llamas y el humo negro que envuelve la figura de Buda, es un avance de los clichés sobre el Ejército Imperial Japonés que llegarían a través de la propa-ganda en la Segunda Guerra Mundial (Romero, 2021:131)
Por todo esto, afirmamos que estudiar los efectos del orientalismo en la cons-trucción de concepto Japón es más interesante que en el caso de otras colonias, puesto que el país nunca fue realmente ocupado hasta el final de la Segunda Gue-rra Mundial y, lo que es aún más importante, su proceso de modernización fue impuesto por su propio Gobierno y no por un agente externo. Después de vivir bajo una estricta autarquía durante unos doscientos años, la Restauración Meiji levantó en tiempo récord un estado fuerte, centralizado, ultranacionalista y con absoluta devoción por el Emperador, una figura recuperada tras rozar la casi ex-tinción de su linaje y considerada ahora divina e indiscutible. Aunque el gobierno responsable de su transformación fue el mismo que lo condujo hasta el holocausto nuclear que puso fin a la Segunda Guerra Mundial, también se le atribuye la cons-titución de un ejército moderno que, desplegando a menos de 900.000 efectivos, aplastó en 1905 a los más de dos millones de soldados rusos destinados al frente. Huelga decir que estos soldados del Emperador constituirían una fuerza militar temida durante la Segunda Guerra Mundial, poniendo en jaque la autoridad de todas las potencias beligerantes en el teatro del Pacífico hasta la entrada de Esta-dos Unidos en el conflicto.
No obstante, Occidente ha inventado diferentes “japones” a lo largo de la histo-ria. Si colocamos el punto de mira precisamente en la Segunda Guerra Mundial, la imagen del Ejército Imperial Japonés en la propaganda aliada está mucho más ra-cializada que la de las otras potencias del Eje: mientras que para los países europeos enemigos –Alemania e Italia– los dardos iban destinados a Hitler y Mussolini, los japoneses eran retratados como una horda de subhumanos caracterizados por el primitivismo, el pecado, la fealdad, la maldad, el colectivismo, lo oriental y el nonwhiteness (Jiménez-Varea, 2010:95). El país sería visto de diferentes maneras en los años venideros, siendo una nación derrotada durante la primera etapa de la ocupación estadounidense y, nuevamente, un rival a tener en cuenta durante el des-pertar económico que llegó con el llamado “Milagro japonés”.
Este trabajo analiza la representación del mundo feudal nipón de Batman Ninja (Mizusaki, 2018), una construcción a caballo entre el Japón imaginado y el tecno-orientalismo que, aunque fue una película ideada para vender juguetes, coincide con las coordenadas orientalistas donde el resto de mundo ubica al país en la actualidad. Después de que se presentase el trabajo de Said citado anterior-mente, Orientalismo (1970), se ha demostrado el carácter poliédrico que tiene el dominio occidental sobre otras culturas, sumándose a la lista los medios de co-municación de masas como la prensa, la radio y, por supuesto, el cine y las series de televisión. Es por ello que este estudio también reflexiona en sus conclusiones sobre los efectos perniciosos que puede tener el establecimiento de estos tópicos que, por supuesto, también se presentan en esta película, y que se rigen por los estereotipos que establece esta teoría.
2. Tecno-orientalismo y el “Japón imaginado”, consecuencias directas de las políticas japonesas de expansión cultural
Para poder analizar correctamente la cinta objeto de estudio, se debe tener en cuenta el tecno-orientalismo y el Japón imaginado, dos conceptos que surgen como consecuencia directa del Cool Japan. Es innegable que, en los últimos treinta años, se ha producido un aumento de la exportación global del manga, el anime y los videojuegos, tres elementos que tienen el honor de ser “el medio japonés por antonomasia” (Berndt, 1996:9) y, al mismo tiempo, de sostener la estrategia de marca del país:
Su éxito se ha debido a distintos factores, entre los cuales se pueden identificar algunos de gran importancia, como: a) la naturaleza transmediática del manga, el anime y los videojuegos y la estrecha relación entre las industrias que los produ-cen; b) las estrategias de globalización e internacionalización del gobierno y las empresas japonesas, que han sabido adaptar sus productos a las necesidades de los mercados meta, y c) el trabajo laborioso realizado por las comunidades de traductores aficionados para hacer que sus manga, anime y videojuegos favoritos estén disponibles en su propia lengua (Mangirón, 2012:40).
El Cool Japan, estrategia puesta en marcha en 2002 por el Ministerio de Eco-nomía, Comercio e Industria nipón cooperando con empresas privadas naciona-les1, está enfocado a transformar el modelo productivo basado en la fabricación de bienes […] en favor de un mayor desarrollo y creación de propiedad intelectual (Santiago, 2017:255).
Este nuevo planteamiento huye de los errores cometidos por el Imperio del Japón durante la segunda guerra sino-japonesa y la Segunda Guerra Mundial, cuando el país del sol naciente intentó extender su influencia internacional por medio del uso de una violencia que se justificaba en un principio de superioridad racial.
En un mundo actual, globalizado e hiperconectado, es el propio Estado nipón el que descarta esta estrategia de expansión basada en la política de terror que Occidente aplicó en las colonias y recurre a esta gigantesca campaña de branding donde se genera interés por el país por medio de estrategias de soft power (Gon-zález, 2016:34). Este tipo de planteamientos no son endémicos de este país, puesto que hay otros territorios que los han llevado a cabo, aunque sin alcanzar resultados semejantes a los de Japón. Algunos ejemplos son la creación de la marca ‘Colombia es pasión’, ideada para potenciar el sector turístico del país la-tinoamericano (Echeverri, 2010), o la revitalización de la Marca España, que se produjo en 2013 para generar confianza en los mercados y servir de revulsivo a la crisis de deuda (Vangehuchten y Crespo, 2014).
Si algo tienen en común todas estas campañas de nation branding es que han nacido como iniciativas de una fuerza política que se encontraba gobernando, por lo que su duración no suele extenderse más allá de una o dos legislaturas y no tienen margen de maniobra para funcionar con objetivos largoplacistas. Es por eso que en Japón se estableció el fondo Cool Japan Fund Inc. por medio de la Ley nº 51 de 2013, un movimiento que permitiría seguir desarrollando estas estrate-gias promocionales desde una plataforma no politizada con apoyo gubernamental a varias décadas vista. Actualmente, a través de esta iniciativa se financian los denominados proyectos de plataforma, proyectos de mejora de las cadenas logís-ticas de abastecimiento y proyectos regionales de apoyo a las pymes, estable-ciendo una serie de criterios cualitativos y cuantitativos para otorgar las ayudas económicas (Chort, 2019:48-49). La idea es que todas las acciones que se acogen a estas ayudas contribuyan a expandir la marca Japón fuera de las fronteras del archipiélago asiático.
2.1 Imaginando el país del sol naciente: cuando la realidad y la ficción se mezclan para crear imagen de marca
Uno de los efectos del Cool Japan ha sido la generación del “Japón imagi-nado”, presente ahora en todos los aspectos de la cultura nipona y que ha susci-tado interés por “lo japonés” en el extranjero (MacGray, 2002). El ejemplo más reciente de ello se encuentra en la presentación de los Juegos Olímpicos de Tokio, donde, además de aparecer personajes característicos del universo del manga-nime, el Primer Ministro del país, Shinzo Abe, fue caracterizado como el prota-gonista de los videojuegos de la franquicia Super Mario (Santiago, 2017:254-255). Esta acción publicitaria que se nos antoja impensable en cualquier otro país del mundo –nunca veremos a Pedro Sánchez disfrazado de Mortadelo para pro-mocionar la Marca España– lo hemos interiorizado como algo totalmente normal y endémico de Japón (Imagen 2).
Esta integración del imaginario del manganime en lo más esencial de la nación hace que, mientras que los fans de títulos como El Señor de los Anillos o Harry Potter no puedan sacar un billete para viajar a la Tierra Media o a Hogwarts, un aficionado a la cultura japonesa sí puede viajar hasta Tokio (Macías y Machi-yama, 2004:118) con la convicción de que está viajando a un mundo de fantasía. Esto se debe a que, en definitiva, “Japón otorga veracidad y fisicidad a este en-torno liminal; un lugar sobre el que soñar y que al mismo tiempo los aficionados pueden visitar para experimentarlo de primera mano” (Santiago, 2017:253).
Imagen 2. Fotograma del vídeo de presentación de Tokio 2020, tras las Olimpiadas de Río 2016. El primer ministro japonés, Abe Shinzo, aparece caracterizado como Super Mario, protagonista de la franquicia de videojuegos de Nintendo. Recuperada el 7 de agosto de 2021, en La Vanguardia: https://bit.ly/3Gh1bnu
La construcción del Japón imaginado ha generado la aparición del término tecno-orientalismo, una extensión intelectual de las teorías de Edward Said que nace de la particular relación que este pueblo mantiene con la tecnología. Si ana-lizamos el discurso pronunciado por el Ministro Masaru Watanabe el 27 de abril de 2007, descubrimos que cuando las primeras máquinas entraron a formar parte de la rutina laboral de los japoneses, estos les pusieron nombres y las trataban como a un compañero más (Ca-bañes, 2009:3).
Esta relación, donde se le atribuye espíritu y esencia a lo material, ha hecho que en el pensamiento popular occidental se haya instaurado la creencia de que co-rrientes estéticas como el ciberpunk sean parte de la rutina diaria del país del sol naciente, alimentando el imaginario que compone el “Japón imaginado”.
El tecno-orientalismo surge como consecuencia del crecimiento económico ex-perimentado por Japón entre 1953 y 1975, que alimentó la idea de que el país era la meca de la tecnología y produjo un nuevo sentimiento japonofóbico, aunque con matices distintos a los de la Segunda Guerra Mundial. Mientras que durante la dé-cada de 1940 se percibía a los japoneses como a alimañas inhumanas, en este nuevo contexto se les ve como una amenaza a la hegemonía económica mundial. El auge nipón hizo que la opinión pública norteamericana se planteara que, si ganamos la guerra, ¿por qué padecemos crisis económicas y desempleo mien-tras países agresores como Japón nadan en la abundancia? (Lozano, 2009:30).
La respuesta se encuentra en la colaboración entre el Gobierno, las empresas privadas y los bancos, sinergia que permitió un esquema más flexible de la gestión empresarial, mayor financia-miento de recursos de capital para la inversión a bajos costos y un mayor poder de mercado durante un periodo de tiempo amplio para aprovechar las economías de escala y los subsecuentes rendimientos crecientes de la producción (Correa, 2017:72).
Además, a esto se sumaron factores claves como el capital, el conocimiento, las economías de escala, el trabajo, la asignación de recursos y la educación (Ohno, 2006:176-177), que hicieron que una nación derrotada se convirtiese en una de las más competitivas del mundo.
Si trasladamos este concepto a la estrategia Cool Japan, comprobamos que la percepción que se tiene del país asiático fuera de sus fronteras es que su cultura tiene un alto grado de tecnologización, siendo la piedra angular de su sociedad (Morley y Robins, 1992). Esta catalogación de pueblo hipertecnológico es, en cierto modo, incorporado y subvertido por los mismos autores japoneses a través de formas de expresión cultural como anuncios, películas, libros y manganimes (González, 2016:195).
Vemos por tanto que, en sus historias, los creadores japoneses alternan el uso de elementos cotidianos que son una extensión de los cuerpos de las personas, como ordenadores o teléfonos móviles, con el de robots gigantes, armaduras e ingenios para el combate que son solo posibles en la ciencia-ficción (González, 2016:200). Este recurso narrativo también se detecta en la película que se estudia en este trabajo.
3.Análisis del texto cinematográfico: un relato tecno-orientalista en un Japón feudal que jamás existió
Batman Ninja (Mizusaki, 2018) es un film que podría incluirse dentro de los El-seworlds, un sello de DC Comics iniciado en con la historia Gotham by Gaslight (Augustyn y Mignola, 1989) y donde los autores cuentan con licencias creativas para trabajar con los personajes más emblemáticos y “alterar su presente, futuro opasado para situarlos en un lugar o situación distintas a las de su historia regu-lar” (Yema, 2012:122). La película comienza con un enfrentamiento entre el Mur-ciélago de Gotham y Gorilla Grodd en el manicomio de Arkham, en el que elprotagonista acaba teletransportado hasta el período Sengoku de Japón, arco his-tórico enmarcado en la guerra civil del país asiático y que se prolongó desde 1467hasta 1568. Acto seguido, se enfrenta a un contingente de samuráis ataviados conmengus (Imagen 3) que recuerdan al rostro del Joker, el enemigo más famoso delhéroe de DC Comics, que ha dejado sus actividades delictivas para convertirse enun señor feudal.
Imagen 3. Los samurái que siguen al Joker visten máscaras ‘mengu’ directamente inspiradas en el rostro de este villano. Este complemento a sus armaduras representaba los peores rasgos de los seres humanos, como la maldad o la ira, para inspirar temor en la batalla. Recuperada el 9 de agosto de 2021, en YouTube: https://bit.ly/3JAOpBE
Después de esta revelación, Batman se encuentra con Catwoman, que también ha viajado en el tiempo como consecuencia del duelo que da comienzo a la película, y descubre que otros integrantes de su galería de villanos como Poison Ivy, Pingüino, Deathstroke y Dos Caras compiten con el Payaso del Crimen por reunificar Japón bajo su mando y convertirse en shōgun. A partir de ese momento, la historia se convertirá en una sucesión de intrigas para recuperar la máquina del tiempo de Grodd, viaje en el que Batman se reencontrará con aliados como su mayordomo Alfred o su compañero Robin e, incluso, recuperará su característico “batmóvil”. Además, los personajes descubrirán que el Joker está acelerando la industrialización del país, lo que cambiaría la realidad histórica, porque esta no se produjo realmente hasta la Restauración Meiji.
Este concepto es uno de los más importantes de esta producción, ya que, a pesar de tratarse de una película que busca vender una línea de juguetes, introduce algunos de los elementos tecno-orientalistas más representativos del espectro cultural japonés. Entre estos recursos, destaca la “batarmadura” que el protagonista usa a modo de exoesqueleto para derrotar a Bane, que también ha viajado en el tiempo y hace una breve incursión donde es caracterizado como un luchador de sumo. Además de presentar el típico corte de pelo chonmage, el supervillano ha cambiado su fibrosa constitución por la obesidad que se le presupone a los prac-ticantes de esta disciplina deportiva. Este supertraje, cuyo acople se hace si-guiendo el estilo tradicional del anime, es el último recurso tecnológico que uti-lizará el Señor de la Noche, que poco a poco irá reemplazando su armadura de kevlar por una de samurái. Aquí se produce quizás una de las mayores contradic-ciones de la cinta, puesto que, aunque el título reza que Batman es un ninja, su estilo de lucha poco tiene que ver con la de estos guerreros japoneses.
Sin embargo, los enemigos de Batman sí harán uso de artefactos anacrónicos posibles gracias a los avances tecnológicos que el Joker ha introducido en el país, llegando a convertir sus castillos en robots gigantes. Esto es una referencia directa al género mecha, uno de los más populares dentro y fuera del país. Destaca que, en el acto final, donde todos los robots gigantes se ensamblan en un único ingenio mecánico, es la naturaleza la que destruye esta amenaza imparable a través de un kaiju formado por monos y murciélagos. Este cierre, donde el progreso es enten-dido como un elemento de corrupción, tiene reminiscencias de La princesa Mo-nonoke (Miyazaki, 1997), una cinta muy importante en la cronología del Cool Japan porque fue una de las encargadas de acercar la animación japonesa a una nueva generación de forofos de lo japonés en la primera década de los 2000.
Tras este combate, todos los personajes son devueltos a su línea espacio-tem-poral habitual, pero resulta perturbador que todo se haya solucionado gracias a Batman, intervención que fue anunciada por medio de una profecía que aseguraba que el Señor de la Noche traería la paz a este archipiélago del Pacífico. Este giro en la historia pone en entredicho todo el discurso tecno-orientalista desarrollado por la película, planteando que solo la intervención occidental puede solucionar los problemas de una sociedad atrasada y, por tanto, menos civilizada. Este pen-samiento fue precisamente el que justificó que las potencias europeas ocupasen y expoliasen de sus recursos materiales y humanos a pueblos africanos y asiáticos que consideraban inferiores.
4. Conclusiones
La película Batman Ninja (Mizusaki, 2018) es un relato tecno-orientalista que, lejos de repercutir negativamente en la imagen de la sociedad japonesa, perpetúa la idea de que el país es un gigante tecnológico donde sus ciudadanos construyen su vida en torno a los avances más punteros. Ya hemos estudiado que el tecno-orientalismo per se funciona bajo unos códigos diferentes a los del orientalismo, constituyendo un relato que, aunque irreal, se cimienta sobre aspectos positivos, reemplazando la idea de Japón como país humillado tras la Segunda Guerra Mun-dial por la de un gigante económico que logró plantar cara comercial y poner en jaque el sistema económico de Estados Unidos y sus periferias.
El anacronismo que supone que los villanos de Gotham utilicen robots gigan-tes para disputarse el título de shōgun es el aprovechamiento de uno de los géne-ros más famosos del manga y el anime: el mecha. Aunque se pasa de puntillas por el tokusatsu2 cuando en el acto final de la cinta los robots de los enemigos de Batman se combinan para crear un súper ingenio mecánico, es innegable la in-fluencia de series tan señeras como Mazinger Z (Nagai, 1972), Gundam (Tomino, 1979), o Neon Genesis Evangelion (Anno, 1995). No obstante, la utilización de un género puramente endémico de Japón como el de los robots gigantes y la apa-rición de un kaiju en el último acto que representa la derrota del progreso a manos de la naturaleza, dirige la narrativa hacia una estructura típicamente orientalista.
A pesar de tratarse de una producción japonesa que comulga con la filosofía del Cool Japan, el filme presenta conceptos que encajan dentro de los parámetros establecidos por Edward Said y que recurren a estereotipos que retratan el Japón que solo existe en el imaginario occidental. Además de caracterizar a Bane como un luchador de sumo o incluir en el diseño de Robin y Alfred peinados de la época, la película plantea la premisa de que Batman es el elegido para acabar con la guerra civil que precedió al período Edo. La idea de que un occidental -Bruce Wayne, el hombre bajo el traje de Batman y un acaudalado empresario ameri-cano- debe llevar la paz a un pueblo sumido en la anarquía por su incapacidad de autogobernarse, parece extraída directamente del pensamiento colonial europeo y sitúa a los japoneses en una posición de inferioridad. En añadido, la escenifica-ción del Señor de la Noche como guerrero japonés tiene más correspondencia con las características propias de un samurái que con las de un ninja, por lo que el título genera confusión entre uno y otro grupo.
Por todo esto, el discurso Batman Ninja (Mizusaki, 2018) tiene sus luces y sus sombras. Por una parte, la película apuntala el concepto de que Japón, incluso en un contexto feudal, es un Estado tecnológicamente superavanzado, pero no pres-cinde de algunos clichés que, aunque probablemente introducidos de forma invo-luntaria y nada perniciosa, refuerzan los estereotipos orientalistas que Occidente ha establecido sobre su sociedad.
5. Referencias bibliográficas
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Lucas Morales Domínguez Director de la Fundación Cine+Cómics
La película, producida por El Estudio, ha comenzado hoy su rodaje
Netflix continúa con su apuesta por las producciones locales y por los creadores de renombre e inicia el rodaje de Hermana muerte, dirigida por Paco Plaza (REC, Quien a hierro mata, Verónica, La abuela).La película, cuyo guion corre a cargo de Jorge Guerricaechevarria (Hasta el cielo, Las leyes de la frontera), está protagonizada por Aria Bedmar (Dime quien soy), Almudena Amor (La abuela, El buen patrón), Maru Valdivielso (Verónica, Historias para no dormir), Luisa Merelas (Quien a hierro mata, Elisa y Marcela), Chelo Vivares (30 monedas, Desaparecidos), Consuelo Trujillo (Verónica, Adiós) y las debutantes Sara Roch, Olimpia Roch, Adriana Camarena, Marina Delgado y Claudia Fernandez Arroyo.
Hermana muerte, producida por El Estudio para Netflix, comienza hoy su rodaje en la Comunidad Valenciana. La película recupera el universo de Verónica, también dirigida por Paco Plaza y protagonizada por Sandra Escacena y Ana Torrent. Para Enrique López Lavigne (Verónica, La abuela), Pablo Cruz (Fear the Walking Dead, El baile de los 41) y Diego Suarez Chialvo (Our Ladies, Slaughterhouse Rulez) productores de El Estudio, “Hermana muerte es una cita con el terror de calidad, marca de identidad de Paco Plaza, pero es también una versión en clave de misterio adolescente, de los inexplicables y fascinantes fenómenos alrededor de las apariciones Marianas. Por último, está película nos brinda la oportunidad de contar los orígenes de uno de los personajes más aterradores de Verónica, el clásico de Plaza”.
Sobre Hermana muerte
En la España de la posguerra, Narcisa (Aria Bedmar), una joven novicia con poderes sobrenaturales, llega a un antiguo convento, ahora colegio para niñas, para incorporarse como maestra. Conforme pasan los días, los extraños acontecimientos y las situaciones cada vez más inquietantes que la atormentan, terminarán por conducirla a desentrañar la terrible madeja de secretos que rodean al convento y acechan a sus habitantes.
DUNE, dirigida por Denis Villeneuve, ha resultado la película más premiada de la noche con seis estatuillas, incluyendo mejor banda sonora para Hans Zimmer y mejor fotografía.
Esta madrugada se han entregado los premios de la Academia de Hollywood en los que DUNE, la adaptación de la obra homónima de Frank Herbert realizada por Denis Villeneuve, se ha alzado con seis estatuillas, convirtiéndose en la cinta más premiada de la noche.
Hans Zimmer ha recogido el segundo Oscar de su carrera por la banda sonora de DUNE, mientras Joe Walker y Greig Frasier han resultado ganadores en las categorías de mejor montaje y mejor fotografía, respectivamente.
Los equipos de efectos visuales, diseño de producción y sonido también han sido los encargados de levantar sendas estatuillas para la cinta, hasta sumar un total de seis galardones, lo que convierte a la película en el título más premiado de esta edición. DUNE tiene previsto estrenar en cines su segunda parte el próximo año.
Además, EL MÉTODO WILLIAMS ha resultado ganadora del premio de la Academia al mejor actor protagonista.
DUNE y EL MÉTODO WILLIAMS ya están disponibles en HBO Max.
Había ganas de concierto este jueves por la noche en la apertura del Pasionari@s 2022 del espacio cultural CajaCanarias, y fueron Moonlight Benjamín los encargados de devolver a los santacruceros a algo parecido a la normalidad que teníamos antes de que el mundo cambiara. Ecléctico grupo este sin duda, con vocalista haitiana y franceses en la banda que no defraudó a los asistentes, en un espectáculo que me atrevo a afirmar que muchos no habíamos presenciado nunca, pues no es muy habitual que el vudú haitiano puesto en la voz de una cantante afrocaribeña que parecía entrar en trance a cada poco se fusione con dos guitarras eléctricas poderosas sonando a rock clásico, que te hacen imaginar que estás en un concierto de los Raconteurs, para sonar al momento siguiente a Franz Ferdinand y volver dos canciones más allá con unos riffs al más puro estilo Black Keys, y ello sin desmerecer a un batería bastante virtuoso y a un bajo que se dejaba notar, para un total de hora y veinte de actuación bastante completa. Cierto es también que dada la precariedad de eventos sonoros en directo a los que nos tienen acostumbrados en los últimos años, es posible que mi crítica sea más benévola de lo que correspondería, y puestos a buscar fallos hemos de decir que el concierto empezó flojo y con algunos problemas de ajuste de sonido, con una guitarra solista que apenas se escuchaba al inicio, cuestión que no duró por suerte más allá de dos canciones.
También en el debe, aunque no en el del grupo, que la mayoría no entendíamos nada de las letras, muy poéticas y sentidas pero cantadas casi todas en un haitiano que no manejábamos. Entendiéndola o no merece una mención especial la vocalista y auténtica alma del grupo, que pronto supo conectar con el público con su voz potente y su danza, a veces acompasada a la música, otras veces próxima a la convulsión y el estremecimiento, con numerosas invitaciones a la participación del público a la manera de esos típicos ecos, con situaciones incluso divertidas cuando la cantante nos puso a repetir sonidos demasiado largos que no acertábamos a acompañar. Muy de agradecer también, en especial para los amantes del guitarreo más roquero, algunos furibundos largos de guitarras que creo se llevaron las ovaciones más sonadas. Y acabaron dejándonos un muy buen sabor de boca, con tres bises y el público puesto en pie, aplaudiendo y bailando con ganas de que hubiera durado media hora más.
En abril podrás ver en Disney+ series en exclusiva como The Dropout: Auge y caída de Elizabeth Holmes (20 de abril), Las Kardashian (14 de abril – estreno en versión original subtitulada al español) o Ice Age: Las Desventuras de Scrat (13 de abril). Disney+ contará además en el mes de abril con películas como Fresh (15 de abril) o Muerte en el Nilo (6 de abril), entre otros títulos.
La historia de Elizabeth Holmes llega en abril a Disney+: The Dropout: Auge y caída de Elizabeth Holmes, la miniserie protagonizada por Amanda Seyfried y Naveen Andrews, estará disponible en exclusiva en Disney+ a partir del 20 de abril, con el estreno de todos los episodios ese mismo día. Basada en hechos reales, esta miniserie muestra la fama y ambición de Elizabeth Holmes y Theranos.
Celebra el Día de la Tierra en Disney+: El 22 de abril, Día de la Tierra, podrás encontrar en Disney+ nuevos contenidos, además de otros ya disponibles, sobre los ecosistemas de la Tierra y los cambios a los que debe enfrentarse. Entre los títulos de estreno se encuentran Osa Polar de Disneynature, narrado en su versión original por Catherine Keener; Explorer: Alex Honnold en el Amazonas, con el escalador y explorador Alex Honnold; y Mi gran pequeña granja: el regreso. Además, este Día de la Tierra, no te pierdas en Disney+: Planeta Tierra ¿Somos historia?, narrado y protagonizado por Leonardo DiCaprio, o Planeta Hostil, presentado por el experto en supervivencia Bear Grylls.
¡Llegan las vacaciones de Semana Santa! Disney+ tiene entretenimiento para todos, desde el último largometraje de Disney y Pixar, Red, hasta la serie de cortos Ice Age: las desventuras de Scrat (disponible a partir del 13 de abril), además de otros títulos para disfrutar en familia como Encanto, Coco o Luca, ya disponibles en Disney+.
PELÍCULAS
‘El sueño de Nate’: 1 abril
‘Quills’: 1 abril
‘Un plan perfecto’: 1 abril
‘Muerte en el Nilo’: 6 de abril
‘Sex Appeal’: 8 abril
‘La llamada de lo salvaje’: 8 abril
‘Brubaker’: 8 abril
‘Phenomenon’: 8 abril
‘Ice Age: Las desventuras de Scrat’: 13 abril
‘Noah’: 15 abril
‘Fresh ‘: 15 de abril
‘Eternamente amigas’: 15 abril
‘Máxima ansiedad’: 15 abril
‘Le Mans 66’: 22 abril
‘El abogado del diablo’: 22 abril
‘Un loco anda suelto en Hollywood’: 22 abril
‘Sketchbook: cómo empezar a dibujar’: 27 abril
‘Crush’: 29 abril
‘A cualquier otro lugar’: 29 abril
‘El odio que das’: 29 abril
SERIES
‘Vaya tela, Sam’: 6 abril
‘Terapia Alternativa’: 6 abril
‘Capa y puñal’ T1-2: 6 abril
‘Yo y el mundo’, T1-2 y 6: 6 abril
‘Bluey’ T1-2: 6 abril
‘Los ángeles ignorantes’: 13 abril
‘Policías de Nueva York’: 13 abril
‘Bendita paciencia’: 13 abril
‘Fancy Nancy’ T1-2: 13 abril
‘Las Kardashian’: 14 abril
‘Perfect Harmony’: 20 abril
‘The Dropout: Auge y caída de Elizabeth Holmes’: 20 de abril
‘El último hombre en la tierra’: 20 abril
‘Gigantosaurus’ T1: 20 abril
‘Patoaventuras’ T2: 20 abril
‘Ridley Road’: 27 abril
‘Kuzco: Un emperador en el cole’ T1-2: 27 abril
‘The Big Leap: El gran salto’: 27 abril
‘Grand Hoyel’: 27 abril
‘Promesas de arena’: 27 abril
‘La maravillosa primavera de Mickey House’: 29 abril
DOCUMENTALES
‘La razón por la que salto’: 1 abril
‘Los depredadores más letales de África’ T5-6: 6 abril
‘Famosos en peligro con Bear Grylls’ T6: 6 abril
‘Being the Queen’: 8 abril
‘Remote Survival’ T1: 13 abril
‘Tráfico ilegal con Mariana Van Seller’ T1: 13 abril
Filmin estrena en España el próximo 1 de abril la última película de Harmony Korine («Spring Breakers»), una comedia salvaje con Matthew McConaughey en el papel más despendolado de su carrera.
Filmin estrena el próximo viernes 1 de abril, en exclusiva en España, la película «The Beach Bum», una extraña comedia cannábica que lleva la firma del singular Harmony Korine, guionista de «Kids» y «Ken Park» y director de películas como «Trash Humpers» o «Spring Breakers». Siguiendo la estela del cine de fumetas el film es una celebración del carpe diem que nos presenta a Matthew McConaughey en uno de sus personajes más indescriptibles, un simpático vivalavirgen cuyo único obvjetivo vital es ser feliz y pasarlo bien, si es con un porro en los dedos mejor que mejor.
«The Beach Bum» formó parte de la Sección Oficial del Festival de Gijón en 2019, pero seguía hasta ahora inédita en nuestro país. El reparto cuenta con la presencia de Isla Fisher, Zac Efron, el rapero Snoop Dogg y Jonah Hill, entre otros. Se estrena en Filmin en VOSE y en Versión Doblada al Español.
Sinopsis
Sigue las hilarantes desventuras de Moondog, un hombre rebelde y adorable que vive la vida a lo grande en los Cayos de Florida. Su objetivo es terminar su última novela, en parte para recuperar el respeto de su hija, en parte para conseguir su parte de la herencia de su difunta esposa.
Cuando «The Beach Bum» llegó a los cines estadounidenses, una decena de salas alrededor del país la proyectaron con un sistema odorama que bombeaba humo de cannabis entre las butacas durante las escenas más alucinadas del film. Que Harmony Korine vinculara la proyección perfecta de su última película con un auditorio repleto de gente fumada describe a la perfección qué es «The Beach Bum», un auténtico viaje cósmico de la mano de un Matthew McConaughey extremo.
Sobre la película
Cuando «The Beach Bum» llegó a los cines estadounidenses, una decena de salas alrededor del país la proyectaron con un sistema odorama que bombeaba humo de cannabis entre las butacas durante las escenas más alucinadas del film. Que Harmony Korine vinculara la proyección perfecta de su última película con un auditorio repleto de gente fumada describe a la perfección qué es «The Beach Bum», un auténtico viaje cósmico de la mano de un Matthew McConaughey extremo.
Mathew ya tiene esta imagen icónica de fumeta, y cuando le leí el guion entendí que conocía a tipos como Moondog, que estaba familiarizado con piratas, contrabandistas y toda esta fauna, por lo que fue fácil para él meterse en el papel, explica Korine. El director también conocía de primera mano a este tipo de personajes inclasificables que forman parte del paisaje animado de los Cayos de Florida: Tengo amigos que viven en casas flotantes y dedican sus vidas a fumar todo el día, sentarse en una hamaca a mirar la puesta de sol, pescar… No usan zapatos, tienen gallinas como mascotas y beben mucho vino tinto. Me parece un mundo divertido y me gustaba la idea de un personaje que encarnara esta manera de vivir.
El film se adscribe de algún modo a la tradición de la comedia cannábica, de la que las películas de Cheech y Chong de finales de los 70 serían origen, y en la que encontramos títulos tan emblemáticos como «El Gran Lebowsky», «Superfumados» o «Dos colgaos muy fumaos». Su filosofía responde a la máxima de que si fumarse un porro está bien, por qué no fumarse diez, explica Korine: Crecí con las comedias de Cheech y Chong y con esta idea de una América Cósmica. No sé si existe o no, pero he querido crear una América Cósmica particular para que Moondog baile. McConaughey, por su parte, define la película como una epidemia de felicidad. Puede resultar indigesta para algunos, pero es un mundo apetitoso para Moondog.
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